Tsunami ¿’democràtic’?

El sustantivo está bien elegido, el adjetivo no. Un tsunami es un fenómeno meteorológico que todos lo visualizamos como una gran ola que arrasa y ahoga todo lo que encuentra a su paso. Una de las muertes más horribles que se puedan imaginar es la de morir por falta de respiración, no hay más que pensar en la película del Titánic. En ello están y, por lo tanto, felicidades por la elección de un sustantivo tan clarificador.

Lo de democrático, en cambio, es erróneo porque es completamente contrario al espíritu del dicho Tsunami Democràtic en particular y del independentismo en general.

Ellos están en la idea de que algún día habrá un referéndum que legitimará su supuesto proyecto político de creación de un estado independiente para Cataluña y que como el referéndum es una votación, y la votación es democracia, ellos son los verdaderos demócratas. Y los demás no. En base a eso, la pugna del independentismo ya no es justificar su objetivo -ya que es algo que presenta serias dificultades- sino la oposición democracia. Truco de prestidigitador.

Votar no es «la democracia», es un mecanismo de la democracia. Pero ésta es algo más, es la gestión del pluralismo

Votar no es «la democracia», es un mecanismo de la democracia. Pero ésta es algo más, es la gestión del pluralismo. Parafraseando a Puigdemont, que dice que los jueces quieren ganar en los juzgados lo que no se gana en las urnas, el independentismo quiere ganar en un acto puntual de un día lo que no consigue ganar en el día a día durante décadas, que es la imposición de una identidad única y aplastar el pluralismo de la sociedad catalana.

Dirán los independentistas que la situación actual les aplasta a ellos. Vamos a ver. Vivimos bajo una Constitución que fue elaborada por siete ponentes. Dos de ellos catalanes, uno comunista y otro nacionalista. No está mal la representación. En esa Carta Magna están recogidas todas las reivindicaciones del catalanismo tradicional. Cataluña tiene un autogobierno amplísimo y la lengua catalana hiperprotegida. No se tiene derecho a falsear la realidad y, por tanto, no se puede hablar de la España actual como un estado centralista y uniformizador. El diálogo que reclaman ya se hizo con un buen resultado para los partidarios de la identidad catalana. ¿O es que un estado-nación histórico de Europa, como es España, ante una propuesta de disolución, lo único que tiene que decir es «¿Ah, vale»?

Los catalanes independentistas han perdido el pudor para romper los equilibrios en los que se basa la convivencia

Dice Torra que los catalanes han perdido el miedo. Hace mucho tiempo que lo deberían haber perdido. Desde el momento en que en España rige una Constitución homologable a la de cualquier país democrático, no hay motivo para el miedo. A lo que se refiere él es que los catalanes independentistas han perdido el pudor para romper los equilibrios en los que se basa la convivencia, entre ellos las normas establecidas, el rigor y el respeto a las ideas de los demás, implantando un estado de calumnia global contra todo un país.

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