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Los efectos políticos, a todos los niveles, del coronavirus

Las consecuencias políticas del coronavirus están por llegar, pero ya se atisba, de forma contradictoria pero evidente, que van a ser relevantes a todos los niveles, catalán, español, europeo y mundial.

La primera cuestión a plantear es su efecto sobre la democracia. Surgen voces que reivindican la eficacia de los regímenes autoritarios para hacer frente a estos problemas, igual que para tener políticas a medio y largo plazo no condicionadas por intereses electorales cortoplacistas. China ha pasado en pocos días de ser vista como la mala de la película a admirar su respuesta rápida y enérgica en contraste con la descoordinación y vacilaciones de muchas democracias. También crece la admiración por Putin. La democracia no debería estar reñida con la eficacia, pero su capacidad de reacción acostumbra a ser más lenta, más compleja. En los momentos de dificultades la democracia parece un lujo prescindible. Cuando esta en juego lo básico, comida, techo y asistencia sanitaria, todos lo demás aparece como accesorio. Para combatir este peligroso blanqueo de los regímenes autoritarios es imprescindible unidad y eficacia.

Son necesarias democracias de calidad, alejadas de populismos de toda índole, y gobernadas por políticos con experiencia y temple suficiente, algo de lo que andamos más bien escasos y que el sistema electoral, el funcionamiento de los partidos y el circo mediático no favorecen. Este es el reto de las democracias. Pero los ciudadanos no podemos olvidar que sin democracia no hay libertad y que sin libertad la degradación de la dignidad humana es una pendiente sin fin. La pandemia implica otro riesgo para la democracia, la tentación de los gobiernos, vista la aceptación de medidas drásticas sin la menor contestación social, a que vivamos con miedo para imponer su creciente intervencionismo en la vida de las personas para quitarles el control de sus vidas. Es bueno en estos momentos recordar las palabras, ya lejanas pero más vigentes que nunca, de Spinoza «Quien pretende regularlo todo por medio de la ley, suele incitar más al vicio que corregirlo».

China ha pasado en pocos días de ser vista como la mala de la película a admirar su respuesta rápida y enérgica en contraste con la descoordinación y vacilaciones de muchas democracias

También la creciente globalización sale tocada de la crisis. De entrada, como ya se ha puesto de manifiesto en la respuesta variopinta a la crisis, aumenta la tendencia al nacionalismo, a encerrarse, a limitar la circulación de personas, bienes y servicios. Y ello a pesar de que la crisis ha evidenciado, también, la necesidad de más coordinación a nivel global. Los grandes retos  del siglo XXI son globales, cambio climático, sostenibilidad, pandemias, migraciones, no parece buena idea volver a levantar muros, al sálvese quien pueda, sin perjuicio de las necesarias correcciones de las principales disfunciones de la globalización, como la impotencia de muchos sectores sociales a adaptarse a los cambios, el dumping social de determinados países, la competencia desleal en temas de propiedad industrial o medidas medioambientales, el poder de las grandes corporaciones transnacionales, o la creciente brecha entre ricos y pobres. En todo caso la globalización va a sufrir, por lo menos, un frenazo, ya iniciado por la lucha por la hegemonía mundial entre EE.UU y China.

En Europa la crisis sanitaria es un reto mayúsculo. Si la respuesta es vacilante, mojigata y la solidaridad brilla por su ausencia, el proyecto europeo, ya tocado, estará en grave riesgo. Europa debe liderar la respuesta económica a la crisis. No se puede repetir lo ocurrido en la crisis financiera de 2008-2013. Son imprescindibles medidas de todo tipo para paliar los efectos, más o menos graves según la duración, pero en todo caso importantes, que ponen en riesgo a multitud de empresas y, por tanto, de puestos de trabajo.  Apoyo a los estados, a la banca para que las transmita al tejido productivo, pero también ayudas directas a los afectados.

Europa debe liderar la respuesta económica a la crisis. No se puede repetir lo ocurrido en la crisis financiera de 2008-2013

En España la crisis sanitaria ha puesto de manifiesto las contradicciones del gobierno de coalición y una evidente irresponsabilidad de la clase política celebrando el 8M, el mitin de VOX en Vista Alegre, la concentración independentista en Perpiñán, el incumplimiento de la cuarentena por parte de Iglesias. Los proyectos, incluido el presupuesto, del nuevo gobierno han quedado obsoletos. Para la nueva etapa parece evidente que sería conveniente ampliar los consensos, aparcar diferencias, y a este respecto hay que pedir responsabilidad a todos los partidos.

En Cataluña la crisis ha puesto a la ensoñación independentista en el lugar que le corresponde. La prioridad del Govern, y especialmente de Torra, no es hacer frente a los problemas de los ciudadanos, sino posicionarse de cara a la próxima pugna electoral. La principal preocupación es marcar perfil propio y aprovechar la crisis para fomentar la hispanofobia esta vez encarnada específicamente en los madrileños. También se han agrandado las profundas diferencias entre ERC, que ha mantenido un perfil moderado, frente a la agresividad e insolidaridad de Puigdemont, Torra y sus fieles.

En España la crisis sanitaria ha puesto de manifiesto las contradicciones del gobierno de coalición y una evidente irresponsabilidad de la clase política celebrando el 8M, el mitin de VOX en Vista Alegre

Los controles de los Mossos en las «fronteras» de Cataluña o en el AVE, la negativa de Torra a firmar la declaración conjunta, son pura propaganda dirigida a mantener la moral de los más radicales, pero expresa la naturaleza intrínseca del nacionalismo. La patética batalla por contrarrestar los efectos de la situación de emergencia en favor de la convivencia y la unidad de todos, fomentando el espíritu insolidario, es muy grave. De momento ha herido de muerte la mesa de dialogo. En todo caso el presupuesto que tenia que ser aprobado por el Parlament también ha quedado obsoleto. La convocatoria de elecciones, con la máxima rapidez que permita la crisis sanitaria, es de urgente necesidad. Que de las mismas saliera un gobierno que cambiara las prioridades y se ocupara al 100% de gobernar durante la próxima legislatura sería de una conveniencia extrema.

Los controles de los Mossos en las «fronteras» de Cataluña o en el AVE, la negativa de Torra a firmar la declaración conjunta, son pura propaganda dirigida a mantener la moral de los más radicales

Mas allá de los efectos políticos la crisis pone al descubierto las grandezas y las miserias humanas. La insolidaridad y el egoísmo, pero también los actos de fraternidad, de solidaridad de personas y colectivos que todos debemos agradecer, imitar, difundir y fomentar.

Francesc Moreno
Francesc Moreno
Abogado y editor. Ha sido profesor de derecho financiero en la UAB y derecho mercantil en la UB. Fundador de cronicaglobal.com y SCC .

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