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Ecos de la prensa independentista: de la autocrítica sanitaria a la utopía subvencionada

Toni Soler, en el Ara, ya empieza hablar del próximo referéndum, con lo que el tan traído y llevado mandato del primero de octubre pasa a segundo término, más como anécdota histórica que como condicionante de la política independentista. Aunque la lógica no es una disciplina bien vista al hablar de estos temas, se podría decir que, si ahora hace falta un referéndum, es porque aquello de 2017 no fue un referéndum.

Después de constatar que «la gestión de la crisis ha disipado la atmósfera de entendimiento incipiente entre el gobierno soberanista catalán y el gobierno de izquierdas español» y que «es muy importante que el actual gobierno dedique todos sus esfuerzos a reactivar la economía y a cuidar de los damnificados por la crisis», afirma que con «una buena hoja de servicios» el soberanismo tendrá «legitimidad» para «exigir más capacidad de decisión».

Volviendo a lo dicho en campañas electorales de años atrás, «si el independentismo supera finalmente el 50% de los votos, habrá que volver a hablar de un referéndum». Parece que el reiterado tópico de que el 80% de los catalanes está a favor del derecho a decidir no se llevará ya esta temporada, mejor hablar de asuntos más tangibles.

Es significativo que Soler mencione un reciente libro de Jordi MuñozPrincipi de realitat, que cuestiona, desde un planteamiento soberanista, la declaración de independencia de octubre de 2017, que, dice el autor en el prefacio, «nunca debería haberse producido, y no sólo porque no se dieran las condiciones para hacerla efectiva», sino porque fue «una decisión que carecía de la legitimidad suficiente».

La privacidad ha sido derrotada

Xavier Sala i Martín advierte que El mundo de febrero no volveráy resume así la situación: «El virus nos ha quitado el miedo a usar las nuevas tecnologías, o el miedo a que nos espíen, o el miedo a pensar en traer la industria de vuelta a Cataluña. Algunas cosas serán buenas, otras malas, pero son las que nos tocará vivir». 

Es taxativo en cuanto a seguir el ejemplo americano: «En Estados Unidos tienen un presidente que recomienda a la gente que se tire lejía por la cabeza, pero en el tema económico lo han hecho bien. Los demócratas y los republicanos tardaron 10 minutos en aprobar un plan de rescate de 2 billones de dólares. En cambio aquí en Europa volvemos al 2008: en EEUU la crisis duró un año y aquí cinco años. No fue hasta 2013 que Mario Draghi dijo el whatever it takes y el Banco Central Europeo imprimió dinero para salvar las economías. Las repercusiones económicas del virus serán muy graves si lo hacemos como Europa y menos graves si lo hacemos como EEUU».

Y tiene claro que el algoritmo ha vencido al individualismo: «Los grandes ganadores de esta pandemia están siendo las grandes tecnológicas estadounidenses: Amazon, Facebook, Google, Apple, Netflix (…) El debate sobre la privacidad se ha terminado y han ganado ellos. El día que la empresa te diga «Para salir de casa tienes que firmar esta aplicación conforme no tienes fiebre», tú vas a firmar. Mira los futbolistas que, el que no pasa el test del virus, no juega. Esta invasión de la privacidad que hace dos meses no habríamos tolerado, ahora todos pulsaremos que sí».

El peligro de ahogar al sector privado

Andreu Mas-Colell, también en el Ara, comenta varios temas para mañana. Sobre el conflicto entre los Estados y China, advierte: «Como nos tenemos que acostumbrar a pensar lo impensable, me temo que la única incógnita es si este conflicto será frío o caliente. Las confrontaciones armadas son aún improbables, pero no las excluyo». Y no considera deseable que, a los europeos, «el conflicto nos divida entre proamericanos y prochinos».

Sobre las relaciones entre el sector público y el sector privado, acepta la tendencia a que el Estado «asuma y ejerza responsabilidades activas, y expansivas, en ámbitos clave de la protección social y de la promoción económica», por lo que «el impulso, ya preexistente, hacia el aumento de la presión fiscal saldrá reforzado».

Pero advierte contra «el menosprecio hacia al sector privado»: «Hay cosas que el sector público hace mejor y cosas que hace mejor el sector privado, venga de donde venga la financiación. La escuela pública no es más legítima que la concertada».

Los médicos empiezan a hablar

La jefa de epidemiología del Hospital Vall d»Hebron, Magda Campins, afirma en totbarcelona.cat que la epidemia «se descontroló porque no hicimos las cosas como se tenían que hacer». «No fuimos lo suficientemente ágiles cuando vimos lo que pasaba (…) Cuando todo esto ocurría en China, fuimos un poco ilusos. Pensamos que en China se enfrentaban a una enfermedad nueva y aún no sabían ni si era un virus. Cuando lograron secuenciar el virus y hacer un test diagnóstico, ya tenían la epidemia descontrolada. Pero nosotros pensamos que nos llegarían algunos casos de fuera, que serían personas que habrían viajado, que los detectaríamos, los aislaríamos y romperíamos la cadena de transmisión y que no habría epidemia, porque ya sabíamos qué era este virus y cómo se comportaba. Y teníamos una prueba PCR para poder diagnosticar. Estábamos muy tranquilos pensando eso. Pero cuando llegó no tuvimos la capacidad de detección precoz y se produjo un colapso importantísimo en el sistema de vigilancia de salud pública».

La autocrítica prosigue. Ante la urgencia que hubo de hacer pruebas PCR, «en ese momento sólo se podían hacer en el Hospital Clínic. Al resto de hospitales que teníamos laboratorios que la podíamos hacer, no nos la dejaban hacer, porque todo tenía que estar centralizado en el Clínic, por lo que allí se generó un cuello de botella y era imposible dar respuesta a todos los casos (…) había un retraso diagnóstico de dos, tres, cuatro días, que hizo que la cadena de transmisión aumentara de manera exponencial».

También en totbarcelona.cat, el director médico del Hospital Sant Pau afirma que nos convendría estar en zona cero durante meses. «Si nos dejaran escoger a nosotros, lo tendríamos claro. Nosotros tenemos normas sanitarias y no económicas. Haríamos un desconfinamiento lento, estaríamos en zona cero durante meses».

Es digno de mención su relato de lo sucedido en el hospital: «De las 42 especialidades, en el momento álgido de la pandemia sólo había cuatro: Urgencias, Críticos, Hospitalización Covid y Hospitalización no Covid. Las otras, las desmontamos totalmente. Todos los residentes se pusieron en covid. Había dermatólogos, oftalmólogos, cirujanos, en las salas covid. Teníamos los psiquiatras de guardia viendo pacientes covid».

La necesaria prioridad al gran problema del momento no ha de hacernos olvidar que las otras enfermedades siguen existiendo: «Estamos viendo que la epidemia covid tendrá un precio sanitario añadido. Hay enfermedades que no son diagnosticadas, que no están bien controladas o que evolucionarán mal porque no se han visitado a tiempo».

Y sobre lo que sucederá en el futuro inmediato, afirma: «La gente seguirá enfermando de covid-19. Lo importante es que tengamos recursos para poderlos atender y cada vez tenemos más experiencia. Lo que nos da mucho miedo es que venga un rebrote brusco y vuelvan a llegar muchos pacientes de golpe».

Ni hablar de elecciones

Entrevista al presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el diario Ara. A la pregunta sobre si en una Cataluña independiente habría habido menos muertos, responde: «En una Cataluña independiente no sabemos cómo habría ido, pero se habrían hecho las cosas diferente. Se debería decretado el confinamiento total 15 días antes, se habría ratificado la renta básica universal y se habría hecho una moratoria de los impuestos».

¿Confinamiento total quince días antes? Contemos: quince días antes del 14 de marzo nos sitúa en el 29 de febrero, el día del míting de Perpiñán, que hay quien dice que pudo ser el principal foco de expansión del covid-19 en Cataluña. ¿Nos está diciendo que, si hubiera estado en su mano decretar el estado de alarma, no hubiera permitido aquel desplazamiento de miles de personas al otro lado de la frontera?

Pero esta respuesta se contradice con la siguiente: «En cuanto a Perpiñán, nada nos indica que en aquellos momentos comportase ningún peligro». ¿En qué quedamos?

Sobre los geriátricos, afirma: «Que nos hayamos encontrado con residencias con un nivel de medicalización prácticamente cero significa que había muchos deberes pendientes». La Generalitat tiene compentencias en el asunto, ¿no? Es que parece que haya descubierto algo.

Ante la crisis económica, keynesianismo sin matices: «Lo que hace falta ahora es dar protección a los trabajadores, dar liquidez a las empresas (…) Tenemos que compensar muy bien el desconfinamiento con una política keynesiana absoluta, de inversión, de gasto de las administraciones (…) No puede ser que esta crisis la paguen ni los ciudadanos ni las empresas (…) Sobre todo, no puede ser que las decisiones las tomen los lobbys económicos clásicos de este país».

Estos meses hasta julio serán claves, en su opinión, para hacer «transferencias directas, de subvenciones directas y de gasto directo, en los sectores más gravemente afectados». Deja para más adelante «otra fase de pensamiento sobre qué país queremos».

Sobre la necesidad de convocar elecciones claramente manifestada por Oriol Junqueras, responde: «Yo es que, en estos momentos, de verdad, insisto, no… Es que el tema de las elecciones no es ninguna de mis prioridades, ni del Gobierno, donde tampoco nadie me ha pedido elecciones…».

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