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Ecos de la prensa independentista: Sostres se desahoga

La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, en una manifestación secesionista.

Este año habrá «fórmulas mixtas virtual y presencial» para la manifestación del 11 de setiembre, es decir que habrá dos maneras de manifestarse, si hemos entendido bien lo que ha dicho Elisenda Paluzie en Rac1.

Descartada la multitudinaria manifestación en Barcelona de cada año, la convocatoria consistirá en pequeñas manifestaciones en distintos lugares y en algo que hacer en casa para los que no salgan.

Aunque aún es pronto para conocer los detalles, no hay duda de que intentarán aprovechar esta larga temporada de incertidumbre para insistir en el mismo remedio para todo.

Se trata de «hacer valer este activismo, esta necesidad de la gente de expresarse, pero a la vez sin renunciar a nuestro mensaje. La crisis ha evidenciado que desde Cataluña no tenemos las herramientas para hacer frente a una crisis de esta magnitud, porque no somos un estado, por lo tanto: la independencia como una necesidad».

Prudencia en Badalona

Mucha gente y muchos dirigentes locales entienden las fases del desconfinamiento como un premio que se les debe por haberse portado bien. La excepción ante tanta irresponsabilidad es García Albiol.

En declaraciones a Rac1, dice que prefiere que Badalona continúe en la fase 0 y alerta del riesgo de que haya rebrotes de la epidemia si se pretende ir demasiado rápido:

«Soy partidario de no correr y tomar las decisiones en el momento adecuado, porque si no, entraremos en un bucle y no acabaremos nunca». 

También cree que la Guardia Urbana debería impedir que el paseo marítimo estuviera tan lleno de gente a las ocho de la tarde. Por otro lado, piensa presentarse a las elecciones municipales de 2023.

Dolors Sabater cuenta su versión

Entrevista a Dolors Sabater en el Punt-Avui en torno a «la incapacidad de las fuerzas de progreso para construir una alternativa sólida que frene una sangría de votos que deberían ser de izquierdas pero que se van a Albiol».

Aquí está el primer error: considerar que el voto está condicionado por determinadas características sociales e identitarias y que si el ciudadano no vota lo que se espera de él es porque está equivocado. O alienado, que es lo que hubieran dicho antes desde la ortodoxia marxista.

La desbancada alcaldesa critica que los socialistas le vinieran con propuestas de última hora: «Ya sabemos que lo clásico en estos procesos es jugar a agotar los plazos para salir en el último momento con un planteamiento que te acorrala y te obliga a aceptarlo. Pero nosotros funcionamos de otra manera y pedíamos un mínimo margen de maniobra».

También es clásico en las opciones más izquierdistas que, con la excusa de su funcionamiento asambleario, jueguen a agotar los ánimos del interlocutor.

Para ella no hay otro culpable que los socialistas: «Yo obtuve 10 votos y sólo me faltaron 4 para tener la mayoría, porque el resto de fuerzas, a pesar de la crítica que me hacen, me votaron. Por lo tanto, estaba claro que si el PSC retiraba su candidatura, cerrábamos el paso a Albiol».

A pesar de todo, sigue considerándolos compañeros y les insiste en lo que tienen que hacer: «En lugar de intentar competir con tus compañeros de izquierdas, se ha de hacer con el rival común que es el populismo de derechas». De lo contrario, «tenemos PP para muchos años«.

Sostres se desahoga

Salvador Sostres, en el Diari de Girona en Això va de democràcia– también cree que habría que convocar elecciones cuanto antes en Cataluña y se despacha a gusto con el presidente de la Generalitat: «Quim Torra reconoció que la legislatura estaba agotada pero con el virus le ha encontrado gusto a dormir en Canonges y a dar vueltas de noche por Palacio y hablar con los poltergeists de Macià y de Companys».

Y prosigue, en una barroca acumulación de descalificaciones: «Me molesta (…) ese tono de falsa solemnidad, de trascendencia de la nada; la comedia de quien sabe que ha perdido (…) y esos discursos de medio pelo con los que quiere excitar las bajas pasiones del personal (…) ese fraude permanente, esa tomadura de pelo, ese desprecio a la inteligencia de los demás, como si pensara que todos somos unos bobos y que no nos damos cuenta de su estrategia de serpiente».

 También recibe lo suyo David Madí: «… a quien tanto quise, en quien tanto creí, y ahora me doy cuenta de que él ya sabía que este padecimiento vendría -el del procés– y de que sabía perfectamente que no había solución. E insistió como si le fuera la vida y la libertad, y envió amigos suyos a la cárcel sabiendo minuciosamente lo que les pasaría, para poder hacer sus negocios, que todavía hace, sabiendo que el único destino era el del precipicio».

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