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Ecos de la prensa independentista: Salvador Sostres y Josep Antich

Jordi Cuixart, al final del juicio a los líderes procesistas, tal vez para evitar que la sentencia fuera demasiado leve, afirmó rotundamente que «lo volveremos a hacer». No fue un rapto improvisado: Ho tornarem a fer, se titula su libro sobre el tema.  En una carta desde la cárcel, fechada el viernes, ofrece su visión del momento: «Vivimos en un estado que ha renunciado a defender los intereses de los más desfavorecidos, que receta más centralización mientras es incapaz de atender necesidades básicas. Que quiere aprovecharse de la pandemia para recetar más autoritarismo, para laminar los derechos civiles y políticos que son imprescindibles para conquistar una vida digna. Y ante un estado que aprisiona la libertad de expresión y la protesta, con la responsabilidad civil y sanitaria que el momento reclama, es necesario que volvamos a movilizarnos en las calles por los derechos humanos, sociales y nacionales».

Dada está pues la orden. Vuelven las movilizaciones callejeras, animadas por el calor primaveral y el alivio del desconfinamiento; ante la indiferencia de las autoridades y la resignación de la ciudadanía. 

El mismo día, las protestas indepes vuelven a la Meridiana. «Fuentes de los Mossos han asegurado que la concentración no ha sido comunicada y que, por tanto, no estaba permitida». Encima, en estos momentos, si los manifestantes respetan las distancias de seguridad, ocuparán aún más espacio de la vía pública. ¡Qué bonita es Barcelona! 

Renovación de dirigentes en la ANC

El Nacional informa sobre las elecciones internas en la Assemblea Nacional Catalana, que serán la segunda semana de junio. En ellas está en juego el nuevo rumbo del procés. Se trata de elegir a los miembros del «secretariado nacional», que es su órgano ejecutivo. Hay 77 plazas para ocupar y a las cuales se presentan 126 candidatos, o sea, que 6 de cada 10 lo conseguirán.  «Las elecciones de este año llegan en plena crisis del coronavirus y en una especie de punto muerto en el proceso independentista. Además, en la última etapa de la entidad se han visto discrepancias entre las diferentes corrientes por varios motivos, la más significativa por el apoyo al proyecto de primarias en las pasadas elecciones municipales. Unas tensiones que aflorarán de nuevo en las elecciones, como ha pasado en otras ocasiones, entre acusaciones de luchas partidistas». Recordemos que la lista por Barcelona de Primàries Catalunya consiguió 28.000 votos, un 3.74%. Volverá a aparecer el debate recurrente entre actuar como correa de transmisión de los partidos independentistas o convertirse en un partido más. Una vez más, no se llegará a ninguna conclusión. ¿Alguien duda que sin el apoyo de los que la han creado, animado y financiado esta organización sería tan relevante? El Nacional recuerda cómo se demostró que la democracia interna en la ANC es algo peculiar: «La elección de Jordi Sànchez, tanto en las elecciones de 2015 como a la reelección de 2016, fue ya polémica por el hecho de que la escritora Liz Castro quedara por delante en la votación de los millares de socios de la entidad, pero que en cambio los secretarios nacionales escogieran al actual líder de la Crida, encarcelado por el 1-O». Es una costumbre muy española que las elecciones primarias de los partidos sirvan para confirmar al candidato previamente designado por los mandamases. Una costumbre de la que los independentistas no se han independizado. 

Por un independentismo sin mascarillas

Un artículo firmado por Thomas Harrington en Vilaweb afirma que el independentismo tendría que estar ideológicamente contra el confinamiento: «Que el presidente Torra quisiera imponerlo en el primer momento del brote era muy comprensible. En cambio, no lo es tanto que, tras el fracaso absolutamente estrepitoso de esta forma de tratar el problema del covid, él y la que parece ser una mayoría abrumadora de los votantes independentistas se agarren tozudamente a la idea de que esta medida drástica, y las prácticas muy draconianas de desconfinamiento que se derivan directamente de ella -con su gran amor por el muy cuestionable uso obligatorio de las mascarillas en todos los espacios públicos- continúan siendo la única manera prudente y responsable de ir avanzando en la lucha contra el virus». Todo esto es discutible y está siendo discutido, con más o menos serenidad, pero si las medidas de contención fueron buena idea en el primer momento, parece claro que en el segundo momento es mejor pasarse de prudente antes que arriesgarse a un retroceso que podría ser devastador. Sin embargo, lo que preocupa a Harrington es «la delicada salud mental del movimiento independentista», amenazada por su coincidencia con el enemigo: «La razón implícita del confinamiento va como anillo al dedo a la mentalidad autoritaria del estatalismo español. Y, si lo analizamos honestamente, va en contra de todos los ideales democráticos y libertarios esgrimidos por los partidos independentistas a lo largo de la última década en las luchas en pro de la soberanía». En su opinión, no importa que el confinamiento sea útil para salvar vidas, lo que es realmente grave es que en su defensa muchos independentistas hayan dado por buena, excepto en cuestiones de detalle, la gestión del Gobierno español. En cuanto a los ideales libertarios del independentismo, es una extraña fantasía, porque salta a la vista que el colectivismo, el dirigismo de comité central y el culto a la personalidad han sido ingredientes aglutinadores del movimiento. Se pregunta al final nuestro autor si, «en vista de la pésima gestión española de la crisis, ¿no ha llegado la hora, pues, de escuchar más puntos de vista sobre el virus, posiblemente más eficaces y menos liberticidas, y de combatirlo, por tanto, con una mente más abierta?».Si algo nos ha enseñado esta pandemia es que hay un montón de gente que lleva un epidemiólogo dentro, pero parece casi una broma que éste nos diga que, ante un virus que mata sin distinción de raza ni de credo, tengamos que preocuparnos porque «la lógica del confinamiento se acerca mucho al canon esencial del pensamiento españolista y se aleja mucho de lo que el independentismo dice que representa». 

José Antich apuesta y gana

Impresionante el retrato de José Antich que ha hecho Salvador Sostres en el Diari de Girona –La dent d»or-. Fue director de La Vanguardia y ahora, como editor y director de El Nacional, ha acabado «siendo la criada lírica del independentismo más delirante. Delirante el independentismo, no él: dejemos esto claro. Él no ha delirado nunca. Él ha cobrado siempre. De una manera o de otra. Directamente o para su medio. Menos a los comunistas, ha enredado a todo el arco parlamentario de Cataluña y de España. La suya es la historia de una trama pero también la de un hombre con envidiable sentido del poder y una capacidad única para hacerse el imprescindible». Según Sostres, ahora, como «los recursos se agotaban, la parte convergente del Gobierno controla cada vez menos dinero y los empresarios afines se han cansado de perder el tiempo y los millones (…) ha hecho una jugada inesperada, brillante, que sólo él podía hacer. Vuelve a cobrar de [José] Zaragoza, a través de la Diputación de Barcelona (…) Le ha hecho ver que el PSC, en el área metropolitana, tiene a ERC como principal adversario y que por lo tanto le sería útil favorecer el voto convergente dentro del mundo independentista. ¿No es brillante? ¿No es deprimente? ¿No es mágico que le haya funcionado?». A río revuelto, ganancia de pescadores. Los últimos años en Cataluña han dado grandes oportunidades de acuerdo entre lo peor de la política y lo peor del periodismo. Mientras el país se empobrece, los tráficos de influencia gozan de buena salud. 

Preparando la insurrección

Artículo del unilateralista Andreu Barnils en Vilaweb –El día siguiente– sobre la confrontación dialéctica entre las dos posturas independentistas de siempre: unilaterales contra pragmáticos. Esta vez, con ánimo conciliador: «Años para preparar la insurrección. Esta frase la comparten unilaterales y pragmáticos. Nos pintan (¡y nos pintamos!) mucho más alejados y confrontados de lo que es realmente el caso. Porque, a uno y otro lado, muchos estamos de acuerdo en los años. Y en la insurgencia. Y poco a poco, diría, iremos encontrando también los puntos en común de las diferencias que tenemos entre nosotros».  Barnils es partidario de las elecciones. «Y si los partidos independentistas ganan por más del 50%, al día siguiente, insurrección. Y únicamente si la insurrección la tenemos preparada. De lo contrario, ya nos alzaremos en las siguientes». Aunque, podríamos preguntarle, si ya tienes la insurrección preparada, ¿por qué vas a esperar a las elecciones? ¿Y si las pierdes? Tanto trabajo en vano. Y es contrario a «seducir a los no-independentistas», aunque viene a decir lo mismo de otra manera: «Yo no aspiro a que suban a mi barco. Aspiro a que bajen del suyo. Quiero que abandonen España. No aspiro a ganar un independentista más. Aspiro a ver un unionista menos. Por eso prefiero al PP». Esto último porque se supone en estos ambientes que el PP es una fábrica de independentistas. Y, como dice el refrán revolucionario: cuanto peor, mejor. El paso siguiente será votar a Vox. 

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