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Los ‘milagros’ de Simón y las fechorías de Pedro y Pablo

El comportamiento de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias durante este primer brote del Covid-19 en España, en nada se asemeja al que uno esperaría de un científico interesado ante todo en buscar la verdad y comprometido en proporcionar información veraz a los responsables gubernamentales y a los ciudadanos para adoptar las medidas más apropiadas para controlar la epidemia y minimizar el número de fallecidos. No le vamos a negar, eso sí, cierta habilidad para plegarse a las exigencias de sus superiores, el ministro Illa y el presidente Sánchez, ni para salir al ruedo cada día a quitar hierro a la inacción, primero, e imprudencias, después, del gobierno de Pedro y Pablo, ni su inagotable capacidad para retorcer los hechos y hasta para sacar a los muertos de sus tumbas y convertir el virus en casi indetectable. 

Las estratagemas de Simón en esta crisis me recuerdan los arduos trabajos de los Abogados del Estado para cambiar de rebelión a sedición los cargos contra los principales responsables del golpe de Estado perpetrado por el gobierno y el Parlamento de Cataluña el 27 de octubre de 2017 -golpe tan fallido como el de los generales Armada y Milán del Bosch y el coronel Tejero, pero golpe de Estado al fin y al cabo-, y, más recientemente, la actuación de la Fiscalía del Estado que, pese a considerar probado que Trapero, el mayor al frente de los Mozos de Escuadra, diseñó un plan fraudulento para no cerrar los colegios y posibilitar la votación el 1-O, no contenta con rebajar de rebelión a sedición la petición de pena, deja abierta la posibilidad de que se le condene tan sólo por desobediencia. No tengo ninguna duda: estará en la calle, como el resto de los golpistas, en cuatro días. Al igual que Simón, Delgado, la Fiscal General del Estado nombrada por Sánchez, es otro dechado de imparcialidad e independencia. 

Bien por el INE

La recuperación paulatina de las rutinas habituales y de la actividad económica puede llevar a muchos conciudadanos a pasar página a unos hechos que hacen palidecer la matanza del 11-M. Unos porque felizmente para ellos no resultaron infectados, otros porque habiendo padecido el virus ya se han recuperado y siguen en la brecha. Con ello y el apoyo del formidable aparato de propaganda puesto en marcha durante el confinamiento, cuenta Sánchez para que los españoles acepten resignados las torticeras versiones de los hechos que les repiten sus ministros y voceros cada día. Cuentan, sobre todo, con que los muertos no pueden volver para contar sus padecimientos ni pedirles cuentas. Pero la matanza ha sido tan enorme que ni los milagros de Simón’, ni las filípicas de Sánchez e Illa ni los ungüentos de las tres mujeres progres, Carmen, María Jesús e Irene, podrán ocultarlas, como tampoco la prosperidad de los años 60 y 70 y el control de los medios de comunicación pudieron ocultar la cara negra del franquismo. 

Defunciones semanales acumuladas en España entre 2016 y 2020 (Fuente: elaboración propia)

En alguna ocasión he criticado al INE, pero en ésta voy a quitarme el sombrero, no tanto por los resultados publicados cuanto por el hecho de que acometer el estudio y publicarlo es algo en sí mismo meritorio, teniendo en cuenta la forma expeditiva en que el Gobierno está purgando a cualquier empleado público que cuestione sus políticas. Mientras Simón se afanaba en minimizar el número de víctimas atribuidas al coronavirus -quiero recordar que los ‘doblegadores’ de curvas resucitaron a 1915 muertos en España el 26 de mayo-, las cifras que el INE acaba de publicar vienen a corroborar los resultados que podían extraerse de los informes de situación del Servicio de Monitorización de la Mortalidad publicados por el Instituto de Salud Carlos III. Según el último informe disponible de 9 de junio, entre el 13 de marzo y el 22 de mayo de 2020 el número de muertos (120.835) superaba el de muertos estimados (77.564) en 43.204, una cifra muy superior a los 27. 136 muertos reconocidos oficialmente como víctimas del Covid-19 por Simón, Illa y Sánchez.   

El estudio completado por el INE permite constatar la evolución del número de defunciones en España semana a semana y compararlas con los fallecidos en años anteriores. El Cuadro 1 presenta las muertes totales ocurridas antes las primeras 21 semanas de los años 2016-2019 y también las de 2020, antes y durante el brote del Covid-19. Las filas en la primera columna del Cuadro 1 indican la semana de referencia, i.e., SEM01, primera semana, SEM02, segunda semana, etc. Las entradas de las filas de las 5 columnas siguientes muestran el total de defunciones hasta la semana de referencia en cada uno de los años. En las filas de la séptima columna aparecen la media de fallecidos en los años 2016-2019 y las entradas de las columnas octava y novena indican la diferencia entre las defunciones en 2020 y en 2019, y entre las defunciones en 2020 y la media de media del período 2016-19, respectivamente. El Gráfico 1 muestra de manera más visual la evolución del total de defunciones en las primeras 21 semanas de 2019 (línea roja) y 2020 (línea morada). 

Defunciones acumuladas en la primeras 21 semanas de 2020 y 2019. (Fuente: elaboración propia)

Hay varias observaciones dignas de mención. En primer lugar, obsérvese que el número de muertes registradas hasta finales de mayo de 2020, 225.930 excede en 43.945 el número de muertos en 2019 y en 43.753 la media de fallecidos en los años 2016-2019. La cifra está muy cercana al exceso de mortalidad, 43.484, estimado por el ISCIII en el informe de situación de 9 de junio.  En segundo lugar, conviene reparar en que 2020 era un buen año hasta la irrupción del Covid-19. En efecto, la columna octava indica que hasta la 9 semana de 2020 (24 de febrero-1 de marzo) se habían registrado 4.180 muertos menos que en 2019 y 4.266 muertos menos que en los años 2016-19. Esta circunstancia permite descartar la hipótesis de que el elevado número de muertes ocasionado por el Covid-19 se debió a que nuestro sistema sanitario había empeorado sensiblemente como consecuencia de recortes presupuestarios en años anteriores. Al menos, hasta que el Covid-19 irrumpió estábamos bastante mejor que en años anteriores. 

A partir de la semana 9 (24 de febrero-1 de marzo), el diferencial negativo (4.180) empezó a recortarse y en la semana 12 (16 de marzo-22 de marzo) teníamos ya un diferencial positivo de 1.573 muertos sobre la cifra de 2019 y de 989 defunciones sobre la media de los años 2016-19. Dicho diferencial registró un fuerte incremento en la semana 13 (23 de marzo-29 de marzo) con 12.571 fallecidos más que en 2019 y 11.571 fallecidos más que en el período 2016-19, dos semanas después de las manifestaciones multitudinarias del 8-M. En tan sólo cuatro semanas habíamos pasado de tener un diferencial negativo de 4.180 muertes menos que en 2019 (4.266 menos que en 2016-19), a tener un diferencial positivo de 12.571 fallecidos más que en 2019 (11.906 más que en 2016-19). El Gráfico 2 muestra la evolución del diferencial en esas semanas críticas. 

Diferencial de defunciones acumuladas entre 2020 y 2019. (Fuente: elaboración propia)

La razón de semejante cambio en el escenario de mortalidad es que la epidemia, que se había estado fraguando en las semanas precedentes, nos había pillado por sorpresa sin que el gobierno de Sánchez-Iglesias hubiera realizado preparativo alguno para prevenir la expansión de los contagios entre la población, que continuó haciendo vida normal, sin adoptar medida alguna de precaución y desplazándose libremente dentro y fuera del territorio español, hasta finales de la semana 11 (9 marzo-15 de marzo), cuando el Gobierno dio un giro de 180º a su discurso tranquilizador y decretó el Estado de Alarma el 14 de marzo.  

Hasta ese momento, Simón, el experto del Gobierno en la materia, haciendo gala de su bonhomía y cercaníaaseguraba a los ciudadanos que “España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado” y que “con la información que tenemos ahora mismo, hay indicios de que esta enfermedad sigue sin ser excesivamente transmisible”.  Y le podemos escuchar llegar a la conclusión de que “por lo tanto parece, según número de casos diagnosticados día a día, que la epidemia comienza a remitir”. Simón, en un alarde de irresponsabilidad, llegó incluso a no desaconsejar participar en las manifestaciones multitudinarias convocadas en todas las ciudades de España el 8-M, en las que estuvieron presentes la mayoría de los miembros y las ‘miembras’ del gobierno de Sánchez, no sabemos si incluso ya infectados. Disparates todos ellos dignos de enmarcar para que recordar a cualquier científico lo que nunca debe hacer: engañar a los ciudadanos para complacer al Gobierno

Los milagros de Simón

El hecho indisputable es que el Gobierno español ignoró las advertencias y recomendaciones recogidas en el informe conjunto de la OMS y del gobierno de China, resultado de una investigación de campo realizada en Wuhan entre el 16-24 de febrero y publicada el 28 de febrero, pese a los estragos que el Covid-19 había producido en China y estaba produciendo ya en el Norte de Italia (366 muertos contabilizados hasta el 8 de marzo). Durante esas semanas decisivas, el Gobierno ni advirtió a la población del inminente peligro, ni adoptó ninguna medida para preparar el sistema hospitalario y las residencias de mayores. Y entre la semana 13 y la semana 16 (16 de marzo-22 de marzo) el exceso de defunciones alcanzó la cifra de 39.533, más de 3 veces la cifra de la semana 13 (12.571). La imprevisión y negligencia del gobierno de Sánchez-Iglesias fue la principal causa de que el diferencial de exceso de defunciones pasara de negativo a positivo en las tres primeras semanas de marzo y se consumara en las tres semanas siguientes una matanza sin precedentes en la historia reciente de España. Una gran parte de esas muertes podrían haberse evitado si el gobierno de Sánchez hubiera adoptado medidas preventivas cuando aún tenía tiempo.  

Más allá de los sonados y continuados errores de previsión y valoración de la situación en que ha incurrido Fernando Simón, mi principal reproche como científico social es que se haya plegado a las exigencias del gobierno de Sánchez, y no haya explicado el anormal aumento que registró la cifra de recuperados, 22.019, el 22 de abril, ni tampoco la anormal disminución del número de fallecidos, 1.915, registrada el 25 de mayo. Como tampoco resulta aceptable que dé por buena en sus comparecencias diarias la cifra ‘oficial’ de fallecidos, hasta el 9 de junio, 27.136, cuando tanto el cálculo de exceso de mortalidad que publica el ISCIII, como el que he presentado en este artículo empleando las cifras de defunciones semanales del INE, apuntan a más de 43.500 fallecidos hasta el 24 de mayo. ¿No encuentran sospechoso que, pese a que en España ha habido 290.749 casos y en Alemania 187,251, 103.498 menos que en España, aquí hayan fallecido 19 personas entre el 27 de mayo y el 12 de junio y en Alemania 365?  

Jugando a la ruleta rusa

Quiero denunciar, por último, que el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Simón, haya aceptado sin rechistar que el gobierno Sánchez dejara de actualizar las cifras de recuperados el 19 de mayo, por lo que el barómetro mundial de worldmeters, tras repetir la cifra del 18 de mayo (196.958) durante algún tiempo, ya no proporcione cifras de Recuperados ni de Casos Activos para España. Como expliqué en Control y erradicación de la epidemia: un largo camino por delante, publicado en este diario el 4 de abril, resulta imprescindible disponer de los flujos de Nuevos casos, Nuevas muertes y Nuevos Recuperados para calcular la cifra clave de Casos Activos y poder valorar la situación de la epidemia. Visto lo visto con las cifras de muertos y recuperados, hay que desconfiar también de las cifras de Nuevos casos que proporciona el Ministerio de Sanidad. 

Los ciudadanos españoles estamos en manos de unos burdos manipuladores al frente del Gobierno de España cuya ingeniería contable, ahora cuento así y ahora cuento asá, impide seguir la evolución de la epidemia en España y valorar con objetividad la situación en que nos encontramos. A la grosera infravaloración del número de muertos en las estadísticas oficiales, ahora se suma la falta de información sobre recuperados y las dudas razonables sobre el número de casos diarios registrados, circunstancias que consideradas en su conjunto convierten la desescalada en una suerte de ruleta rusa, especialmente para las personas más vulnerables, esto es, los mayores de 64 años. 

Por mucho que Simón se empeñe en hacernos creer que el virus es casi indetectable y apenas mata, sus milagros no van a hacer desaparecer las cifras de exceso de muertos que, con las últimas cifras del INE, sitúan a España a la cabeza del mundo en fallecidos por millón de habitantes, 962 en números redondos, ni la responsabilidad del gobierno de Pedro y Pablo en la gestión de la crisis del Covid-19. Muchos de quienes defienden desde los medios de comunicación la gestión de Sánchez y se afanan en acusar de deslealtad a la oposición habrían puesto el grito en el cielo y se habrían rasgado las vestiduras de haberse producido 44.000 muertes con Rajoy al frente del Gobierno.  

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