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Odio y violencia separatista o ¿concordia?

La violencia ¿es parte inherente al desafío separatista o es un accidente? Desde el punto de vista conceptual, la violencia o fuerza física para cometer un delito o imponer una creencia o un acto, es consustancial al discurso nacionalista y supremacista de los independentistas catalanes. La violencia muestra el poder de los separatistas y es el modo de alcanzar sus objetivos, que son la sumisión de la población y la secesión de Cataluña. Los separatistas justifican su violencia por la:

  • Supuesta superioridad moral del catalanismo, que es acusador y es victimista.
  • Supuesta superioridad racial de los catalanes, que legitima el odio hacia el distinto, los diferentes, los colonizadores, los charnegos, y que, en suma, asienta la falta de respeto y el desprecio a la persona (ver Recuadro 1).

De ahí que el odio forme parte del relato y de la práctica separatista: odio a España, odio a los españoles, odio a los catalanes españoles, odio a quien no opina como ellos y odio a quien no comulga con sus ruedas de molino y fantasías. Desprecio, muerte civil del discrepante, del disidente, del botifler, del traidor: de ahí el silencio de los corderos y la espiral de silencio conseguida por el régimen separatista catalán. Esta violencia conceptual de los independentistas se ve doblemente empoderada por la escasa y, en momentos pasados, por la nula contradicción del ideario separatista -impunidad intelectual- así como por la impunidad de los independentistas por sus actos violentos.

La violencia física no fue muy visible en el procés separatista hasta que éste entró en la fase de decadencia, especialmente tras su putsch de otoño 2017. Ya antes había grupos independentistas muy sectarios, de corte fascista (que lucían banderas propias, negras con cruces blancas, y organizaban desfiles de antorchas a los que se sumaban no pocos independentistas), de corte comunista (Arran, juventudes de la CUP) y de corte terrorista, como Exèrcit Popular Català, Moviment de Defensa de la Terra, PSAN o Terra Lliure

Se cuentan tres centenares de acciones terroristas y una decena de asesinatos. Uno de sus líderes, Carles Sastre, estuvo 11 años en prisión por el asesinato del empresario José María Bultó Marqués -pena de la que fue amnistiado en 1977-, así como por el doble asesinato en 1978 del exalcalde de Barcelona Joaquín Viola Sauret y su esposa Montserrat Tarragona Domènech. Este asesino terrorista separatista es el líder del sindicato separatista de funcionarios públicos Intersindical-CSC.

Infectarlo todo de catalanismo nacionalista ha sido la aspiración del independentismo desde el programa 2000 que Jordi Pujol lanzara en 1990, programa que ha sido totalmente realizado. Desde el fútbol a todos los deportes, desde la música folk a la música clásica nacional catalana (sic), desde la supuesta literatura y filosofía catalanas a la completa tergiversación de la historia y la invención de un origen catalán para personalidades históricas relevantes (Cervantes, El Cid, Santa Teresa de Jesús, Colón… eran catalanes, según el archi llepasubvens Institut Nova Història).

En este devaneo sino delirio del todo es posible, de somiar truites, de la ensoñación, de la impunidad, de jugar al poker, ir de farol e incrementar siempre la apuesta, de tener detrás un gobierno regional y una subvención, se entiende que -ante la derrota de su golpe de Estado en otoño de 2017- una parte de los efectivos separatistas van a tener un difícil aterrizaje personal-psicológico y grupal-político en la realidad.

Los Comités de Defensa de la República (CDR), sucesores de los Comités de Defensa del Referéndum, y el Tsunami Democrático parecen ser semejantes y poco distintos de Junts per Catalunya (antigua CiU) y de ERC. Los CDR compiten con Arran en el avasallamiento, violencia, barricada, escrache y terror. La policía y la justicia determinarán la estructura organizativa -férrea y muy nutrida de recursos tecnológicos- y las responsabilidades de cada quien en la destrucción y quema de Barcelona y la parálisis de Cataluña durante octubre y noviembre 2019.

De ahí que los más selectos de entre ellos produjesen graves incidentes en el otoño de 2019, con la excusa de la sentencia del juicio sobre el golpe de Estado de 2017. Fue posible gracias a la aquiescencia del gobierno de la Generalitat y de su policía Mossos d’Esquadra, de la guardia urbana de Barcelona y a la ausencia de la Policía Nacional y la Guardia Civil, que el gobierno de España tampoco empleó.

Por tanto, efectivamente, tras el gradual declive de varios centenares de miles de desfilantes separatistas pacíficos y familiares y del gradual declive del número de votantes independentistas se hace visible un poso de varios miles de guerrilleros separatistas urbanos. Del pacifismo y la fiesta a la rebelión y la violencia. El odio y el discurso que violentan han dejado paso a la violencia en la calle, en los hechos. Cataluña es una gigantesca hoguera verbal y a veces real, con llamados repetidos a la guerra civil.

Para los separatistas es esencial que no se manifieste ninguna contradicción a su mensaje. Deben mostrar la supremacía del (dis)curso independentista. A pesar de su evidente falsedad, de su falta de respeto a los no independentistas, de la violación de las libertades y los derechos de las personas, así como de su carácter minoritario (47,5 % de los votantes en 2017 y 34,5 % de los encuestados en julio 2019).

La supremacía separatista la imponen de todos los modos posibles, incluida la violencia si es ‘necesario’. En el primer semestre de 2019 hubo en Cataluña 189 actos de violencia política (Observatorio Cívico de la Violencia Política en Cataluña – Impulso Ciudadano (2019), Informe sobre violencia política en Cataluña. Primer semestre de 2019.

La violencia conceptual de los separatistas catalanes es terrorismo soft y la violencia física de los separatistas catalanes es violencia hard. Persiguen avasallar, imponer, mostrar quien domina y manda, y erigir un mundo paralelo y contrario a la razón y la ley. La imposición del credo, dogma, liturgia y poder independentistas se dirige a:

  • A. Las personas, básicamente con delitos de odio, señalamiento, discriminación y escraches a:
  • Constitucionalistas, sean líderes o compañeros de trabajo, familiares o caminantes.
  • Partidos políticos constitucionalistas, sus líderes, sedes y actos.
  • Padres que solicitaron para sus hijos que se cumpla la ley que debería garantizar un 25 % de enseñanza en español.
  • Jueces.
  • Policías nacionales y guardias civiles residentes en sus cuarteles y en hoteles de Cataluña durante el otoño 2017.
  • Portando los separatistas lazos amarillos en la solapa, señal autoimpuesta.
  • Señalamiento, desprecio, escraches a artistas, deportistas, empresarios, profesores y escritores.
  • B. Conquista y control del territorio, básicamente ocupándolo con:
  • Banderas esteladas: en balcones particulares, en instituciones públicas, en las calles, plazas, rotondas y cualquier espacio público o visible.
  • Lazos y churros amarillos en las fachadas de edificios privados y públicos.
  • Pancartas con sus sucesivos lemas: referèndum, Sí, Sí-Sí, independència, presos polítics
  • Cruces amarillas en playas, plazas y parques.
  • Ocupación del espacio urbano y destrucción del mobiliario.
  • Sabotaje de infraestructuras.
  • Enfrentamiento a las fuerzas de orden público mostrando su capacidad de control.
  • C. Control de los medios de comunicación y de la enseñanza, básicamente:
  • Orientación de todos los programas de televisión y radio, en todas las franjas horarias.
  • Presencia permanente de la Generalitat en los mensajes publicitarios: la Generalitat al teu costat… (sic).
  • Inmersión lingüística sólo en catalán.
  • Adoctrinamiento de los escolares.
  • Amedrentamiento de los universitarios.
  • D. Control de todas las instituciones políticas y de la sociedad civil:
  • Secuestro de todas y cada una de las entidades, clubes y asociaciones e imposición del dogma, credo, liturgia y poder separatistas.

Para el separatismo, poca distancia hay entre la violencia (buena y catártica) y el terror soft hard (necesaria, impuesta por el enemigo). Ambos son clave para mostrar quien manda aquí, y para hacer bien visibles las consecuencias de no comulgar con su credo, dogma, liturgia y poder. Es el secuestro de la sociedad entera y la banalidad del mal.

La lluvia fina de odio abre la espiral de violencia: “[…] La violencia más destructiva para una sociedad no es un acontecimiento aislado, por terrible que sea. Es una fina lluvia de odio: hechos “banales”; pequeñas agresiones psicológicas (por ejemplo, boicots, amenazas) o simbólicas (por ejemplo, ridiculizaciones). Luego vandalismo o calumnias difundidas en los medios sociales. A continuación, agresiones físicas puntuales, aparentes “peleas de muchachos”.” (Hannah Arendt (1951), Los orígenes del totalitarismo, Madrid, Alianza Editorial, 2006.)

Todo sirve para afirmar el poder de los independentistas, una parte de la cual es el control del territorio y de las personas. El control del territorio y de las personas es uno de los requisitos para que un Estado sea reconocido como tal e independiente. La presencia de la Administración general o central del Estado español, en sus símbolos y en sus tareas, es nula en casi todo el territorio catalán. El Estado español lleva más de tres décadas desaparecido de Cataluña. Los separatistas llevan más de tres décadas de ocupación de Cataluña. Luego, sería tiempo suficiente para la usucapión de Cataluña por los separatistas. (A este propósito, ver Araceli Mangas Martin, (2014), “Cataluña: ¿No habrá independencia?”, El Cronista del Estado Social y Democrático de Derecho, n. 42, pp. 54-65.)

El enfrentamiento sirve para mostrar la capacidad y la peligrosidad reales alcanzada por el separatismo. Le da visibilidad en los medios de comunicación. Al fin, los hijos del régimen separatista catalán erigido desde 1980, los chicos de la gasolina, sacuden el árbol, y los líderes, cargos y subvencionados independentistas recogen las nueces.

El odio, el amedrentamiento, la violencia, el terror soft y hard son un modo esencial de contribuir a la confrontación entre catalanes, y al declive, descomposición, deconstrucción, destrucción, des-estructuración, decadencia y ruina de Cataluña.

Conclusiones

  • Barcelona no es crema! ¡Barcelona no se quema! clamaba espontáneamente la gente en la gran manifestación constitucionalista del 27 de octubre 2019.
  • El odio, la violencia verbal y física, el terror soft hard es inherente al totalitarismo separatista: de este modo muestra su capacidad de imposición, el coste de oponerse a los nuevos amos separatistas, aparenta unanimidad e ineluctabilidad de la independencia, muestra el control sobre la gente y sobre el territorio, elementos de la soberanía que desean conquistar.

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