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‘Eugenio d’Ors’: «Reivindico firmemente el papel de los ‘trolls’ en Twitter. Yo soy uno de ellos»

Es uno de los perfiles españoles con más éxito en Twitter, no deja títere con cabeza y lo mismo habla del muñeco Trapillo que de Quim Torra

Con más de 106.000 seguidores, el perfil de Eugenio d’Ors en Twitter, la antaño red social más insolente del mundo, es hoy en día uno de los más divertidos. Sus hilos de tuits sobre la vida cotidiana permiten al lector identificarse rápidamente con el autor. El horror de los grupos de Whatsapp del colegio, el terror de las tareas extra como el cuidado de Trapillo o la experiencia límite de controlar en una acampada a esos seres a los que Serrat pedía dejar de joder con la pelota nos resultan a todos conocidos. Y es precisamente eso, la cercanía, la que ha dado al anónimo autor de esta cuenta la capacidad de atraer a tantos tuiteros. Pero Eugenio d’Ors también opina de política. Y eso, siendo catalán y viviendo en Cataluña, es siempre arriesgado. Incluso en Twitter. De ahí que ni en la plataforma ni en esta entrevista desvele su nombre real. Si sus hilos sobre la familia son una delicia, los relativos a la actualidad, sobre todo catalana, obligan a reflexionar hasta al más desinformado.

Es usted uno de los tuiteros más seguidos en estos momentos en España. ¿Qué significa eso a nivel personal?  

Me divierte. Pero vamos, que me divertía igual cuando tenía 1.000 seguidores. Es agradable que te lean, pero tampoco escribo pensando en que llegará a más o menos gente. También es agradable ver que hay muchos seguidores que comparten tus ideas o que se ríen de tus ocurrencias. He hecho muchas amistades. Twitter es un gran ejemplo de cómo una red social puede forjar vínculos que de otra manera sería difícil establecer. Más allá de eso, sigo yendo al lavabo normal y me ducho por las mañanas.

¿Cuál es el origen de la cuenta ‘Eugenio d’Ors’? ¿Esperaba usted llegar a donde ha llegado? 

El origen me imagino que como el de la gran mayoría: abrí una cuenta para divertirme leyendo humor. El tema se puso serio durante el atentado de Barcelona de agosto de 2017. Ahí comencé a darle a Twitter otra utilidad: la de la información en tiempo real. Me fui animando y luego llegó el 1 de octubre, con sus antecedentes inmediatos y sus consecuencias. Ahí ya vi que podía utilizar la red para expresar libremente mis opiniones gracias al anonimato, que podía dirigirme directamente a políticos y periodistas y que, a veces, increíblemente, me leían. Eso me enganchó. Comprobé que la sátira política gustaba, que la ironía era muy valorada y que la gente me empezaba a seguir. Como, además, me gusta escribir y debatir, qué mejor que una plataforma en la que la gente interactúa para contar cosas y luego entrar al trapo. 

¿Por qué el anonimato? 

Porque gracias al anonimato me puedo expresar libremente, sobre todo si vivo en Cataluña. Me desagradan las situaciones tensas y yo sé que, si no escribiera bajo anonimato, se hubiesen creado muchas escenas desagradables en mi entorno. Eso no quiere decir que esconda mis ideas, pero supongo que no sorprendo a nadie si digo que mi forma de tuitear genera rabia y odio en muchas personas poco democráticas, por decirlo de un modo suave. 

Se puede hacer humor con nuestras cosas cotidianas. Se trata de contarlo con sencillez y sin demasiados ornamentos.

‘Eugenio d’Ors’

Su cuenta tiene un elemento muy atractivo que son los hilos de tuits. Sobre todo cuando estos tienen que ver con asuntos cotidianos como el colegio de los hijos o los viajes con ellos. ¿A qué achaca el éxito? 

Precisamente por eso, porque son situaciones cotidianas que comparte mucha gente y se sienten reflejados. También está ese punto cabrón de pensar: «Jajaja, mira este desgraciado, qué cosas le pasan». En general, yo creo que se puede hacer humor con nuestras pequeñas cosas cotidianas. Se trata de contarlo con sencillez y sin demasiados ornamentos. En Twitter hay que escribir como si lo estuvieras explicando oralmente, porque así lo lee la gente.

Cuando nació Twitter, era un espacio en el que, sobre todo, imperaban el humor negro, los mensajes irreverentes… No había apenas temas que merecieran el más mínimo respeto. Pero hoy las cosas son muy diferentes. ¿Comparte esta opinión? Y, si es así, ¿a qué cree que es debido? 

Yo creo que Twitter tuvo su gran despegue cuando se comenzaron a utilizar la ironía y el sarcasmo, ciertamente. A veces de una forma brutal. Había grandes tuiteros, pero también grandes trolls. Reivindico firmemente el papel de los trolls. Yo mismo soy uno de ellos. Ahora sigue habiendo una cosa y la otra, pero con un tercer elemento añadido: un gran sector que se dedica a reportar tuits sacados de contexto, o que contienen palabras que pueden parecer insultantes, y que a menudo lo son, pero que forman parte de nuestra cultura del cuerpo a cuerpo. Eso limita mucho la interacción entre usuarios. Creo que debe haber límites, que son los que marcan la ley y el Código Penal.

Twitter tuvo su gran despegue cuando se comenzaron a utilizar la ironía y el sarcasmo. Había grandes tuiteros pero también grandes ‘trolls’.

‘Eugenio d’Ors’

¿Ha tenido alguna vez ganas de cerrar la cuenta y olvidarse de todo lo relacionado con esta red social? 

No. He pasado por momentos de tedio, eso es inevitable. Pero cerrar la cuenta no. Es un instrumento maravilloso para informarte de la actualidad y de lo que no es actualidad.

Si tuviera que invitar a alguien a abrirse una cuenta en Twitter, ¿cómo lo haría? ¿Cómo describiría esto? 

Si alguna vez he invitado a alguien a abrirse una cuenta, es básicamente por las risas. Pero reconozco que la empresa es difícil y suele fracasar. Twitter necesita un rodaje para pillarle la chicha y la primera experiencia suele ser frustrante. Muchos me dicen que es una mierda y no vuelven a entrar. Así que las invitaciones no funcionan. Si alguien tiene interés, que la abra. O que la abra interactuando con sus amigos y conocidos.

¿Y qué es lo peor de la red?  

Lo peor de la red, tanto de Twitter como de Facebook, es que están dejando de ser una plataforma neutra y se están adentrando en terrenos, cuanto menos, inquietantes. Se están censurando contenidos, se han puesto de moda las palabras bulo, fake, y en base a eso se está limitando la capacidad de generar opinión. Me da igual en el sentido que sea. Se han hecho contratos con empresas de verificación de datos que tienen detrás una marcada tendencia política. ¿Quién verifica los datos que se dan en un telediario o en un periódico? La propia audiencia, si es inteligente, los contrasta. Y si no lo es, tiene un problema. Pero el resto no necesitamos un chupete.

Se han hecho contratos con empresas de verificación que tienen detrás una marcada tendencia política.

‘Eugenio d’Ors’

Le han cerrado varias veces la cuenta en los últimos meses. ¿Tiene idea de por qué ha sucedido? ¿Le ha llevado esto a la autocensura?  

Por lo que he dicho anteriormente: hay gente que se dedica exclusivamente a denunciar tuits. Son vidas tristes, apagadas, frustradas, aburridas, oscuras. Gilipollas, vamos. Hay que sortearlos. Yo rezo por ellos.

En los últimos días, hemos visto cómo se convertían en el mal ‘Lo que el viento se llevó’, Winston Churchill y Cristóbal Colón. ¿Es el minuto de gloria de los ofendiditos? 

¡Uy, si tienen varios momentos de gloria a la semana! Qué sería de Twitter sin los maestros ciruelas, los ofendidos porque has tocado su tema estrella, los escandalizados porque te sales del pensamiento único, los que se rasgan las vestiduras por un quítame ahí esas pajas, los puritanos, los rigurosos, los que no pillan la ironía, los que te dicen sobré qué tienes que escribir. Si te gusta provocar y polemizar, la diversión está servida. Y si, encima, tu forma de pensar está en las antípodas de lo común y te importa un pimiento lo que te digan, es una explosión de luz y de color. 

  

 

 

  

 

 

 

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