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Mariàngela Vilallonga monta un drama

La consejera de Cultura afirmó, en declaraciones a Ser Catalunya, que ve «demasiado castellano en TV3»

La consellera de Cultura de la Generalitat, Mariàngela Vilallonga/ Europa Press

La consejera de Cultura afirmó ayer, en declaraciones a Ser Catalunya, que ve «demasiado castellano en TV3», donde muchas veces «no sabes si estás viendo una cadena estatal o una cadena catalana». 

Se ha desatado estos días una polémica bastante artificial a propósito de una serie titulada Drama, producida por RTVE y que ha empezado a emitir TV3. En sus diálogos, convive el uso del catalán y del castellano. Lo que para unos es simple reflejo de la realidad lingüística en Cataluña, para otros es renuncia a la función normalizadora del catalán que tiene encomendada TV3. 

En El Nacional, sorprendentemente, apareció una opinión alejada de la indignación catalanista, la de Pau Cusí —Última hora: hay gente que se droga, folla y habla en castellano—: «A pesar de que en un país como Cataluña (y en una ciudad como Barcelona) el catalán y el castellano se mezclan de manera irremediable constantemente, ayer, durante el estreno de la serie, un ejército de usuarios tildó intolerable, molesto e incluso denunciable que la protagonista utilizara la lengua de Cervantes mientras echaba un polvo. Lo que me hace pensar dos cosas: o bien los espectadores de TV3 solo follan con resurrecciones de Daniel Cardona, o bien todos ellos todavía se creen la fábula de la normalización lingüística. Conociendo la alarmante tendencia de los catalanes a cultivar dogmas no correspondidos, me inclino por la segunda opción

Tampoco deja de sorprender que Mònica Planas, en el Ara L’autèntic drama de TV3— acepte tan fácilmente que la televisión antes llamada «la nostra» incremente la presencia de la lengua castellana en sus series: «Es imprescindible que una de las funciones de TV3 sea normalizar y fomentar el uso social del catalán a través de sus profesionales y en los informativos y programas de la cadena. La ficción puede ser más flexible siempre que la presencia y normalidad del catalán sea tenida en cuenta.»

Hace muchas años y muchas series que en TV3 hay personajes que hablan en castellano. ¿Es posible que en ésta se haya llegado a un punto crítico que ha provocado una reacción en los espectadores habituales? ¿Temen tal vez que la excepción se convierta en la regla, que dejemos de ver series en catalán donde alguien se expresa en castellano y empecemos a ver series en castellano donde alguien se expresa en catalán?

Una reserva lingüística protegida

En Vilaweb recogen algunas opiniones —‘Drama’ o la incursió gradual del castellà en la televisió que normalitzava el català—, que van desde «sólo es una cuestión de mercado» a «la intuición que TV3 es la última reserva lingüística protegida en un ambiente en el que el catalán desaparece de las aulas y los calles».

Hay quien cree que «es un error a gran escala normalizar el bilingüismo, que se convierte en una forma de enmascarar la voluntad de hacer que los monolingües castellanohablantes no sientan ni un poco de vergüenza por no hacer un mínimo esfuerzo lingüístico y que los catalanohablantes estén encantados de hablar castellano en todas partes», pero al director de TV3 no le preocupa mucho el tema: «¿Que hay una percepción social que ahora se habla más castellano en Barcelona? Esto no nos corresponde decirlo a nosotros. A mí me preocuparía, porque querría decir que tantos años de inmersión lingüística no han acabado de funcionar. Yo no sé si se habla más castellano en Barcelona. Pero TV3 es un reflejo de la realidad a todos los niveles.»

Vicent Partal cree que no se puede normalizar el catalán sin desnormalizar el español y el francés. Su punto de partida es algo sorprendente: «En el estado español los catalanohablantes representamos el 20% de la población, por lo que el día que todas las televisiones españolas ofrezcan un 20% de la programación en catalán, ya hablaremos.» ¿Existen 9.200.000 catalanohablantes en España? 

Y subraya netamente el trasfondo político de la cuestión: «Esta actitud normalizadora del español es una tendencia visible y bien viva desde que Oriol Junqueras, en un famoso artículo en El Periódico, decidió que la República Catalana tendría también el castellano como lengua oficial, y Carles Puigdemont lo aceptó, sin matices.» 

Se refiere probablemente a éste: El castellano y la República catalana, del 2012, donde Junqueras afirmaba: «Dejémoslo claro de entrada, en la Catalunya independiente el catalán será la lengua propia y oficial del país, la lengua común de todos. Pero el castellano también será oficial en la República catalana. Evidentemente, por si alguien tenía alguna duda.» Entonces, Carles Puigdemont sólo llevaba un año en la alcaldía de Girona, y no introdujo matices.

La polémica sobre esta serie en concreto refleja un conflicto interno, otro más, en el mundo independentista: el que enfrenta a los defensores a ultranza de la lengua catalana con los que, más pragmáticos, entienden la necesidad de seducir al elector que sólo habla en castellano —lo llaman «ampliar la base»—. Tal vez la serie no ha aparecido ahora por casualidad en TV3, sino teniendo en mente la proximidad de la campaña electoral en Cataluña. ¿Lo veis, como la televisión catalana también habla en castellano?

Partal cree que en ningún caso TV3 debería renunciar al unilingüismo catalán: «La proximidad de la república y los intereses electorales están detrás de esta voluntad bilingüista de tanto riesgo, que va contra el análisis realizado siempre por el catalanismo y que arroja una hipoteca terrible a nuestro futuro como nación, como cultura, como comunidad (…) Porque sin nación no hay ni habrá nunca independencia. Y sin lengua y conciencia no habrá nación.» ¿Intereses electorales de por medio? Es probable. ¿Proximidad de la república? Eso ya es ficción.

Para qué sirve una televisión pública

Es curioso que en la época de Netflix nos estemos preocupando tanto por una serie que se emite gratuitamente por una televisión pública. Y más todavía que no nos preguntemos por qué una televisión pública emite una serie de ficción. De ficción de anar por casa, no como las de la BBC. Por lo que cuentan, la serie Drama va de una chica que se queda embarazada, no sabe de quién, y anda buscando al responsable para hacerle partícipe del aborto. Lina Morgan habría bordado el papel.

En 1947, un año antes de las primeras pruebas de la televisión en España, para ir preparando el terreno, se popularizó una canción que empezaba diciendo: «La televisión, pronto llegará. Yo te cantaré y tú me verás». Y llegó, en los años 60. Entonces la televisión, primero con un único canal, luego con dos, daba de todo: información (dentro de lo que cabía), espectáculo (dentro de la decencia), novelas (adaptación de grandes obras), teatro, concursos y balompié. Las televisiones privadas no llegaron hasta los 90, muy tarde, porque los gobiernos de entonces tenían pánico a perder el monopolio televisivo. 

Antes empezó el llamado tercer canal —de ahí que la televisión catalana se llame TV3—, público y autonómico, que en Cataluña existe desde 1984. Su lengua habitual ha sido siempre el catalán. Su existencia siempre se ha entendido como un instrumento para normalizar el uso de catalán y compensar las décadas en que fue apartado de la vida pública y oficial. Y TV3, como TVE, ha dado de todo: información, espectáculo, deportes y series de ficción. 

Esto ha tenido sentido durante pongamos un cuarto de siglo. La normalización —excesiva para unos, insuficiente para otros, ignorada por muchos— ya se ha producido. La lengua catalana es oficial en Cataluña, forma parte de la enseñanza obligatoria, existe en la prensa y en internet. Debería volar sola. No debería necesitar una televisión dependiente del gobierno autonómico, que la usa para lo que se usan habitualmente las televisiones públicas: para divulgar lo que le conviene y esconder lo que le incomoda. 

Siempre se ha dicho que una lengua es un mercado; si no lo tiene, si sus hablantes no aspiran a tenerlo, no se salvará viviendo artificialmente en una «reserva lingüística protegida». Lo único que debería dar sentido a una televisión pública es la información y la cultura. No el negocio publicitario, no los programas de humor, no los programas del corazón, no las comedias de situación, no el balompié. Para esa están docenas de canales, de pago o no. 

TV3, como televisión pública y como televisión únicamente en catalán, tiene todavía sentido, pero no compitiendo con las privadas en el terreno de la ficción y el espectáculo. Igual que TVE en su ámbito.

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