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Ignasi Guardans: «El cocktail del independentismo se acerca más a la locura que a la política»

Jurista, político, profesor, colaborador en medios, activista de la reflexión y la cultura, el ex convergente charla con 'El Liberal' sobre la red social y la actualidad

Vista del perfil de Ignasi Guardans en Twitter.
Vista del perfil de Ignasi Guardans en Twitter.

A sus 56 años, el barcelonés Ignasi Guardans es un usuario activo de la red social Twitter. Jurista, politico, activista de la reflexión y la cultura, nieto del histórico Francesc Cambó, Guardans es, en su charla con El Liberal, fundamentalmente concreto. No parece que le guste irse por las ramas y tiene claro que lo que sucede en Cataluña tiene culpables con nombres y apellidos a uno y a otro lado. Dice haber bloqueado a «centenares de tuiteros» por sus ataques personales. Ataques procedentes, sobre todo, de independentistas incapaces de aceptar la más mínima crítica. Y menos si esta viene de alguien que, como Ignasi Guardans, militó y fué diputado autonómico y al Congreso además de eurodiputado, en aquella Convergència de Jordi Pujol y Artur Mas que, como partido, supo trabajar tanto para Cataluña como para España.

Es usted un político con cuenta en Twitter desde 2010. ¿Qué le llevó a entrar en la red?

En la red estaba pero fue Bibiana Aído quien, siendo ministra, me explicó cómo funcionaba de verdad Twitter porque yo no lo acababa de entender. Yo director general de Cine. Fue entonces cuando empecé a tomarme Twitter en serio. Lo que me da la red es una forma de comunicar. En vez de una columna en un periódico, tengo Twitter. Es también una forma de escuchar. La red es para hablar, decir lo que pienso, que a veces gusta y a veces no. Pero también tengo una selección de gente a la que sigo, en España y en el mundo, que me dan información. Twitter me da así un cierto pulso de la sociedad. Cuando se selecciona bien, eso es lo que tiene.

¿Cómo cree que ha evolucionado la red desde que abrió la cuenta hasta hoy?

Ha ganado muchísimo en importancia. Ha ganado en centralidad en el sentido de esta importancia. Ahora es el eje sin el cual no se pueden entender muchas cosas. Pero también es cierto que se ha agriado, se ha encabronado de una forma tremenda. Sin embargo, todo depende de cómo seleccione uno a quien escucha. Yo tengo a centenares de personas bloqueadas. Lo hacía antes de que existiera la posibilidad de silenciar. Si uno controla a quien lee y expulsa a los que gritan, se puede sobrevivir. Si no, yo entiendo a la gente que considera que Twitter se ha estropeado y se ha convertido en algo amargo.

En España, Twitter tiene el tono de una bronca de bar. Una discusión en un bar español tiene poco que ver con otra en Copenhague ante un vino.

Ignasi Guardans

Cuando usted abrió la cuenta, Twitter era un sitio en el que había barra libre y en el que las cosas se solían plantear desde el sentido del humor.

A ver, tampoco hemos de exagerar. Twitter era lo que es. Como toda red social, depende del volumen. Su fuerza depende del volumen de usuarios y de la calidad de los mismos. Hoy no hay líder de opinión, comunicador, político ni casi institución que no se comunique a través de Twitter. En ese sentido, es infinitamente más rico de lo que era. Eso también ha atraído a gente con menos sentido de la responsabilidad y con más acritud. Twitter, en realidad, refleja la sociedad que tenemos. El Twitter de España es distinto del de Alemania o del de Dinamarca.

Yo tengo la suerte de seguir cuentas de diferentes países y entras a ver el debate en distintos ámbitos. Y me doy cuenta de que Twitter en España tiene el tono de una bronca de bar. Los bares españoles no tienen nada que ver  con un pub británico y una discusión de bar en España tiene poco que ver con la misma discusión en Copenhage ante un vino blanco. Todo eso se refleja en Twitter, en el tono, en la interacción, en el tuteo, en las preguntas, la franqueza… El Twitter español, no digo que refleje a España entera, pero sí a una parte muy importante y se ve cómo somos y cómo comunicamos. Eso es parte de su grandeza.

Dice que tiene a varios centenares de tuiteros bloqueados. ¿Qué tiene que suceder para que bloquee a alguien?

Hoy no aguanto nada. En cuanto hay un insulto, bloqueo. No hay tarjeta roja. Durante un tiempo, sí lo hice pero, en cuanto hay ataque personal o insulto, bloqueo. Puedo aceptar una falta de educación, dar una opción, pero con lo demás no.

¿Recibe muchos ataques personales?

Sí que recibo, sí. Evidentemente, mucho de esto tiene que ver con el debate sobre la independencia de Cataluña, que me ha generado una cierta agresividad importante en Twitter. Pero también recibo ataques de la extrema derecha en determinados casos. No obstante, no voy a ocultar que la mayoría de los bloqueados son gente del entorno independentista.

El independentista cabreado es mucho más agresivo que otra persona que esté enfadada porque considere que la sociedad es injusta.

Ignasi Guardans

No dejan de ser los extremos que tenemos en España.

Sí, pero hay más extremos. Depende del eje de coordenadas que use. Pero, efectivamente, sí. De todos modos, no es un problema de extremos de opiniones sino de extremos en la agresividad. Y, efectivamente, el independentista cabreado es mucho más agresivo que otra persona que esté cabreada por frustración social o que considere que la sociedad es injusta. Una persona que, por ejemplo, quiera cambiar la sociedad desde el punto de vista de la izquierda está menos cabreada en Twitter que un independentista. Es un problema de cómo se manifiesta el cabreo, no solo de extremos.

¿Practica usted la autocensura en esta red?

¡Sí, muchísimo! Practico la autocensura al intentar pensar dos veces cuando estoy cabreado porque, efectivamente, me pueden salir tuits de los que luego me arrepiento. Además, creo que es de sentido común. Sobre todo cuando uno ve la repercusión de sus mensajes. He tenido tuits que, en dos o tres días, han tenido 300.000 visionados. Cuando te das cuenta de que 300.000 personas van a ver lo que escribes, te lo piensas dos veces. Se llama sentido de responsabilidad. No es un defecto sino, más bien, lo contrario. 

Usted viene de la antigua Convergència. ¿Qué siente cuando ve en qué se ha convertido su partido o lo que está pasando? Supongo que en algún momento se habrá preguntado cómo han llegado a donde han llegado.

Yo no he cambiado en nada. Le pongo un ejemplo muy sencillo. Yo podría volver a votar el 95% de todas las cosas que he votado en mi vida en los parlamentos en los que he estado. Alguna me lo volvería a pensar, pero sí, volvería a votar igual. Por tanto, quien ha cambiado no soy yo. Son los demás, que jamás votarían ni un tercio de lo que votaron. Le hablo de Artur Mas y de lo que queda de ese partido que se llamó Convergència. Son ellos los que se han echado al monte y yo sigo donde estaba. Es muy importante aclarar esto porque es una cuestión de coherencia. 

Todo se ha echado por la borda con unos planteamientos más propios de una secta y de una convicción de fe que de una realidad política.

Ignasi Guardans

¿Qué me provoca esto? Pues me provoca frustración, claro. También dolor. Es lógico cuando ves que se han perdido muchos años de trabajo, muchos años de ejemplaridad política. Se ha perdido un papel que fue muy útil y que hizo mucho bien por el bienestar del conjunto de España y de Cataluña. Todo eso se ha echado por la borda con unos planteamientos más propios de una secta y de una convicción de fe que de una realidad política. Ese tipo de histrionismo que nace de la pasión y de una serie de ideas me parece dañino para Cataluña y para el conjunto de España. 

De cualquier manera, en términos personales, me provoca pena y dolor. Pero tengo una profunda tranquilidad de conciencia. Yo estoy exactamente donde estaba cuando empecé con esto en 1996.

El rebrote de COVID-19 de Lleida se ha convertido en un conflicto político y jurídico. ¿Qué opina de esta situación?

Hay una mezcla de pésima gestión política y administrativa. ¡Absolutamente chapucera! Y a esto se suma un problema social objetivo que es el de los temporeros. Es un problema que existía antes del virus pero al que el virus ha puesto en el foco. Hay una pésima solución al problema por parte de la Generalitat. Luego está la cuestión de que los gobernantes que hay en Cataluña en este momento son incapaces de ver las cosas desde la solución más sencilla y lo miran todo desde su obsesión contra España y el Estado. Eso perturba todo. Es como tener un cristal de colores que te hace ver la vida absolutamente deformada. Y las lentes deformadas de Quim Torra y su equipo lo único que hacen es complicar la vida a los ciudadanos, que es lo que está ocurriendo ahora.

Tenemos elecciones a la vista, aunque aún no sepamos la fecha. Carles Puigdemont intenta agrupar a todo el independentismo bajo unas mismas siglas. ERC le ha dicho que no y el PDeCAT tampoco lo tiene claro. ¿Hacia dónde cree que van la derecha y el centro independentistas en estos momentos?

Es difícil de saber porque como no es racional… Yo me siento más cómodo intentando predecir o analizar situaciones que se basan en la racionalidad y todo lo que ocurre con el independentismo catalán tiene muy poco de racional. Es todo visceral, tiene que ver con los egos, con las envidias, con el quítate tú para que me ponga yo, con un exceso de autoestima y, a la vez, con inseguridades y con miedos. Ese cocktail, que tiene mucho de emocional, se acerca más a la locura que a la política. Por eso en este momento no sé lo que pasará. Sin embargo, sí creo que Puigdemont hará su partido. Los herederos de lo que fue en su momento Convergència se suman a eso porque no tienen ni fuerza ni carácter para oponerse. Tienen miedo a ser apedreados.

El miedo al que dirán es uno de los motores más importantes del independentismo. Lo fue para Puigdemont el día que declaró la independencia.

Ignasi Guardans

El miedo al que dirán es uno de los motores más importantes del independentismo. Lo fue para Puigdemont el día famoso de la declaración de independencia y lo ha seguido siendo. El miedo a que te apedreen los tuyos. Y eso se le aplica al PDeCAT. Por tanto, creo que esta mezcla de elementos puede llevar a que ERC vaya por un lado y, por el otro, algún tipo de candidatura independentista alrededor de la figura de Puigdemont. Es lo verosímil. En ese entorno es probable que sigamos donde estamos. El independentismo de ERC y el de Puigdemont y sus satélites.

Tal y como los describe, cualquier psicólogo los calificaría de narcisistas.

El adjetivo no lo pongo yo. Pero es verdad que el independentismo es un campo de cultivo y de análisis muy importante para psicólogos. Es algo que estamos viendo en otros lugares. Por ejemplo, en Londres, con el Partido Conservador británico. Ni siquiera en eso son originales. Toman decisiones basadas más en el dogma que en la realidad de las cosas. Y sí, creo que hay un exceso de autoestima, de autoconvicción.

Hay también un odio irracional al de enfrente, que impide elaborar propuestas políticas mínimamente sensatas. Y hay muchísimo miedo a desaparecer. No le ocurre solo a Puigdemont. Se juegan su propia desaparición y eso es una situación muy extraña en política. Cuando uno está en política, hace propuestas. Pero, en el actual entorno del independentismo, quien no lidera tiene la sensación de que será tachado y expulsado. Son constantes juegos de supervivencia. Todos ellos juegan por su supervivencia y eso distorsiona tremendamente. 

Si Puigdemont ganara las elecciones, ¿podría repetirse un escenario como el del otoño de 2017?

Yo no hago política ficción. Puigdemont, entre otras cosas, no va a volver a España en muchos años. Y ya hemos visto eso, es parte del teatro y la ficción en el que están. Pero el sistema parlamentario es el que es y lo que ocurrió no puede volver a ocurrir. ¿Pueden seguir ocurriendo cosas nefastas? Sí porque, cuando pones a locos al timón, puede suceder cualquier cosa. Pero aquello no se volverá a repetir. Me parece impensable porque ya saben cómo acaba, ya saben en qué cárcel acaba. Y como lo saben todos, no creo que lo vuelvan a repetir. Pero sí que pueden poner en práctica otros escenarios muy dañinos para la convivencia y para el progreso.

Lo de 2017 no se volverá a repetir porque ya saben en qué cárcel acaba. Pero pueden poner en práctica otros escenarios muy dañinos.

Ignasi Guardans

¿Como cuáles?

La parálisis, la desobediencia, la incapacidad de construir nada positivo, la incapacidad de proponer. Viene una crisis económica que es la mayor que han visto España y Cataluña en 100 años. Es verdad que estamos mejor ahora que en 1940. Pero, en términos de sacudida económica, no hay precedente. Y, por tanto, todo lo que no sea construir y reconstruir es dañino y es destrozar el país y su economía. No está en juego la declaración de independencia en un balcón sino tener un gobierno capaz de llevar a Cataluña como motor económico de España, que lo ha sido y debe seguir siéndolo, hacia el progreso o contribuir a su hundimiento de una forma que va a costar mucho recuperar.

¿Podría ERC volver a gobernar con el partido de Puigdemont o le parece que está más cerca de un tripartito que le haga aparcar, de momento, la locura separatista?

Todo dependerá de los resultados. En democracia, nada vale mientras no haya resultados. Cualquier escenario es posible en función de los resultados. Si el independentismo suma, sumará. Pero, claro, si no suma, intentarán otra cosa. 

No parece muy arriesgado aventurar que un frente constitucionalista en Cataluña, a día de hoy, no tiene muchas posibilidades de gobernar.

No sé qué son los frentes. No es un tema de montar alianzas. Esto es una cuestión de resultados. Lo mismo que vale para el independentismo vale para el no independentismo. El que quiera un cambio en Cataluña tiene que ganar elecciones. El PP está haciendo todo lo posible por perder elecciones. Y Ciudadanos sigue haciendo lo posible por perder elecciones. En lugar de llorar porque no existe el frente, lo que tienen que hacer es intentar conocer a la sociedad a la que le piden el voto y ganarlo. Y cuando haya suficientes votos, entonces se podrá hablar de cambio.

Todos los que hacen por perder votos en Cataluña son corresponsables del independentismo. Casado es directamente responsable.

Ignasi Guardans

Mientras tanto, todos los que hacen por perder votos en Cataluña, son corresponsables del independentismo catalán. Pablo Casado es directamente responsable de la situación en Cataluña. Son incapaces de entender cómo se ganan elecciones aquí. No creo que sea una problema de hacer frentes o pactos, es solo ganar elecciones. Y el PP no quiere ganarlas ni en Cataluña ni en Euskadi. Prefiere envolverse en su propia bandera. Y con eso le da la razón a aquellos que dicen querer romper.

El caso de Ciudadanos es diferente. Ahora mismo lidera la oposición en el Parlament.

Empieza a ser diferente. Pero está por ver. Todavía es un poco prematuro para saber cuál es el Ciudadanos que va a competir en Cataluña. 

Plantea usted un escenario deprimente para los no independentistas.

Es que yo estoy muy harto de la gente que da lecciones diciendo cómo tendrían que ser las cosas en Cataluña y que se arregla con no sé qué pacto. No se dan cuenta de que en Cataluña, como en todos los lados, hay que ganar elecciones y conseguir que no las ganen otros. Y eso se hará atendiendo a la sociedad a la que le pides el voto. El que desprecia a la sociedad a la que le pide el voto, no tendrá votos. ¡Es sencillo de entender!

¿Pero qué hace falta para eso? Entiendo que, en el caso del PP, usted habla de no querer ganar por cuestiones como el recurso contra el Estatut o su rechazo a la política lingüística.

¡Hay que convencer! En Galicia el PP ha propuesto cosas y ha ganado. En Euskadi, ha dicho lo que quiere impedir y ha perdido. Es sencillo. Si vas a elecciones solo para impedir cosas, pierdes. Si vas para proponer, ganas. En Cataluña, como en Euskadi, el PP no propone nada. Solo se presenta a las elecciones para impedir, para atacar, para frenar. En Galicia genera ilusiones porque propone acción de gobierno.

En Galicia, el PP ha propuesto cosas y ha ganado. En Euskadi, ha dicho lo que quiere impedir y ha perdido. Si vas a elecciones para impedir, pierdes.

Ignasi Guardans

Me sorprende su postura porque no es habitual escuchar esta explicación. Ahora mismo, por otro lado, surgen nuevas formaciones como el PNC y otras como Units per Avançar que parece que van cobrando protagonismo. ¿Cree que llegarán al Parlament?

Separados no (risas). Es muy sencillo. Juntos, sí que tienen posibilidades. Todo lo que es un determinado catalanismo que acepte las reglas del juego, que quiera hacer las cosas por la vía democrática y que, a la vez, combine esto con propuestas positivas para la vida de los ciudadanos, tiene mercado político, claro. Pero tiene que ser una candidatura común. Si no, volvemos a los egos y no funcionará.

¿La sociedad catalana quiere ahora algo así ahora o está rota en dos y muy polarizada?

La sociedad catalana está rota políticamente. Pero no solo en dos. Hay frustración, hay desorientación, hay preocupación, desesperación económica en algunos sectores… Pensar que esto está roto en dos es un grave error. Desde siempre la política catalana ha jugado en dos ejes de abscisas: derecha e izquierda, nacionalismo español contra independentismo catalán. En ese entorno siempre ha habido distintas fuerzas. Hay desorientación porque la situación recuerda mucho a los carteles electorales de 1977. Aquello sedimentó y fue porque el PSC logró una enorme representatividad y aglutinar a muchos grupos. Pero eso se ha roto y, por lo tanto, hay muchas izquierdas con distintos grados de catalanismo. Como también hay muchas derechas con distintos grados de catalanismo. Y luego hay un nacionalismo español. Es muy difícil gestionar esto.

La sociedad catalana está rota (…) hay frustración, desorientación, desesperación económica… Pensar que está rota en dos es un error.

Ignasi Guardans

¿Cómo ve la situación a nivel nacional?

Tenemos un partido en el Gobierno que tiene ideas y proyecto pero que es débil, aunque más fuerte de lo que cree la oposición. Y tenemos una oposición liderada por Pablo Casado, que tiene sus propias fobias. O un Ciudadanos que ha aprendido de sus errores y se intenta recuperar poco a poco pero que todavía sigue siendo débil. Y está Unidas Podemos, que va camino de perder su razón de ser y a punto de convertirse en IU. Podemos era mucho más que IU. Pero IU en España tiene un techo y ese techo se ha tocado.

Acabamos. Nos hablan de una nueva normalidad tras la pandemia. ¿Cómo cree que será eso?

Hasta que no haya vacuna ni tratamiento, será malo. No soy muy optimista desde el punto de vista médico ni social. Todos los expertos dicen que se tardará entre un año y medio o dos en tener vacunas y tratamientos. Así que, hasta entonces, tendremos un tiempo de incertidumbre que no será bueno.

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