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Elisenda I, reina dels Països Catalans

La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie. Foto: Europa Press

Los independentistas miran atrás no sólo con ira sino también con pesadumbre. No perciben fracasos sino ocasiones desaprovechadas. Octubre de 2017 fue oportunidad perdida, porque no se llegó hasta el final, porque no se movilizó a la gente para secundar la declaración de independencia. Por eso insisten tanto en que hay que «volver a hacerlo»; se supone que «cargados de razones», con más fuerza y mejor planificación. Es lo que el presidente Torra llamó «momentum«: una ocasión propicia para volver a desafiar al Estado; pero sin usar el término golpe de Estado, porque no suena bien. 

La ocasión que se percibe en el horizonte inmediato es el descrédito de la monarquía. Un asunto que además tiene la ventaja de desviar la atención lejos de la gestión sanitaria de la pandemia y de la crisis económica que de ella se deriva. 

La presidenta de la Assemblea Nacional Catalana, Elisenda Paluzie, entrevistada por Vilaweb, afirma que «este sería un buen momento para reactivar la declaración de independencia». Pero, siempre hay un pero, reconoce que la salida de Juan Carlos I coincide con un momento de debilidad del movimiento independentista.  

«Ahora mismo no tenemos ninguna estrategia compartida y hay mucha desorientación política. Pero está claro que hay que romper cualquier apoyo posible al gobierno del estado. Desde la ANC defendemos que esto es lo mínimo. En un momento así, ninguno de los partidos independentistas que tienen representación en el Congreso de los Diputados debería negociar con el gobierno español. No tiene sentido que ahora negocien el presupuesto del Estado, por ejemplo. La relación que ha habido desde la investidura de Pedro Sánchez, con esta especie de apoyo a medias de ERC, no tiene ningún sentido. Esto se debería romper radicalmente».

El primer paso pues sería abandonar toda esperanza de hacer política en Madrid. Está claro que estas declaraciones hay que enmarcarlas en el contexto de fuerte competencia entre ERC, un partido ahora más inclinado a negociar algo, lo que sea, con el gobierno español, y JxCat, decididamente lanzado por la pendiente del cuanto peor, mejor. 

Se trata, dice Paluzie, de «dejar de legitimar este gobierno supuestamente progresista», «un gobierno que ha encubierto la fuga de un rey acusado de corrupción». Las ganas de aprovechar el descrédito del Estado chocan con las dificultades para convocar movilizaciones: «Ahora imagina que vienen miles de personas y luego se determina que hay un nuevo foco que viene de esta concentración. No nos lo podemos permitir». 

Sin embargo, habrá movilizaciones el próximo 11 de setiembre —»cumpliendo todas las restricciones que haya, eso sí»— ya que «no podemos dejar las calles, hay que movilizarse». No otra cosa da sentido a la ANC. 

A la pregunta de si esta crisis puede poner fin a la monarquía española, Paluzie afirma: «Soy bastante escéptica en eso, pero no es descartable al 100%». La verdad es que, al 100%, no se puede descartar nada, ni siquiera que vengan mañana los extraterrestres y acaben todas nuestras preocupaciones. 

Siguiendo la costumbre de decir a los no independentistas cómo tienen que actuar para favorecer el proyecto independentista, cree que lo que debería hacer Podemos «en un contexto así es abandonar el gobierno».  

Finalmente, lo que más teme es que «nos ilusionemos con la perspectiva de la caída del régimen del 78 y la monarquía española», porque eso sería caer en el error de «creer que España puede cambiar». 

Una fuga vergonzosa

Los movimientos y circunstancias del Rey Juan Carlos van a ser el gran tema de las próximas semanas, como banderín de enganche republicano para algunos políticos y como serpiente de verano para los periodistas.  

José Antich, en elnacional.cat, titula: El emérito, entre Luis Roldán y un culebrón: «La Moncloa y la Zarzuela codirigen una fuga vergonzosa que pretende proteger al huido y lejos de eso no hacen más que poner el foco permanentemente en el huido, al que uno se imagina tratando de llegar al sitio donde nadie pueda dar con él».  

Señala también Antich que «no deja de ser curioso que el país que más dinero ha pedido en ayudas a la Unión Europa por la virulenta crisis económica sea el mismo que ayuda a huir al exjefe del estado salpicado por casos de corrupción de cientos de millones de euros que afectan a la familia real, pone cuatro agentes de la Guardia Civil para su vigilancia permanente y le dota de infraestructura suficiente para su exilio». 

Juan Carlos y el rescate de España

El ex eurodiputado Ramon Tremosa afirma, en Nació Digital, que la huida del Borbón tapa el rescate de España. La expatriación de Juan Carlos «fue convenientemente difundida en un momento perfectamente calculado», coincidiendo con la petición de un rescate europeo. 

Contra los que anuncian la inminencia de una caída del régimen, Tremosa advierte: «Cuidado, sin embargo, si creéis que este es un momento de debilidad para el Estado: si bien en Cataluña en un referéndum un 75% de los catalanes votaría república, en España un 75% votaría monarquía y por eso ni siquiera Podemos cuestiona, más allá de algunos tuits, el sistema constitucional vigente». 

Los problemas de España son más económicos que políticos. Ahora, ha habido que pedir «un crédito europeo para financiar las políticas contra el paro de los ERTE, señal muy explícita de que ni las compras masivas de deuda pública española por parte del BCE, ni el dinero que España recibirá del Fondo de Reconstrucción de la UE aprobado hace dos semanas, serán suficientes para hacer frente a la crisis económica que viene, ahora que se sabe que España sufrirá un pinchazo histórico este verano en el sector turístico (…) Así, la caída de recaudación de impuestos del Estado será histórica en otoño y la banca se prepara para hacer frente a una gran ola de morosidad«. 

Sin respuesta a las preguntas

Francesc-Marc Álvaro, en La Vanguardia El silencio y Tony Judt—, reprocha al gobierno su incapacidad de hablar claro sobre este tema: 

«La rueda de prensa que Pedro Sánchez ofreció el martes fue un ejemplo escandaloso de menosprecio a las palabras: el jefe del Gobierno retorció la retórica a gusto para no tener que responder a ninguna de las preguntas que le formularon sobre la grave crisis institucional que afecta a la monarquía (…) El presidente y líder del PSOE nos ha hablado sobre el caso de Juan Carlos I como si todos fuéramos imbéciles, dispuestos a tragarnos cualquier fábula. Tan o más grave que el abuso de poder que presuntamente atraviesa este episodio es la actitud con que la Moncloa emite sus explicaciones. Parece que eso le funciona».

Finalmente, cita al ensayista Tony Judt que escribió que «para la mayoría de las personas, la legitimidad y la credibilidad de un sistema político no se basa en prácticas liberales o formas democráticas sino en el orden y la predictibilidad«. Álvaro viene a preguntarse si la predictibilidad será suficiente para sostener el sistema y la confianza en él de la mayoría de la gente. 

Reiniciar la monarquía y la democracia

Jordi Amat, en La Vanguardia, plantea la necesidad de hacer un ‘Reset’ 78. Evoca en primer lugar el papel del Rey como motor del cambio durante la transición: «Fue un periodo tenso y violento, donde el establecimiento de vasos comunicantes entre una movilización ciudadana notable y el pragmatismo de la clase dirigente empujó a los actores determinantes a acordar la rápida democratización del grueso de las estructuras institucionales heredadas del régimen dictatorial. La mayoría de la sociedad lo acompañó tranquila y las élites enriquecidas a lo largo del régimen anterior apostaron por ello al no salir perjudicadas. La condición formal impuesta por el propio sistema para activar su mutación era explícita: la piedra de toque de ese proceso era la aceptación por parte de todos de la monarquía«.

Seguidamente, propone superar la degradación presente, aunque sin entrar en detalles sobre cómo: «Si la vía democratizadora era la que reforzaba la monarquía, como demostraba la práctica de otras familias reales europeas, avanzaría reseteando el sistema reaccionario que lo había designado, pero al mismo tiempo haciéndose una fortuna gracias a los hombres de poder que habitarían su corte. Aquel nuevo sistema, por muchos motivos pero también por su conducta y la de su entorno, se ha degradado. El reto fundamental para su heredero es acertar con el botón que le permita hacer un reset al 78 y reiniciarlo para que sea más operativo el sistema de nuestra democracia». 

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