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Análisis|¿Funcionarios congelados?

El jueves vimos en la prensa un globo-sonda (o sea, un rumor de muy probable confirmación) según el cual el Gobierno piensa incluir en los Presupuestos de 2021 la congelación del sueldo de los funcionarios. O sea, que los funcionarios y empleados públicos en general van a ganar en 2021 exactamente lo mismo que en 2020.

Lanzado el globo-sonda, los ministros del área económica (Calviño, Montero, Escrivá) se apresuran a echar balones fuera, diciendo que no hay nada decidido y que se están contemplando varias alternativas. Al tiempo, ministros con un ADN político muy diferente (Garzón) declaran que dicha congelación sería un error garrafal, que los funcionarios han perdido mucho poder adquisitivo en los últimos años y que lo que procede es subirles el sueldo.

Vamos a poner las cosas en su contexto.

1. El capítulo de gastos de personal básico

El capítulo de Gastos de Personal del presupuesto de las Administraciones Públicas (Estado, Seguridad Social, Comunidades Autónomas, Entidades Locales) es un capítulo importantísimo. España tiene 2,6 millones de funcionarios (el 20% en el Estado y SS, el 58% en las CCAA y el 22% en las Entidades locales) y el importe de estos gastos asciende a 135.000 millones de euros.

El Estado no tiene un poder de decisión directo sobre los gastos de personal de las CCAA. Lo cual significa que este asunto debe ser objeto de acuerdo entre el Estado y las CCAA.

2. La historia no ayuda a entender la situación actual

En mayo de 2010, Zapatero, acuciado por todos los poderes del mundo mundial, decidió rebajar el sueldo de los funcionarios en una media de un 5%. La rebaja era directamente proporcional al sueldo: a más sueldo, más rebaja. Los sueldos altos sufrieron rebajas del 7%. Era una decisión sin precedentes, y afectaba a un personal que venía sufriendo congelaciones durante muchos años. Esto iba a traer cola.

En noviembre de 2011 Rajoy ganó las elecciones con mayoría absoluta, y al año siguiente, tan acuciado como Zapatero, decidió suprimir la extra de Navidad. Gran cabreo.

En marzo de 2018, cuando parecía que empezábamos a sacar la cabeza del agua, Cristóbal Montoro, animado con el optimismo de los pródigos, firmó con los sindicatos de la Función Pública un generoso Acuerdo en el que se pactó una subida entre el 2% y el 3% para cada uno de los tres años 2018, 2019 y 2020. Esto era una cifra: entre 3.000 y 4.000 millones de más gasto para cada uno de los tres años. Recordemos que el incremento del IPC en cada uno de esos años es muy inferior a la subida pactada: 1,20% en 2018, 0,80% en 2019 y 0,0% previsto para 2020. Hubo recuperación del poder adquisitivo.

«No estábamos en condiciones de revertir ningún sacrificio. Desgraciadamente, luego vino la pandemia y todo fue mucho peor.»

Dijeron que se trataba de revertir el sacrificio realizado en los años anteriores. También se trataba de amistarse con un colectivo muy numeroso. Sin embargo, el optimismo de Montoro no tenía fundamento. No estábamos en condiciones de revertir ningún sacrificio. Desgraciadamente, luego vino la pandemia y todo fue mucho peor.

Pero es comprensible que, después de las subidas de 2018, 2019 y 2020, la anunciada congelación de ahora se asuma como un cacharrazo.

3. ¿Cobran poco los funcionarios españoles?

Si comparamos con niveles parecidos del sector privado, es obvio que, cuanto más alto es el nivel profesional del funcionario, peor pagado está. Los altos niveles de la Administración (incluídos los altos cargos políticos) cobran muy poco. Y la pérdida de poder adquisitivo durante los últimos 30 años ha sido increíble. Por eso, a la Administración le cuesta mucho retener el talento. Esto no es nada bueno.

Además, hay amplios sectores especialmente castigados. Pensamos en los sanitarios, que ganan poco y muchas veces están maltratados laboralmente. Y en los guardias civiles y policías nacionales, que ganan mucho menos que sus homólogos de Cataluña o Euskadi. Y en muchos otros.

4. La situación actual de las cuentas públicas es catastrófica

Es evidente que hay que arreglar muchas cosas en el tema de los funcionarios. Esto es complicado. Pero, en estos momentos, no estamos para pensar en eso. Ahora la prioridad absoluta es luchar lo mejor posible contra la pandemia, es decir, evitar contagios y salvar vidas. Hasta que haya una vacuna. Y, al mismo tiempo, contener todo lo posible el batacazo de las cuentas públicas. Los ingresos están cayendo mucho (un 15,8% hasta 30 de junio) y los gastos están aumentando más (un 21,4% hasta 30 de junio). De este modo, a 30 de junio estamos ya con un déficit del 6,12% sobre PIB, es decir, 68.500 millones de euros. Podemos terminar el año en el 12%. Es una locura. Nuestra deuda pública sube todas las semanas: debemos 1,24 billones de euros. A final de agosto tenemos 3,8 millones de parados, 800.000 trabajadores en ERTE y cientos de miles de autónomos en cese de actividad. Y los perceptores del Ingreso Mínimo Vital. Y cada vez más pensionistas.

5. En estas circunstancias mantener el poder adquisitivo es un lujo

Dicho esto, tener hoy un trabajo seguro como es el del funcionario, no estar en un ERTE, y no perder poder adquisitivo, es un lujo.

Pensemos que el IPC de los 8 meses que van de enero a agosto de 2020 es negativo: -1,6%. En los doce meses que van de agosto de 2019 a agosto de 2020 es también negativo: -0,5%. Muy posiblemente el año 2020 termine con un IPC muy cercano al 0%.

«Es acongojante que, con la que está cayendo, Sánchez y Casado no puedan llegar a un acuerdo de mínimos.»

En consecuencia, lo que va a hacer el Gobierno no es congelar el sueldo de los funcionarios. Es mantener su poder adquisitivo conforme al IPC. No hay aquí ningún drama. Yo creo que esto se le puede contar así a la gente. Y está claro que lo mismo habrá que hacer con las pensiones. Ojalá no haya que bajarlas.

Estamos muy mal. Y podemos estar peor. En el tema de la salud, todo depende de la vacuna. Y, en el tema económico y social, todo depende de la capacidad de nuestros políticos para ponerse de acuerdo en lo fundamental. Es acongojante que, con la que está cayendo, Sánchez y Casado no puedan llegar a un acuerdo de mínimos. Se trata sólo de pactar las líneas básicas de los tres próximos presupuestos, la senda del déficit y el sistema de reparto del Fondo de Recuperación Europea. ¿Qué más desgracias nos tienen que ocurrir para que lo entiendan?

Jesús Santidrian
Jesús Santidrian
Inspector de hacienda jubilado

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