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ENTREVISTA / Pedro G. Aguado: «Muchas madres, y algunos padres, hacen creer a los hijos que viven en Disney»

El ex waterpolista, presentador y coach charla con ellliberal.cat sobre adicciones, menores y modelos educativos

Pedro García Aguado en una imagen de archivo (Europa Press).

Pedro García Aguado (Madrid, 1968) fue una de las estrellas del waterpolo español pero, de la mano de la TV y, en concreto, del programa Hermano Mayor, logró ser familiar para el gran público. El mítico waterpolista se había convertido en aplacador de adolescentes desatados que rompían puertas, insultaban a sus padres o aterrorizaban a sus hermanos. Como él mismo dice, es público y notorio que tuvo un pasado relacionado con las drogas y el alcohol. Un pasado del que logró desprenderse para reconvertir lo negativo de aquella época en algo positivo: ayudar a quienes han caído en el mismo error y a los que sufren las consecuencias de esas malas decisiones. Antes de que llegaran las cámaras, escribió su primer libro, Mañana lo dejo, una confesión que le sirvió para poner en negro sobre blanco el drama del consumo de drogas pero también la posibilidad real de salir de esa espiral de autodestrucción.

Presentador de TV, coach, escritor y conferenciante, García Aguado también ha coqueteado con la política y llegó a ser el primer director general de Juventud del Gobierno de la madrileña Isabel Díaz Ayuso. Tras cinco meses de trabajo, dejó el cargo y volvió al lado de las familias que intentan reconstruirse tras el azote que supone el paso de cualquier drogadicción por sus vidas. «Ir a la Asamblea», recuerda, «era un acoso y derribo constante. Y mi objetivo no era estar allí para defender las ideas de nadie».

Usted se hizo conocido para el gran público como el Hermano Mayor. ¿Sigue en aumento la agresividad de adolescentes y jóvenes dentro de las familias? ¿Es siempre culpa de la familia?

Sigue habiendo casos de violencia de hijos e hijas hacia padres y madres. A mí no me gusta hablar de culpa, prefiero la responsabilidad. Si educamos de forma autoritaria, como antiguamente, puede que, en ocasiones, el niño o la niña, reaccione con violencia cuando va creciendo. Si educamos desde la sobreprotección, la permisividad y la ausencia de normas y límites, estamos favoreciendo el comportamiento tiránico dentro del hogar. No porque los niños sean malos sino porque piensan que la forma de conseguir las cosas es a través de la pataleta. El tercer modelo es el de papis y mamis muy colegas. Pero hay que poner normas, límites y consecuencias para que nuestro hijo o nuestra hija se sientan más seguros. Es lo que dicen los expertos. Los hijos que van como pollo sin cabeza son aquellos que hacen los que les da la gana, cuando les da la gana y como les da la gana y ahí no hay consecuencia ninguna. Estos tres modelos no ayudan a favorecer la madurez, la seguridad, la gestión de la frustración… En estos casos sí podemos decir que es culpa de los padres y de las madres, aunque sumado a factores como el psicológico o el de personalidad.

¿Cuál es, entonces, el modelo correcto?

El que los expertos llaman conciliador o democrático o motivador. Tienes que tener como padre o madre cierta inteligencia emocional, no tomarte las cosa que hacen tus hijos como algo personal, saber comunicarte, saber afrontar las diferentes situaciones, que no siempre son lineales… Es el modelo que favorece más la autoestima, la gestión de la frustración, la capacidad para enfrentarse a la adversidad. Da como resultado chicos y chicas más capacitados para vivir en sociedad.

Cuando alguien hace las cosas lo mejor que sabe y con todo el cariño del mundo no le puedes culpabilizar.

Pedro García Aguado

Casi todos intentamos hacerlo lo mejor posible. Sin embargo, te puedes encontrar con que te sale una bala perdida.

Cuando alguien hace las cosas lo mejor que sabe y con todo el cariño del mundo no le puedes culpabilizar. Sí que es cierto que, si tienes una coherencia en la forma de educar, difícilmente tu hijo va a tener comportamientos disruptivos. Tendrá comportamientos desequilibrados porque son normales en la adolescencia. Pero si sigue los tres modelos de los que le he hablado antes, los chicos aprenden que la violencia y la agresividad son la respuesta cuando las cosas no van como ellos quieren. Aun así, es verdad que puede que, haciéndolo perfecto, tu hijo o tu hija desarrollen algún tipo de trastornos. Pero eso sucede si, por ejemplo, se cruzan las drogas, si se dan una serie de factores externos. Yo tengo dos hijas, de 23 y 20 años, y he pasado de autoritario a sobreprotector. Colega no lo he sido nunca y, a base de ensayo y error, he aprendido. Parece ser que están bien. Tienen su valores, su capacidad de reacción, su juicio crítico… Pero es verdad que no hay una fórmula mágica.

Alcanzar la perfección en esto es imposible. Quizás el truco esté en asumir que hay una parte que nos toca como padres pero luego hay otra que les toca a ellos.

Claro. Lo ha definido muy bien. Es como un entrenador. Te dice la táctica pero son los jugadores los que han de jugar el partido. En la educación, tú le dices “hijo mío, yo pienso que esto es la norma que hay en la vida pero tú puedes desarrollar tu propia capacidad de pensamiento y jugar el partido por tí mismo”. Como padre o madre, estarás ahí para acompañarles pero no para decirles qué han de hacer.

Nosotros venimos de modelos autoritarios que luego pasaron a ser el de colegas. Sin embargo, da la impresión de que ahora el sistema apoya poco a los padres. Hay sentencias inquietantes que te pueden llevar a sentir que todo está en tu contra. Es evidente que el bofetón no es la solución pero hay cierta percepción de que cualquier cosa, un grito, puede ser maltrato. 

Cierto, hay padres y madres que se quejan de que les están quitando las herramientas. El Código Civil, hace años, contemplaba en el artículo 154 bis que en el ejercicio de la patria potestad se podía reprender moderadamente a los hijos. Claro, ese reprender moderadamente era muy ambiguo y había gente que ejercía la violencia contra sus hijos. El llamado cachete educativo, por otro lado, es solo un patrón interruptor. Si tu hijo o hija tiene una pataleta, tú le das un cachete en el culo y se para. Ahora ese artículo está derogado y el proyecto de ley de protección de la infancia y juventud contempla que el gritar o pegar en la calle, en público, puede favorecer que alguien te denuncie. Evidentemente, luego hay que demostrar que esa persona es un mal padre o madre. Pero, párese a pensar, cuando usted grita a su hijo o hija, ¿qué mensaje le está dando? ¿Y cuándo le pega? Normalmente, el mensaje es de impotencia. A su hijo le está dando un mensaje de inseguridad como padre o madre. Cuando yo era jugador de waterpolo, algunos entrenadores sí me gritaban pero yo no lo escuchaba. Y eso es lo que hacen los hijos cuando tú gritas. 

Antes se educaba desde la autoridad. Ahora hay que hacerlo desde la motivación y el convencimiento y sin perder el rol de padre o madre.

Pedro García Aguado

Sobre todo cuando el grito es la norma.

Claro. Decimos que cuando gritamos es cuando nos hacen caso y ellos lo que piensan es que harán lo que estás pidiendo para que la cosa no vaya a más. Pero no lo hacen porque sea un modelo educativo. Antes se educaba desde la autoridad. Ahora hay que hacerlo desde la motivación y el convencimiento y sin perder el rol de padre o madre. 

¿Y cómo se hace eso? 

Inteligencia emocional. Como padre o madre has de saber enseñar a tus hijos por qué vas a imponer las normas de convivencia en el hogar. Explicar que vivir en casa lleva a padres e hijos a tener responsabilidades. El Código Civil lo explica muy bien. Fija que, por parte de los padres, la responsabilidad debe ser hasta que los hijos sepan valerse por sí mismos. Y eso es una gran trampa a día de hoy porque los hay que con 50 todavía no saben valerse por sí mismos (risas). Pero eso es porque no les han enseñado la otra parte del Código Civil que dice: “los hijos y las hijas no emancipadas deben obedecer, respetar y ayudar a liberar las cargas del hogar según sus posibilidades”. Tres cosas básicas. En lo de obedecer y respetar, usted ya sabe que en algunas familias los insultos hacia los padres existen y, encima, les ríen las gracias. En cuanto a ayudar, eso se enseña desde que son pequeñitos. Si desde pequeños no les enseñas, cuando tienen 16 años, es muy difícil. Tiene también el caso de los hijos que se ponen a trabajar en lugar de estudiar pero siguen en casa de los padres. Hay familias que no quieren pedirles dinero pero no se trata de eso. Se trata de que tienen que hacerles entender que vivir conlleva una serie de gastos. 

Pero esto es algo cultural. En EEUU, por ejemplo, lo normal es que un chaval de 18 años se pague su propio móvil o su conexión a internet.

Sí, aquí antes, con 18 años, te ibas a la mili. Y allí, con la misma edad, se van a la universidad, no se quedan en casa. Aquí lo que hay que hacer es enseñarles que la casa no es un hotel. Suelen ser las madres las que están súper entregadas y me llaman diciendo, por ejemplo, que los hijos no recogen. Y mi pregunta es: ¿le ha enseñado a recoger? Muchas veces pensamos que por ciencia infusa van a entender qué significa recoger. Y no es así. Hay que explicarlo. Pero muchas madres, y algunos padres, les hacen creer que viven en Disney.

Muchas veces pensamos que por ciencia infusa los hijos van a entender qué significa recoger. Y no es así. Hay que expliclarlo.

Pedro García Aguado

No somos muy conscientes de que esas pequeñas personitas a las que educamos son los adultos de mañana.

Totalmente de acuerdo. Es esa pregunta del coaching sobre para qué educamos. Cuando yo terminé de grabar Hermano Mayor, me di cuenta de que los padres de todos aquellos chicos no habían entendido para qué educaban. En el caso de mis hijas, yo tengo claro que las educo para que el día de mañana sepan valerse por ellas mismas. ¿Cómo pienso que pueden valerse por sí mismas? Teniendo capacidad de superar y enfrentar la adversidad, sabiendo gestionar la frustración. Y eso se hace con inteligencia emocional, entendiendo el principio de realidad. El objetivo está claro pero luego también depende de ellas.

Como padres se nos olvida que también fuimos adolescentes y jóvenes. Y que decidimos hacer lo que quisimos. Yo he llegado a mi casa en más de una ocasión bebida y mis padres son abstemios.

Igual que yo. Es notorio y sabido que me recuperé de mi adicción al alcohol y a las drogas en 2003. Sé que mis hijas han esperado a los 18 años para probar el alcohol. Sé que beben de vez en cuando y lo han hecho delante de mí. No he puesto el grito en el cielo. Pero sí les he dicho que, si se drogan con alcohol, deben saber que, en ocasiones, se genera dependencia. Ellas no necesitan el alcohol para ser más divertidas o ligar más.

Usted fue director general de Juventud de la Comunidad de Madrid durante 5 meses y lo dejó porque dijo que se sentía más útil cerca de las familias. ¿Sirven realmente para algo estos departamentos? Da la impresión de que, en general, están muy alejados de la realidad de los jóvenes.

Yo lo que me encontré cuando llegué fue un gigante con programas que ayudaban a la gente joven, subvenciones para asociaciones y entidades de este ámbito, pero que muchos de estos jóvenes desconocían. Lo que yo pude hacer en esos cinco meses fue dinamizar a través de redes sociales y de los canales de comunicación de la Dirección General de Juventud. Pero tiene razón, a veces se percibe la Administración como un gigante inaccesible. Sin embargo, yo tuve la suerte de poder reunirme con representantes de otras comunidades autónomas y en algunas como Valencia se trabaja muy bien de cara al joven, que sabe que tiene un sitio al que acudir para muchos temas. De todos modos, a mí me resultó un poco frustrante tener que dejar el cargo tan pronto pero es que era algo que estaba muy politizado y yo de política sé poco. Por eso dije que me apetecía más estar con las familias que pelearme con aquello. Trabajar con los técnicos y los funcionarios era maravilloso pero ir a la Asamblea era un acoso y derribo constante. Y mi objetivo no era estar allí para defender las ideas de nadie. 

Las tecnologías no son malas. El problema es que no educamos en ellas.

Pedro García Aguado

Intentamos que los jóvenes no estén muy conectados a internet pero su forma de comunicarse, de relacionarse, es esa. Nosotros quedábamos en el bar y el raro era el que no salía. Ahora muchos de ellos no salen pero están relacionándose a través de la red. Algunos lo consideran una adicción pero es su forma de comunicarse.

En la era de las tecnologías y la comunicación, tú no puedes darle la espalda a estas plataformas. Lo que tienes que hacer es enseñarles a utilizarlas como se hacía con nosotros. Es decir, tienes tres horas de ocio y tú decides si las quieres pasar en tu habitación jugando a un videojuego mientras chateas con tus amigos. Pero son tres horas, no 16. ¿Quieres hablar con tus amigos por Whatsapp? Sí, pero hasta las 12 de la noche. Hay que saber educar en la nueva era.

Límites para chatear igual que teníamos hora de llegada a casa.

Exacto. Pero no los ponemos y se tiran con sus colegas chateando hasta las 5 de la mañana. Las tecnologías no son malas. El problema es que no educamos en ellas. Lo primero es que no pueden poner esa opción en la que no aparece la última hora a la que se han conectado. Así enseño responsabilidad porque les dejo llevarse el teléfono a la habitación. Pero, si veo que se han pasado de la hora, mañana tendrán dos horas menos. Ellos mismos deben aprender que un día pueden pasarse pero que eso significará menos tiempo de chat al día siguiente. 

La clase política ha culpado estas semanas a los jóvenes de la segunda ola de la pandemia del COVID-19. ¿Lo comparte?

Estamos acostumbrados a ver a los políticos, de un lado y del otro, culpar de sus errores a los demás. Pero el error ha estado en la pedagogía. Lo que hemos comprado durante el confinamiento es que no pasa nada, que saldremos más fuertes, que hay que homenajear a los sanitarios… Pero no hemos visto realmente la crudeza de lo que ha pasado. ¿Usted cree que un joven va a estar concienciado? Un joven sale y piensa que ya ha cumplido. Además, se les ha dicho por activa y por pasiva que no son población de riesgo. Creo que el error ha sido de los gobernantes por no hacer una campaña pedagógica en esos meses de confinamiento.

Ahora les culpamos y les dejamos sin alternativas de ocio. A los jóvenes les gusta la fiesta, no nos engañemos. No les damos alternativas y, a la vez, pretendemos que tengan nuevas formas de ocio. Es muy contradictorio.

Existe esa oferta de ocio al aire libre pero no se conoce. Desde pequeñitos se asocia el ocio con la fiesta y la fiesta con el consumo. Yo tenía la propuesta de hacer megaeventos en municipios de más de 10.000 habitantes solo para jóvenes y con el requisito indispensable de que no hubiera consumo. Con eso se podía fomentar el perder el miedo al ridículo, el poder bailar sin haber tomado una copa, el perder el miedo a relacionarte con otras personas sin haberte tenido que fumar nada. Se trataba de ofrecer ese ocio saludable pero no solo para los frikis. El mensaje debía ser que, el que se perdía esa fiesta, sí que era tonto. Pero se quedó en nada. Lo importante es que la gente aprenda a divertirse sin necesidad de consumir y para eso les tienes que dar cosas divertidas.

Hemos comprado durante el confinamiento que no pasa nada, que saldremos más fuertes (…) pero no hemos visto realmente la crudeza de lo que ha pasado.

Pedro García Aguado

Sin restar importancia al alcohol como peligro, a mí como madre me dan pánico otras drogas como la cocaína. ¿Qué puedo hacer?

Cuando hablamos de drogas debemos tirar de la definición que da la OMS: toda aquella sustancia que, una vez ingerida por el organismo, es capaz de alterar una o varias funciones del mismo. Si nos quedamos solo con esto, vemos que las medicinas son drogas. Pero prosigue: también alteran y modifican el comportamiento y la toma de decisiones. Entonces, ya nos metemos en drogas psicoactivas. Entre ellas tenemos las legales y las ilegales. Pero todas son drogas. ¿Cuál suele ser la puerta de entrada a la cocaína? Puede ser  el alcohol, los psicofármacos como los tranquilizantes, la marihuana, el hachís… Se pasa a la cocaína porque hay personas que con el alcohol no tienen suficiente, por ejemplo. Lo que tiene que tener claro la sociedad es que no se desarrolla adicción a una sola sustancia. La adicción es una enfermedad que se desarrolla por el consumo de cualquier sustancia y, una vez se desarrolla, ya no puedes consumir moderadamente ninguna. Uno es adicto y consumirá todas las sustancias de forma descontrolada. 

Por lo que usted me dice, cuando te das cuenta de que alguien es cocainómano ya ha pasado por otras drogas y, además, mantiene esas adicciones.

Un niño o niña empieza consumir de forma lúdica, por ejemplo tabaco y alcohol. Ya es policonsumidor. Le suma porros. De este policonsumo algunos pasan a ser politoxicómanos. De todos modos, ahora mismo estamos viendo a chavales de 16 y 17 años verdaderamente atrapados por la marihuana. Y con agresividad, que es algo que no se veía antes y que se debe a que la marihuana de ahora tiene un 33% más de poder adictivo. 

Si banalizas las drogas, no se percibe el peligro y quienes se enfrentan a las consecuencias son el adicto y su entorno. Pero estamos en un país en el que los medios nos vendían la cocaína como la droga de los pijos y mucha gente quería ser pija.

Cierto. Era cool. Una fiesta en la que no hubiera bandejas de plata con rayas dibujadas no era una fiesta. Ahora sucede lo mismo pero con la marihuana. Un chaval de 14 años te dice que es terapéutica y que cura el cáncer. Y es cierto que tiene usos terapéuticos. Pero el consumo que se hace de forma lúdica no tiene nada que ver. De todos modos, las drogas van a existir siempre.

La cocaína era ‘cool’. Una fiesta en la que no hubiera bandejas de plata con rayas dibujadas no era una fiesta. Ahora sucede lo mismo con la marihuana.

Pedro García Aguado

Hemos pasado por etapas en las que la Administración advertía del peligro de consumir y por otras en las que la misma Administración asume que no se puede acabar con el problema y fomenta el consumo responsable. ¿Usted cree que hay alguna solución?

Para mí, cualquier campaña que fomente el consumo, aunque sea moderado, es una trampa porque esto depende de la persona. Hay personas que genéticamente tienen predisposición a desarrollar dependencia. Otras, por sus aspectos psicológicos. Hay personalidades más adictivas que otras. Esto hay que trabajarlo desde pequeñitos, desde la educación. Y veo pocas campañas que fomenten la inteligencia emocional, la capacidad de decisión, la responsabilidad o el juicio crítico en de nuestros hijos e hijas. Muchos de los factores que influyen en que una persona se acerque al consumo y pueda desarrollar dependencia no se trabajan en ninguna de las campañas que he visto en los últimos 30 años. Te hablan de las consecuencias. Pero, mire, yo era campeón olímpico con 17 años y eso no me importaba. A través del miedo no se consigue acabar con el consumo. Eso se logra fomentando en los jóvenes, desde pequeñitos, que tienen la suficiente personalidad como para saber divertirse sin tener que colocarse. 

Ahora tenemos un Ministerio de Igualdad que lanza lemas como el de “Sola y borracha quiero llegar a casa” y una Agencia de Salud Pública en Barcelona que recomienda la pornografía en tiempos de pandemia. En los años 80, el alcalde Tierno Galván dijo aquello de “rockeros, el que no esté colocado, que se coloque”. ¿Somos unos carcas cuando nos escandalizamos con estas cosas o falla algo en el sistema?

Creo que se tiende a frivolizar o a infantilizar mucho a la sociedad. Para llegar segura a casa no tengo por qué emborracharme. Para una persona que trabaja en el ámbito de las adicciones, emborracharse es igual a intoxicarse con alcohol. Yo soy muy purista del lenguaje, así que el mensaje para mí es “sola e intoxicada con alcohol quiero llegar a mi casa”. No suena igual. Y por decirlo así me cayeron hostias en Twitter por todos los lados. Pero me quedé muy a gusto. Si el Ministerio de Igualdad piensa esto, perfecto, pero yo prefiero llegar sola y a salvo. El problema es que ahora hay muchos grupos de presión y, si no dices lo que ellos quieren, eres un carca o un facha. Pero, en lo que tiene que ver con mi ámbito de actuación, que se centra en salvar vidas y en ayudar a familias a reconstruirse por el daño del alcohol y otras drogas, criticaré cualquier cosa que digan que esté fuera de tono. Y le digo lo mismo con respecto a la pornografía. El porno no solo genera dependencia sino que está causando problemas de relación en los chavales.Se piensan que el sexo es lo que han visto en la película. Es peligroso dar estos mensajes sin matizarlos.

Después de esta charla, me reafirmo en la impresión de que la Administración, lo público, está muy alejada de la realidad. 

Yo creo que la Administración pública hace cosas muy buenas. Pero mientras siga habiendo una lucha política enajenada, servirá de poco. Hasta que no haya un consenso en que los representantes públicos no pueden vender todo, no se arreglará nada. Trabajan todos con dinero público y su función es mejorar la vida de los ciudadanos. En la Dirección General de Juventud teníamos 16 millones de presupuesto y se hacían muchísimas actividades que eran gratis para los jóvenes. Más de la mitad no se enteraban de que eso existía. Así que sí, está lejos del ciudadano de a pie. 

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