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Subir cuesta menos que bajar

Un sanitario desinfecta una camilla de una ambulancia en el Hospital Universitario Arnau de Vilanova (Lleida) Foto: Europa Press

Hasta el más inconsciente de los conductores conoce que el consumo de gasolina de su automóvil es muy superior cuando sube un puerto que cuando lo baja y cualquier aficionado al ciclismo sabe que escalar el mítico Alpe d’Huez requiere un esfuerzo incomparablemente mayor al exigido al descender de la cima. Ahora bien, hay circunstancias en que la subida a una cota se produce sin apenas esfuerzo y con gran rapidez y el camino de retorno en cambio requiere mucho más esfuerzo y tiempo. En Economía, por ejemplo, el paro y la tasa de paro suelen aumentar con rapidez en las primeras fases de una recesión, pero recortarlos en la subsiguiente fase de recuperación suele ser un proceso más lento e incluso a veces resulta imposible regresar al punto de partida.

La aparente paradoja que sugiere el título del artículo la vamos a ilustrar examinando la evolución de nuevos casos de COVID-19 y de defunciones diarias en España durante los meses de marzo, abril y mayo de 2020. Durante el período de incubación de la epidemia en la segunda quincena de febrero y los primeros días de marzo, el número de nuevos casos por COVID-19 era muy reducido, y aunque las cifras de casos y pacientes ingresados estaban aumentando con rapidez, el número de fallecidos diarios era asimismo pequeño. «Hemos de lamentar la muerte de 8 pacientes mayores asociados con grupos poblacionales frágiles», nos decía Simón, director del Centro de Coordinación de Alarmas y Emergencias Sanitarias (CCAES), en su comparecencia ante los medios de comunicación el 7 de marzo. En las dos semanas posteriores, las defunciones aumentaron más rápidamente que los casos por COVID-19 y a pesar de que el número de casos diarios empezó a retroceder a partir del 26 de marzo, las cifras de defunciones diarias no comenzaron a disminuir hasta el 2 de abril, y su reducción a partir de ese momento fue claramente más parsimoniosa que la de nuevos casos.

Un bucle fatídico

El Gráfico 1 muestra la evolución de dos variables: en el eje de abscisas medimos la media de casos nuevos en los últimos 14 días contados a partir de la fecha y en el eje de ordenadas la cifra de defunciones diarias. La razón de emplear la media de nuevos casos en 14 día obedece a que existe un período de incubación de la enfermedad y, por tanto, un lapso de tiempo entre el momento del diagnóstico y el posible desenlace de la enfermedad por defunción. Podríamos haber elegido otra media móvil, pero los resultados que vamos a comentar no variarían en lo esencial. A riesgo de infravalorar la comprensión de los lectores, permítanme ilustrar el significado del Gráfico 1 haciendo referencia a dos puntos concretos 7M y 26M (marcados en amarillo), esto es, 7 de marzo y 26 de marzo: el 7 de marzo la media de casos nuevos (desde el 26 de febrero al 7 de marzo) es 671 y el número de nuevos fallecidos 2, mientras que el 26 de marzo la media de nuevos casos (desde el 13 de marzo hasta el 26 de marzo) es 8.190 y el número de defunciones ese día 718.

Gráfico 1. Casos nuevos y fallecidos diarios en España: 28 febrero-21 mayo de 2020
Nota: las cifras de casos nuevos en el eje de abscisas es la media móvil de 14 días obtenida con las cifras de casos totales revisadas el 24 de septiembre y las cifras de fallecidos en el eje de ordenadas la de fallecidos oficialmente atribuido al Covid-19. A título informativo, se incluye la ecuación de la recta de puntos que aparece en el gráfico.
Fuente: elaboración propia a partir de las cifras publicadas en worldometers.info.

A medida que el número de nuevos casos diarios fue aumentando con rapidez en la segunda y tercera semana de marzo, las cifras de fallecidos se fueron elevando, pero se mantuvieron por debajo de 100 fallecidos diarios hasta el 18 de marzo, salvo el 17 de marzo en que se contabilizaron 191 fallecidos. A partir de ese día, esto es, sólo cuatro días después de haberse decretado el estado de alarma, la media de casos nuevos continuó aumentando con rapidez hasta alcanzar su máximo, 8.190, el 26 de marzo (26M en el Gráfico 1), 12 días después de decretarse el estado de alarma, y la cifra de fallecidos diarios se disparó desde 100 el 18 de marzo (18M) a 718 el 26 de marzo (26M). La conclusión es evidente: el estado de alarma se decretó muy tarde y ya no se pudo evitar el fuerte crecimiento de casos en las dos semanas siguientes.

«El estado de alarma se decretó muy tarde y ya no se pudo evitar el fuerte crecimiento de casos en las dos semanas siguientes.»

En los días siguientes al 26M, el día en que se alcanzó el máximo de la media de nuevos casos, la curva en el Gráfico 1 dibuja un codo ascendente, indicando que la cifra de fallecidos diarios continuó ascendiendo hasta el 2 de abril en que alcanzó su máximo, 961, pese a que la cifra media de nuevos casos, gracias a la efectividad de las medidas de confinamiento, había empezado a disminuir. La cifra de media de nuevos casos continuó descendiendo a lo largo del mes de abril, y poco a poco se fue rebajando también la cifra de fallecidos diarios. Ahora bien, el lector puede comprobar en el Gráfico 1 que la senda descendente durante abril y mayo se mantiene muy por encima de la senda ascendente recorrida en los últimos días de febrero y marzo, indicando que el número de defunciones asociado con valores similares de la media de nuevos casos fue muy superior en abril y mayo de lo que había sido en marzo.

En el Gráfico se han marcado en verde varios puntos que ilustran la situación. Así, por ejemplo, el 7 de abril (7A) la media de nuevos casos fue 4.940 y la cifra de defunciones 704, en tanto que en el 18 de marzo (18M) la media de nuevos casos fue 5.513 y la cifra de fallecidos 105. Obsérvese también que el camino de descenso de defunciones hacia el punto de partida desde el 2 de abril requirió muchas más jornadas que el de ascenso desde el 28 de marzo: 49 jornadas (desde el 2 de abril al 21 de mayo) fueron necesarias para reducir el número de defunciones a un número similar (aunque algo más alto) al del punto de partida, pero tan sólo 34 jornadas (29 de febrero al 2 de abril) se necesitaron para culminar la escalada y coronar el pico.

«La inacción y la falta de medidas preventivas produjeron un pico de nuevos casos y de nuevos fallecidos que resultó muy difícil controlar y reducir y elevó innecesariamente la letalidad de la epidemia.»

Acabamos de constatar que el descenso desde la cima de fallecidos alcanzado el 2 de abril fue un proceso mucho más lento que el de ascenso, 49 jornadas frente a 34, respectivamente, y que además el número de fallecidos ‘oficiales’ durante el descenso, 17.592, fue muy superior a los fallecidos en el ascenso, 10.348. Estas cifras otorgan pleno sentido al título del artículo: subir resultó mucho menos penoso que bajar, tanto si atendemos al número de jornadas invertido en el ascenso y el descenso como si fijamos la atención en letalidad cuantificados por la cifra total de fallecidos. Del análisis realizado se puede sacar una segunda lección importante: la inacción y la falta de medidas preventivas produjeron un pico de nuevos casos y de nuevos fallecidos que resultó muy difícil controlar y reducir y elevó innecesariamente la letalidad de la epidemia.

Avalancha, Sr. Simón, avalancha

Llegados a este punto, los lectores se estarán preguntando a qué se debe esta asimetría, o retomando el título del artículo por qué la subida al Calvario resultó mucho más liviana que el descenso. Y la respuesta hay que buscarla en la política de desinformación contumaz seguida por el gobierno Sánchez hasta el 14 de marzo, y en la ausencia de cualquier medida de carácter preventivo dirigida a preparar el sistema sanitario y las residencias de mayores ante una potencial avalancha de casos, haciendo caso omiso de las recomendaciones realizadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el informe conjunto con el gobierno de China, realizado entre el 18 y el 24 de febrero y publicado el 28 de febrero. No me cansaré de recordar la actitud irresponsable de Simón, director del CCAES, cuando ridiculizaba en su rueda de prensa el 7 de marzo a una periodista que se atrevió a plantearle la posibilidad de que se produjera una avalancha de casos en España.

La realidad es que el 7 de marzo la avalancha de la que se mofaba Simón estaba ya en marcha, aunque el escaso número de pruebas de detección que se realizaban y la baja cifra de defunciones oficialmente atribuidas al COVID-19, permitieran a los principales responsables del Ministerio de Sanidad infravalorar en sus comparecencias el avance de la epidemia y trasladar a los ciudadanos un mensaje de tranquilidad que elevó el riesgo de contraer la enfermedad y perder la vida. En la Universidad Autónoma de Barcelona, por poner un ejemplo, se impartieron clases presenciales hasta el jueves 12 de marzo, sin adoptarse medida alguna de precaución en aulas con más de un centenar de alumnos. Además del ya mencionado informe de la OMS publicado el 28 de febrero, se ha conocido recientemente que el Centro de Defensa Nacional, un organismo dependiente de la Presidencia de Gobierno, redactó varios informes em febrero y en la primera semana de marzo que alertaban al presidente Sánchez, a los vicepresidentes y a varios ministros, Illa entre ellos, de un repunte del número de casos y fallecidos.

«La realidad es que el 7 de marzo la avalancha de la que se mofaba Simón estaba ya en marcha»

Sabemos que el gobierno en pleno sabía (o debía saber) antes del 7-M la gravedad de la situación y no cabe ninguna duda de que la ausencia de alertas dirigidas a la población, la escasez de mascarillas -posiblemente acentuada por la decisión adoptada por el Gobierno el 2 de marzo de prohibir a los distribuidores su venta a los gobiernos de las Comunidades Autónomas- durante muchas semanas, incluso tras decretarse el estado de alarma el 14 de febrero, y el no haber adquirido trajes de protección para preservar la salud del personal sanitario y equipamiento sanitario para atender a los pacientes, fueron las principales causas de la avalancha de casos registrada en la segunda quincena de marzo y en abril, de la sobresaturación de los centros de atención primaria, de la infección del 20% del personal sanitario, del colapso del sistema hospitalario, y de la elevada letalidad registrada, muy superior a los 32.929 fallecidos por COVID-19 reconocidos por Illa y Simón hasta el 9 de octubre. Un estudio publicado por Fedea el 15 de abril, estimaba que hubiera bastado con adelantar una semana la declaración del estado de alarma para reducir 62,7% la cifra de contagiados y rebajar considerablemente la cifra de fallecidos.

Al César lo que es del César

Si bien es cierto que las competencias sanitarias están transferidas a las Comunidades Autónomas, resulta inaceptable achacarles a éstas la responsabilidad de la gestión de la crisis epidémica y sanitaria, puesto que estas Administraciones carecen de instrumentos legales y de la capacidad de endeudamiento requeridas para hacer frente a una emergencia sanitaria de la envergadura de la padecida en España entre febrero y mayo de 2020. En estados política y administrativamente descentralizados son los gobiernos federales o centrales los competentes para afrontar emergencias nacionales. Los gobernantes no pueden aducir ignorancia, ni ampararse en las transferencias de competencias, ni menos todavía poner en marcha el ventilador para aventar su propia incompetencia y miseria moral e intelectual.

La responsabilidad del bucle letal que hemos examinado en este artículo y que nos dejó un exceso de fallecidos cifrado en 42.311 personas entre el 11 de marzo y el 5 de mayo, según los informes MoMo elaborados por el Instituto de Salud Carlos III, o en 44.631 personas hasta el 24 de mayo, según la estadística de defunciones semanales elaborada por el INE, hay que buscarla principalmente en el palacio de La Moncloa: en la autocomplacencia y en la prepotencia del gobierno de coalición que preside Sánchez y vicepresidenta Calvo, Iglesias y Calviño, y en su probada falta de celo para adoptar las medidas preventivas recomendadas por la OMS a finales de febrero. Si tuviera algo de pudor, el ministro Illa dejaría de gallearse frente a la presidenta de la Comunidad de Madrid, porque por la responsabilidad de su cargo, por sus pifias y sus dichos durante estos meses, usted es, junto con el presidente, responsable directo y principal de la crisis humanitaria y social más grave y de la recesión económica más severa acaecidas desde la Guerra Civil.

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