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Bargalló (ERC) se olvida de las escuelas de educación especial en sus planes contra el COVID-19

Educación las ha dejado fuera del plan de conectividad y tampoco pueden acceder a las ayudas para contratar a más personal

El conseller de Educación, Josep Bargalló (ERC) en una imagen de archivo (Europa Press).

El conseller de Educación, Josep Bargalló (ERC), no ha dado aún respuesta a las peticiones formuladas por los centros de educación especial privados y concertados que actualmente prestan sus servicios en Cataluña. Agrupados en Dincat, estos centros, más de 60, han trasladado al conseller en diversas ocasiones durante los últimos meses las necesidades de sus alumnos y profesionales frente a la crisis del COVID-19. Se reunieron con el conseller por última vez el pasado mes de agosto y, hasta ahora, no han recibido ninguna respuesta a sus reivindicaciones.

La que más preocupa a centros y familias es la relativa a la posibilidad de que estos colegios puedan permanecer abiertos en caso de que vuelva a decretarse un confinamiento domiciliario como el sucedido entre los meses de marzo y junio. Una situación anómala que generó problemas añadidos en este segmento de población para el cual son fundamentales cuestiones como las rutinas o el mantener el contacto con sus profesores y compañeros a diario. De ahí que desde Dincat se reclamara la declaración de este tipo de centros como servicio esencial, de tal manera que, durante un nuevo encierro, puedan permanecer operativos. Algo que Educación ha aceptado pero no de la forma en la que lo había planteado Dincat. Según explica la responsable de estas escuelas en la entidad, Mariona Torredemer, los centros podrán permanecer abiertos pero serán profesores voluntarios los que tendrán que hacerse cargo de los alumnos. Y es en esta voluntariedad donde está el mayor problema pues puede suceder que los maestros renuncien por no correr riesgos o porque realmente no puedan afrontar la situación.

Sin espacio para más grupos burbuja

Educación no ha preparado un protocolo específico para unos centros que, por las características de sus alumnos, tienen necesidades algo diferentes a las de un colegio ordinario. Se ha limitado a incluirlos en el protocolo general, con la salvedad de considerarlos servicio esencial. De este modo, si un alumno de educación especial da positivo en una prueba PCR, será enviado a su casa, mientras que el resto podrá acudir a clase. Ello obligará a estos centros a crear un nuevo grupo burbuja que no podrá relacionarse en ningún momento con el resto de alumnos, profesores y trabajadores. «No podrán utilizar el servicio de transporte, no podrán compartir el comedor», lamenta Torredemer, que recuerda que este tipo de centros, por lo general, «están ubicados en casas antiguas con espacios reducidos en los que es muy difícil aplicar estas medidas».

Vista del interior de un aula (Europa Press).

A la falta de unas normas específicas se unen decisiones de Educación, cuando menos, incomprensibles. Los centros de educación especial, según denuncia Dincat, han quedado excluidos de los fondos para la contratación de más profesorado. Una exclusión que, sin embargo, aceptan porque «las ratios de alumnos en educación ordinaria son de 20 por clase, mientras que en nuestros centros son de un máximo de 12», señala Torredemer.

Fuera de las ayudas para enseñanza telemática

Menos comprensiva se muestra ante la exclusión de los centros de educación especial del plan de conectividad, que tiene como objetivo reforzar la enseñanza telemática. Educación remitió en junio a estos colegios los mismos formularios para acceder a las ayudas que había enviado a las escuelas ordinarias. Sin embargo, a la hora de reenviarlos completados, los directivos se encontraron con que «el número de sus centros no estaba en las listas». A día de hoy, según Dincat, no han recibido ninguna explicación por parte de Bargalló y los centros no tienen ayuda para poder implantar este tipo de enseñanza a distancia.

Tampoco han recibido ningún tipo de ayuda para la aplicación de las normas de higiene a las que obliga la pandemia ni para la adquisición de materiales como los equipos de protección individual. Gastos que cada centro está afrontando bien con fondos propios bien incrementando las cuotas que pagan las familias. Y a todo esto se suma la dificultad de poder reconocer los síntomas del temido COVID-19 en alumnos que presentan otras patologías de base. «No somos médicos«, recuerda Torredemer, «somos profesores y en ocasiones es muy difícil saber si esos síntomas son de COVID-19 o de algo que ya tiene el alumno».

Desde Dincat, finalmente, Mariona Torredemer recuerda que en las escuelas ordinarias hay también alumnos de educación especial que podrían verse especialmente afectados en caso de un nuevo confinamiento si el protocolo de Educación no contempla medidas específicas. «No estamos pidiendo un protocolo extraordinario», subraya la representante de Dincat, «solo que Educación tenga en cuenta dentro del protocolo general las características especiales de estos alumnos y tome las medidas necesarias para ayudarles».

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