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ENTREVISTA | David Mejía: «El objetivo del separatismo es expulsar culturalmente a España de Cataluña»

El columnista de ‘El Español’ lamenta que la izquierda no se rebele contra el racismo de los nacionalismos periféricos

El columnista de 'El Español' y 'The Objective', David Mejía.

Profesor de Humanidades en IE University y flamante fichaje como columnista en El Español, el también articulista de The Objective David Mejía (Madrid, 1983) es una de las firmas actuales que más se ocupado —desde una óptica progresista— de desmontar las contradicciones de lo que Félix Ovejero ha llamado la «deriva reaccionaria de la izquierda». Mejía disecciona para nosotros asuntos como la violencia machista, la renovación del Poder Judicial, el Black Lives Matter o la cultura de la cancelación.

En un artículo, denunciaba que la izquierda sobredimensionaba el problema de la violencia machista y la derecha el de la ocupación. ¿Qué les empuja a ello?

Los miedos justifican los fines, y los partidos tratan de localizar aquellos que más preocupan a sus bases para fidelizarlas —por no decir, tribalizarlas— exagerando su amenaza. La politización funciona así, incorporando hechos, en apariencia no ideologizados, a una determinada guerra cultural. ¿Qué les empuja a ello? Pues lo mismo que empuja al ciclista que decide doparse: maximizar artificialmente su rendimiento, en este caso, electoral.

Con respecto al racismo, ha lamentado que palabras como charnego o maketo no nos indignen tanto como la palabra nigger. ¿Cuál es el motivo?

Operan en nuestra izquierda curiosos inhibidores: son los primeros, y lo celebro, en salir en defensa de los inmigrantes cuando la extrema derecha los injuria. Sin embargo, cuando el nacionalismo catalán o vasco manifiesta un racismo comparable hacia sus conciudadanos no sólo permanecen impasibles, sino que a veces participan de él.

Luego se unen alegremente a las campañas antirracistas de Estados Unidos, cuando nada pueden hacer por combatir la segregación racial en Michigan, pero se desentienden de un racismo que sí están en disposición de combatir. Charnego, maketo, ñordo, son algunos de los apelativos que el nacionalismo emplea para denigrar a otros españoles, a los que considera inferiores. Me gustaría que la autodenominada izquierda se rebelara contra este racismo, pero no lo hacen; algunos porque comparten la visión nacionalista, y otros por simple cobardía: prefieren que les llamen racistas a que les llamen fachas.

«Relacionar lo español con el franquismo es como relacionar lo vasco con ETA o lo catalán con el nacionalismo: una imprecisión peligrosa, que conduce a odios colectivos»

David Mejía

Bruselas ha avisado al Gobierno de que la reforma del CGPJ podría vulnerar la normativa comunitaria. ¿Se trata de un ataque a la independencia judicial, tal y como denuncia la oposición?

Sí, la reforma permitiría a las Cortes elegir a los vocales del CGPJ con un 51% de los votos. Ahora necesitan el 60%, luego cabe suponer que el elenco resultante sería menos plural, más partidista y, por tanto, menos independiente.

El separatismo ha presentado la inhabilitación de Quim Torra como una nueva agresión «contra Cataluña». ¿Puede considerarse al expresident como una víctima del Estado?

El nacionalismo tiene un divertido modo de razonar: «si los últimos tres presidentes de Cataluña han chocado contra el muro de la Justicia, es que existe un problema con la Justicia». Es como decir: «si los últimos capos del cártel de Medellín han acabado en la cárcel, el problema lo tiene la DEA»· Pues mire, no. Es el Estado quien es víctima de Quim Torra. Cuando en el ejercicio de sus funciones un servidor público incumple deliberadamente la Ley, y más en algo tan sensible como es la neutralidad institucional, las víctimas somos los ciudadanos. Los únicos que agreden a los catalanes son quienes se apropian de las instituciones que son de todos.

«Sólo un adolescente puede considerar que el Che es un ejemplo a seguir, un referente válido»

David Mejía

Una diputada de ERC, la también escritora Jenn Díaz, ha vinculado recientemente el flamenco con el franquismo, argumentando que éste lo usó como símbolo de identidad española contra la cultura que se hacía en Cataluña. ¿Por qué el nacionalismo identifica cualquier manifestación española con el franquismo?

Relacionar lo español con el franquismo es como relacionar lo vasco con ETA o lo catalán con el nacionalismo: una imprecisión peligrosa, que conduce a odios colectivos. En este caso se trata, claro, de una imprecisión interesada: si España es franquismo, todo lo que sea extirpar lo que se considera español de Cataluña estará justificado. Porque el objetivo es ese: expulsar culturalmente a España de Cataluña.

Por su parte, Pablo Iglesias ha reivindicado la figura del Che Guevara por su «ejemplo para la historia de la liberación de los pueblos y la justicia social». ¿Sigue siendo el Che un referente válido?

Mire, yo mismo puedo simpatizar con la causa general del Che: combatir la desigualdad, la explotación laboral, los abusos de multinacionales americanas, defenderse de la política exterior, criminal, de Estados Unidos…Estoy pensando en el caso de Jacobo Árbenz, y tantos otros… Yo también comparto la indignación por tantas injusticias.

Dicho esto, sólo un adolescente puede considerar que el Che es un ejemplo a seguir, un referente válido. El contexto puede ser aclarativo, pero no exculpatorio. Lo que permite a Iglesias pasar de solidarizarse con su causa a venerarlo como persona es la idealización, es decir, la simplificación. Ese mensaje es de una puerilidad impropia, que indica que en determinados aspectos la izquierda no ha alcanzado la madurez intelectual ni emocional necesaria.

«Hay que recordar, una y otra vez, que la libertad de expresión no es un privilegio, sino un derecho, y eso es lo que la gente teme perder al arbitrio de un nuevo culto»

David Mejía

Con esto no quiero decir que el Che no tenga interés. Yo recomiendo que al Che, como a Gengis Kan, se los estudie en su toda su complejidad. Pero estará conmigo en que ningún adulto tendría una camiseta con la cara de Gengis Kan.

Para la plataforma cívica Libres e Iguales, atacar hoy al Rey es atacar la Constitución y nuestro sistema de convivencia. ¿Está de acuerdo?

No es una casualidad que los grupos que atacan al Rey sean los mismos que pretenden deshacer el marco del 78. La realidad es que, nos guste o no, el Rey es el jefe del Estado, y su legitimidad, como la de los derechos históricos de los territorios forales, emana de la Constitución. Por lo tanto, se puede discutir sobre la monarquía, pero la legitimidad de la monarquía es indiscutible. Cuestionar esa legitimidad es poner en cuestión la Constitución. De nuevo, esto no tiene que ver con el debate monarquía o república, sino con respetar o no el marco de convivencia.

Ciertas voces señalan que Ciudadanos no debería sentarse a negociar los presupuestos con el Gobierno a menos que éste deje de hacerlo con ERC y Bildu. ¿Están en lo cierto?

Francamente, no sé mucho de estrategia política, pero creo que el interés general es incompatible con los intereses de Bildu y ERC. No veo qué presupuestos pueden contentar tanto a Ciudadanos como a quienes tienen el objetivo declarado de fragmentar el Estado.

La gestión de la pandemia de Sánchez no ha evitado que nueve de las diez regiones europeas con peores datos sobre la Covid-19 sean españolas. Sin embargo, las encuestas siguen soplando a favor del Gobierno. ¿A qué lo atribuye?

El voto no es el resultado de un frío proceso racional; se parece más a una ratificación identitaria. Poca gente cambia de partido, no digamos de bloque. Y menos con un panorama político tan polarizado: el votante no penaliza los errores, ni las mentiras, ni los giros ideológicos, ese ha sido el hallazgo de Sánchez: «lo que los míos consideran hoy intolerable pasará a ser aceptable en cuanto yo lo haga».

Por eso, quien tenga un amigo que cambia el voto debería darle las gracias: la democracia se mantiene viva gracias a esa minoría de votantes infieles.

Mientras que para unos la llamada cultura de la cancelación constituye una verdadera amenaza para la libertad de expresión, para otras ésta es tan solo una invención de aquellos que temen perder sus privilegios. ¿Con quién está usted?

Bueno, la cultura de la cancelación no se aplica sólo a casos de libertad de expresión; también censura comportamientos presuntamente inapropiados, no necesariamente delictivos. Pero vayamos a la cuestión de la libertad de expresión.

En ese sentido, la cultura de la cancelación no es algo nuevo: erradicar las ideas incómodas marginando a quienes las sostienen es un vicio muy antiguo. Parece algo moderno, porque ahora se hace en nombre de causas inapelables: la lucha contra el racismo, el sexismo, etcétera. Pero en el fondo se trata de silenciar voces que resultan incómodas u ofensivas para una cuestionable concepción de la justicia social. Sus partidarios se justifican alegando que para combatir la opresión, «que todo lo permea», es preciso silenciar algunas voces. Por eso consideran que no hay nada de malo en destruir la reputación de alguien y cancelarlo.

«Cuestionar la legitimidad del Rey no tiene que ver con el debate monarquía o república, sino con respetar o no el marco de convivencia»

David Mejía

El problema es que la ofensa que puede llevarte a ser cancelado no necesita ser intencional: tus palabras son ofensivas si así las interpreta un oyente. Hay que recordar, una y otra vez, que la libertad de expresión no es un privilegio, sino un derecho —al menos en las sociedades liberales—, y eso es lo que la gente teme perder al arbitrio de un nuevo culto.

Óscar Benítez
Óscar Benítez
Periodista de El Liberal. Antes, fui redactor de Crónica Global y La Razón; y guionista de El Intermedio.

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3 COMENTARIOS

  1. Ñordo y charnego son apelativos que se usan para distinguir a personas provenientes de la España profunda, que carecen de educación, que tienen una mentalidad premoderna y son de una ignorancia que da asco. Si no seles dijera así se les diría de otra manera, el concepto es lo que persiste.
    ¿Odio?, y qué sentimiento cabe tener a un colectivo (sumamente extendido) que te ha sido desde siglos hostil?

  2. Primero de todo, felicitar a SVC por su longevidad. No es corriente poder leer a alguien que lleva vivo 300, 400 o 500 años y lleva él solito sufriendo los abusos de generaciones, una detrás de otra. Si tan larga existencia ha tenido, no la ha aprovechado para bien, pue el presentismo no es una estrategia muy recomendable para digerir (léase entender) los fenómenos sociales y, mucho menos, los históricos.
    Cierto, quien domina el lenguaje, domina la realidad y las definiciones están para usarlas. Y los que las usan (el hecho de proferirlas, de verbalizarlas o de vomitarlas) son los únicos que han de ser juzgados, para ser censurados o para ser integrados en el colectivo. Quien utiliza los términos “premodernos” para adjetivar y justificar el insulto, es porque se cree por encima de ellos. Es decir, hay un “nosotros” y un “ellos”, siendo el “ellos” lo a estigmatizar, lo estigmatizable. Yo he sido adjetivado (no estigmatizado) en esa España profunda, que tan bien SVC debe conocer, de una manera que daba exacta referencia a mi origen geográfico y, por ende, no resultaba ser un insulto.
    Por otro lado, en la España desde la que SVC organiza su cosmovisión, he sido adjetivado (estigmatizado) con un gentilicio que para nada hacía referencia a mi origen geográfico y que por ello apelaba a una escala paralela, a un contexto diferente: el insulto, el oprobio y la humillación. La verbalización de dicho gentilicio, descontextualizado de su original significado geográfico (pues no cabía su utilización en la realidad comprobable), supuso la aprobación de otras personas allí presentes a lo que se sumaba el refuerzo social. El insulto (aceptado) en las tribus funciona así.
    Con todos estos antecedentes a favor de SVC, no puedo más que inferir el significado oculto tras las iniciales de nuestro émulo de מתושלח, que no es otro que el de Solo Vacío Cultural. Que tenga larga y próspera vida.

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