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Barcelona se vuelca en la prevención del suicidio con la habilitación de un Teléfono de la Esperanza municipal

Es la primera causa de muerte en la ciudad en los hombres de entre 15 y 44 años y la segunda entre las mujeres

El espacio Barcelona Cuida ofrece atención especializada contra el suicidio.

El suicidio es la primera causa de muerte en Barcelona en los hombres de entre 15 y 44 años. La segunda, por detrás del cáncer de mama, entre las mujeres de la misma franja de edad. La situación en la capital catalana preocupa y mucho al Ayuntamiento presidido por Ada Colau. La pandemia del COVID-19 ha afectado emocionalmente a los residentes en la ciudad. Tanto como para que algunos crean que poner fin a su vida es la única manera de dejar atrás el sufrimiento.

Ante esta realidad, el Consistorio puso en marcha la pasada primavera, en pleno confinamiento, un plan de choque de salud mental con el que afrontar las consecuencias de la crisis generada por el virus. Cataluña cuenta desde 2015 con un protocolo específico para atender las conductas suicidas. En 2019, a través de este protocolo, llamado Codi Risc Suïcidi, se detectaron en la ciudad 1.139 episodios de este tipo. En los primeros meses de 2020, con la crisis del COVID-19, se habían notificado 467, «menos de lo que podría ser previsible», informan desde el Ayuntamiento. Sin embargo, se prevé que sean muchos más debido a las consecuencias sociales y económicas que tendrá la pandemia. «Hay que estar atentos para limitar un hipotético incremento de estos episodios», añaden.

900 925 555

Por estos motivos, una de las acciones puestas en marcha por el Consistorio ha sido la habilitación de una línea de teléfono gratuita y permanentemente abierta, en colaboración con la Fundació Ajuda i Esperança. Al otro lado del 900 925 555 se encuentran voluntarios que han recibido formación específica para intentar disuadir a quienes desean acabar con su padecimiento. Muchos de ellos vienen del conocido Teléfono de la Esperanza, gestionado por la misma fundación, y ahora esperan seguir contribuyendo a ayudar a los que padecen. «Vivimos en un mundo en el que hay mucho sufrimiento, mucha soledad, mucha incomprensión«, explica una de estas voluntarias.

Este servicio es pionero en la Administración pública. Ningún otro ayuntamiento o comunidad autónoma cuenta con algo similar, a pesar de que el suicidio es la primera causa de muerte externa en nuestro país, con una tasa de 7,6 suicidios por cada 100.000 habitantes. La crisis ha empeorado la situación. Así lo indica el coordinador del nuevo servicio municipal y psicólogo de la fundación, Sergio García: «En el Teléfono de la Esperanza hemos visto un aumento muy significativo de las llamadas. Hay ansiedad, depresión, malestar… todo relacionado con la crisis».

Para atajar esta sangría los voluntarios practican «una escucha atenta y activa». «Estas personas», explica la voluntaria, «no quieren morir. Quieren dejar de sufrir. Llaman para encontrar algo que les impida suicidarse. La decisión es visceral. Y lo que está claro es que, quien se quiere matar, lo hace, no pide ayuda».

Acompañamiento y empatía

A lo largo de la llamada, estos voluntarios, que están disponibles las 24 horas del día durante toda la semana, intentan acompañar y empatizar. «No somos infalibles», reconoce quien nos desvela cómo funciona el servicio, «somos maravillosamente imperfectos y podemos empatizar. Lo que hacemos es ayudar a reconducir emociones». Y añade: «Siempre temes no estar a la altura. Pero te mentalizas. Para esa persona que llama tú no existías antes ni existirás cuando cuelgue el teléfono. Pero si logras abrir una ventanita por la que entre un rayito de luz para quien ha llamado, ya te das por satisfecha».

El psicólogo, por su parte, subraya que «cuanto antes se atienda a una persona que baraja el suicidio, será mejor». Explica que «el que lleva a cabo tentativas, quiere dejar de sufrir». Son personas que tienen «un conflicto interno» entre el impulso de vivir y el deseo de dejar atrás los padecimientos. Y es este impulso de vivir el que les lleva a buscar ayuda en este tipo de servicios telefónicos en el que encuentran al otro lado a «un igual» que intenta «inclinar la balanza a favor de la vida«.

Si durante la llamada la situación se agrava, estos voluntarios recurren al 061, que activa el servicio de rescate. Sin embargo, ellos no sueltan el teléfono e intentan que quien está al otro lado tampoco lo haga hasta que lleguen los profesionales. Son, desde luego, situaciones duras pero que no amilanan a estas personas que tienen claro que quieren «entregarse para ayudar a aliviar el sufrimiento» de otros. Unos voluntarios que, además, derivan a quienes les llaman a otros servicios presenciales en los que podrán seguramente encontrar soluciones a los problemas que les han llevado a ese estado de sufrimiento. «Somos la puerta de entrada a estos servicios», explica Sergio García, «pero nuestro objetivo es frenar el impulso porque la persona necesita hablar, expresarse y encuentra en nosotros la inmediatez y la disponibilidad. Es una relación de igual a igual que ayuda a la expresión y al vínculo empático«.

Muertes evitables

Desde el Consistorio, la responsable de Salud, la concejala Gemma Tarafa, cree que es necesario «reflexionar como sociedad» ante las apabullantes cifras de muertos que arroja el suicidio anualmente. Son, subraya, «muertes evitables«. «Tenemos que saber acompañar», asegura en el vídeo de difusión del nuevo servicio municipal, «saber que hay alguien que está escuchando tu situación». Tarafa tiene claro que el Ayuntamiento no puede permanecer de brazos cruzados ante esta dura realidad: «Es importante que el Ayuntamiento ponga sobre la mesa estas herramientas para la prevención y el acompañamiento«.

Por estos motivos, además del servicio telefónico, el Consistorio está coordinando las acciones en torno al suicidio con las entidades Associació Catalana per a la Prevenció del Suicïdi y Després del Suicïdi-Associació de Supervivents. La primera atiende sobre todo al entorno de personas con conductas suicidas, a las que ayuda a saber cómo actuar para prevenir. La segunda, por su parte, reúne a familiares y allegados a personas que se han suicidado para ayudarles a encauzar uno de los duelos más duros. El Ayuntamiento, además, cuenta también con un punto de atención específica, Barcelona Cuida, destinado tanto a personas con conductas suicidas como para su entorno (C/ Viladomat 127).

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