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Una nueva vida para Andy, el caso de un ‘indigente’ que no encaja en el sistema

Cada día se van sumando voluntarios para cambiar la vida de Andreas Boy, un ciudadano alemán gravemente enfermo que lleva cuatro años viviendo en las calles de Vilanova i la Geltrú

1826 kilómetros hay desde la ciudad alemana de Hamburgo hasta Vilanova y la Geltrú. Esa es la distancia que recorrió, exactamente, Andreas Boy haciendo autoestop. Huía del del frío clima germano, del frío de una vida marcada por la exclusión social, de una vida prohibida en las aceras alemanas.

Tiene 40 años y cuando Beatriz lo encontró durmiendo en la calle sobre un cartón no recordaba la última vez que se había bañado. Sin embargo, ese calor que lo condujo hasta la ciudad catalana no resultó más que un espejismo para él, para este hombre de 40 años que lleva cuatro pernoctando a la intemperie en las calles de Vilanova.

La joven, conmovida por la estampa de ese ser humano reducido a la mínima expresión de la palabra, le obsequió con una pequeña compra. ¿Necesitas algo más?, le preguntó, y ahí vino la sorpresa. Este hombre “indigente” o “sin techo” como se suele nombrar a aquellos que no disponen de unos mínimos para alimentarse o resguardarse, le dijo: “Lo único que necesito es entrar en algún centro de desintoxicación para abandonar mi adicción al alcohol”.

“Lo único que necesito es entrar en algún centro de desintoxicación para abandonar mi adicción al alcohol”.

Una compañía peligrosa

Se suele asociar a las personas sin hogar con el alcohol, con ese cartón de vino que, aunque para los transeúntes no es más que una etiqueta barata que justifica el desprecio, en realidad es un precio muy caro que deben pagar muchas de esas personas que viven en la calle.

Si bien es cierto que no hay que generalizar, y que ese vicio es la elección de muchos de ellos, este no es el caso de Andreas, Andy para los amigos. Sí! Los amigos, y aquí viene el principio del fin de una historia que, posiblemente, haya acabado con una deriva inevitable.

Una vida para ‘Andy’

Beatriz, Aina, Ana, Andreea y Raquel, estos son los nombres de las cinco jóvenes que un día decidieron cambiar la vida de Andreas Boy. Seguramente, movidas por una falsa percepción, pensaron que el asunto sería algo más fácil. “Estamos en España, en Cataluña. Algo se podrá hacer”. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, y es que “ilusas”, reconocen, se toparon con una burocracia de hierro en la que no cabe la compasión.

“Estamos en España, en Cataluña. Algo se podrá hacer”. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, y es que ‘ilusas’, reconocen, se toparon con una burocracia de hierro en la que no cabe la compasión.

“Como él hay muchos. Es mejor dejarlo morir”. Tan aberrante como cierto es el comentario que una doctora hizo a Andreea, Aina y Beatriz delante de Andy que, a pesar de no dominar demasiado el español, entendió a la primera el destino que la ‘profesional de la salud’ había decidido para él.

“Como él hay muchos. Es mejor dejarlo morir”

«Parcheando la solución«

Un parche mal cosido es, según las jóvenes, el que asuntos sociales pretende poner al caso de Andreas porque, aunque de momento no se ha dicho, este hombre está diagnosticado de Encefalopatía de Wernicke. También de un tumor cerebral que, a día de hoy, todavía no se sabe si es maligno o no.

La lucha de estas chicas es conseguir un techo para Andy, pero no un techo cualquiera, sino aquél donde se puedan garantizar unos mínimos de dignidad para su vida. «Hace dos años le robaron la documentación en la playa así que, además de todo su historial, es un ‘indocumentado’ sin derecho, por tanto, a una asistencia sanitaria«, sostienen.

Por la puerta de urgencias

El hombre llevaba días sufriendo alucinaciones algo que, para sus jóvenes ‘salvadoras’ era motivo, más que suficiente, para sacarlo de la calle. «Por su bien y por el bien de la ciudadanía era necesario que Andy recibiese asistencia médica», concluye Beatriz. Por tanto, ante la negativa del sistema, decidieron ingresarlo a través de urgencias en el Hospital Residencia Sant Camil, en Sant Pere de Ribes, donde lleva internado 15 días celebrando cada una de esas noches que llegan sin que los facultativos le den un alta que lo devolverá a la calle.

Giro radical

«Yo misma lo he bañado y hemos pagado, incluso, un hostal para poder hacerlo»

A día de hoy Andreas no es, o no parece ser, ese ‘sin techo’ que Beatriz encontró en la puerta de un gran centro comercial. «Yo misma lo he bañado y hemos pagado, incluso, un hostal para poder hacerlo». El cambio de este hombre ha sido enorme, cuentan con orgullo las chicas a El Liberal. «No ha vuelto a probar ni gota de alcohol y su actitud es intachable. Está demostrando día a día su interés por rehabilitarse». Sin embargo, una amenaza sobrevuela ese cuarto de hospital que lo acoge.

«Es una vergüenza el desamparo que sentimos por parte de los servicios sociales»

Al parecer, Andy no encaja en el sistema. «Su caso ya está en los servicios sociales y lo único que hemos conseguido es una ducha por semana«. El grupo de voluntarias está consiguiendo solucionar, sin ningún tipo de ayuda, el problema de la documentación, a través de la embajada alemana. Sin embargo, pese a que cada vez está más cerca la ansiada tarjeta sanitaria del hombre, a día de hoy, siguen sin ofrecerle una salida viable para su problema.

«Su caso ya está en los servicios sociales y lo único que hemos conseguido es una ducha por semana»

Según cuentan las jóvenes, la única alternativa que ofrecen los servicios sociales a Andy es ingresar en un Centro Reto, algo que descartan de lleno, ya que este no es el lugar apropiado para él. «En esos centros te dan techo y comida a cambio de trabajo y Andy no tiene la posibilidad de desempeñar las tareas que se les pide. Entre otras, la rehabilitación de muebles usados para su posterior venta».

Sus facultades mentales y la distrofia cerebral diagnosticada, aseguran, prueban la imposibilidad de este hombre para dar lo que se le va a pedir por esa asistencia. «Acabará en la calle de nuevo».

«Acabará en la calle de nuevo»

Después de escuchar el desgarrador testimonio de estas mujeres, El Liberal se puso en contacto tanto con un responsable de servicios sociales como con Reto. Muchas preguntas que solo ellos pueden contestar, a día de hoy siguen sin respuesta.

Un grito desesperado: «Ignoradas por algunos medios de comunicación»

«Nos pusimos en contacto con TV3 y Canal Blau para dar a conocer el caso de Andy pero ni siquiera nos contestaron», lamentaron las jóvenes en su primera conversación con este diario. «Os pedimos ayuda para que esto se sepa. Estamos desesperadas«, rogaba Núria en su mensaje.

Con este reportaje lo que se pretende es, insisten, que la sociedad conozca este caso que aunque es, por desgracia, uno de muchos, no deja de ser una emergencia vital. «Es un ser humano enfermo y con ganas de curarse. Todo el que lo conoce le tiene mucho cariño y día tras día nos está demostrando que esta lucha merece la pena».

La familia de Andreas crece por momentos

Una gran labor en redes sociales ha conseguido que muchas personas se sensibilicen con el caso y se sumen a un pequeño ejército de personas solidarias que no se rendirán hasta ver a Andy en un lugar adecuado.

Núria es quién consiguió que ustedes estén hoy leyendo estas líneas, Lina le ofreció unas botas después de esa primera ducha en el Hostal, Yosi aportó alimentos y Mari Carmen se ha ofrecido, como abogada, a atender los aspectos legales del caso. También Nerea, una estudiante de educación social, se ha volcado con el grupo para alcanzar ese ansiado fin: Una nueva vida para Andreas.

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