¿Miedo al candidato Illa?

El candidato socialista a la presidencia de la Generalitat, Salvador Illa. EP.

ERC de cara y JxCat con la boca pequeña han promovido algo tan inusual como el aplazamiento de las elecciones autonómicas previstas inicialmente para el 14 de febrero. Los republicanos han apelado a las siniestras cifras de la pandemia del COVID-19 para justificar una acción que supondrá que el proceso electoral que tenga que comenzar de cero. Algo que, se mire por donde se mire, no tiene ningún sentido.

Cuando el pasado 21 de diciembre el presidente interino Pere Aragonés firmaba el decreto de convocatoria de los comicios para febrero pocos desconocían que estábamos a las puertas de la tercera ola de la pandemia. Por lo tanto, cuesta creer que sea eso lo que sirva para, ahora, desplazar la cita con las urnas al 30 de mayo. Entre el 21 de diciembre y este viernes lo único que ha roto los escenarios políticos previstos desde el Govern ha sido la presentación del ministro de Sanidad, Salvador Illa, como candidato del PSC. Más que romper, ha hecho saltar por los aires la confianza del separatismo en una nueva legislatura de más procés, más chiringuito, más crisis económica y más enfrentamiento social.

Illa ha hecho saltar por los aires la confianza del separatismo en una nueva legislatura de más procés, más chiringuito, más crisis económica y más enfrentamiento social.

Illa es, seguramente, el hombre más tranquilo de la política catalana. Dicen quienes le conocen que tiene una capacidad de negociación y diálogo envidiables y, siendo realistas, ha demostrado tener un gran temple ante la peor crisis que hemos vivido los españoles (catalanes incluidos) desde que llegó la democracia. Cierto es que los resultados de su gestión al frente de Sanidad no son para tirar cohetes. Pero hay que tener en cuenta que, entre otras cosas, Illa no fue nombrado ministro para afrontar una pandemia terrible sino para solucionar la lacra que ha supuesto para Cataluña el procés que lideran, entre otros, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras.

Que el PSC ha dado en el clavo con su elección es una evidencia. Las encuestas señalaban que, de cara al 14 de febrero, Illa sería el candidato más votado. Y eso hizo saltar las alarmas separatistas. Tanto como para suspender la cita electoral y llevarla hasta el 30 de mayo. Pocas veces veremos un uso más torticero de lo público.

Los republicanos han demostrado en Madrid que no es difícil hacerles cambiar de opinión.

¿Podría llegar a ser presidente de la Generalitat? Podría, siempre y cuando lograra convencer a ERC. Y los republicanos, que en Madrid han demostrado que no es difícil hacerles cambiar de opinión, saben que lo único por lo que pactarían con los socialistas sería por la Presidencia de la Generalitat. Algo que solo estaría justificado si fueran ellos, y no Illa, los más votados. Podría ser también que las formaciones constitucionalistas lograran el respaldo electoral suficiente como para pactar con el PSC. Pero, lamentablemente, me temo que eso está más que complicado.

Sea como sea, la realidad es que la cancelación de la cita electoral es una burla para la democracia. Una más en esta Cataluña ya acostumbrada a un Govern que cree que la res pública está única y exclusivamente a su servicio. Y así afrontamos la tercera ola del coronavirus, la crisis brutal económica que ya tenemos encima, la pobreza derivada de la misma y, sobre todo, esa llamada «nueva normalidad» que cada día da más miedo. Lo tiene fácil el PSC para la campaña: «Necesitamos un Salvador».

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