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Un país para avergonzarse

Un momento de la declaración institucional del presidente Sánchez (Europa Press).

En vísperas de elecciones autonómicas que van a celebrarse en Cataluña el 14 de febrero el panorama al que nos enfrentamos muchos catalanes resulta desolador. Por quinta vez desde noviembre de 2010 acudiremos a las urnas -lo hicimos también en noviembre de 2012, 2015 y diciembre de 2018- sin ninguna esperanza de que quienes sean elegidos formen un Parlamento respetuoso con el orden constitucional y Cataluña recobre la normalidad democrática. Basta sólo con constatar que casi todos los protagonistas del golpe de Estado de 2017, tanto quienes fueron juzgados y condenados por sedición por el Tribunal Supremo (Junqueras, Romeva, Turull, etc.) como los que se dieron a la fuga para evitar ser juzgados (Puigdemont, Rovira, Gabriel, etc.) participan en mítines electorales y el más desvergonzado de todos ellos encabeza incluso el cartel electoral de Junts per Catalunya.

Por si este espectáculo obsceno, que en tan mal lugar deja al Tribunal Constitucional y al Tribunal Supremo, fuera poca cosa, Iglesias, vicepresidente del gobierno de España, se ha permitido en una entrevista decir que en nuestro país no hay normalidad democrática porque, a su entender, algunos líderes políticos catalanes están en prisión y otros en el exilio. Ante tamaño disparate político, el presidente del Gobierno, lleva días callado sin atreverse a enmendarle la plana a su disparatado vicepresidente. Ha dejado, eso sí, a algunos de sus peones de brega (Calvo, Montero y Ábalos) salir al ruedo para restar importancia a las gravísimas declaraciones del vicepresidente cuestionando la calidad de la democracia española. Ya se sabe, nos han dicho con la boca pequeña, estamos en campaña electoral.

«El Sr. Iglesias confunde la libertad de expresión con la libertad para saltarse las leyes con las que discrepa

Pero no era a sus fieles subalternos, Sr. Sánchez Castejón, sino a usted mismo que fue quien decidió hacer vicepresidente al Sr. Iglesias, a quien le correspondía salir del callejón a enmendarle la plana, recordándole que a los condenados y fugados son reos de la justicia no por sus ideas independentistas, harto conocidas, sino por haberse saltado la Constitución, el Estatuto de Cataluña y el Código Penal, por haber realizado una ilegal consulta de autodeterminación el 1 de octubre de 2017, por haber malversado dinero público, y, en fin, por haber aprobado una resolución en el Parlamento de Cataluña que daba por instaurada la república catalana e instaba al gobierno de la Generalidad a adoptar las medidas necesarias para hacer efectiva la independencia. El Sr. Iglesias confunde la libertad de expresión con la libertad para saltarse las leyes con las que discrepa. La política se hace con cojones, dijo en alguna ocasión esta desgracia de la democracia española.

Permítame recordarle que fue usted mismo quien nos advirtió a los españoles antes de las últimas elecciones generales que con Iglesias y compañía no era posible gobernar, piensen, dijo, cómo podríamos afrontar una crisis política como la catalana con los ‘podemitas’ en el Gobierno. Y, no obstante, fue usted mismo quien apenas 48 horas después de conocerse los resultados electorales acordaba formar gobierno en tan facinerosa compañía. Ahora le toca sorber la amarga deuda contraída con sus desleales socios y la única salida honrosa para usted, para los socialistas viejos y nuevos, y para todos aquellos que le votaron creyendo que cumpliría su promesa de mantenerlos fuera del gobierno de cesarlos. No puede usted sentarse en el Consejo de Ministros con quienes cuestionan la calidad de la democracia española y osa llamar presos políticos a los condenados por el Tribunal Supremo y exiliado al prófugo de Waterloo.

«No le pedimos ninguna heroicidad, tan sólo que sea coherente con lo que usted mismo pensaba hasta hace no tantos meses

Sr. Sánchez: los españoles que vivimos bajo la dictadura del general Franco y apreciamos en todo su valor la conquista del espacio de libertad y convivencia que supusieron la Transición y la aprobación de la Constitución en 1978, esperamos que no se haga esperar más, que rompa ya su incomprensible silencio y ponga fin al esperpéntico gobierno del que nada bueno cabe esperar en estas horas tan difíciles para la sociedad y la economía españolas, las más graves vividas desde el final de la trágica Guerra Civil. No le pedimos ninguna heroicidad, tan sólo que sea coherente con lo que usted mismo pensaba hasta hace no tantos meses y no permita que sean sus propios ministros quienes socaven la legitimidad de nuestras instituciones democráticas y den alas a quienes precisamente sólo pretenden dinamitarlas. Para eso ya tenemos a Junqueras y a Puigdemont, a De Weber y a Maduro, y ahora también a Levrov y a Putin. No les dé más ocasiones de sacarnos los colores y ponernos en ridículo ante el mundo.

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