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Ecos Independentistas/ Pablo Hasél, un montaje contra la independencia

El rapero Hásel en el momento de ser detenido por los Mossos. EP.

Catdavant es un digital de reciente aparición. Al contrario de tantos otros, parece que no quiere limitarse a reproducir noticias aparecidas en la prensa más o menos seria, sino que tiene una cierta ambición de marcar la pauta. En un editorial se definen como «un medio independiente, independentista e independizador». Y afirman que «los artículos no están firmados para evitar presiones o coerciones que marquen lo que podemos decir», aunque esto no depende tanto de los nombres como de las subvenciones que les lleguen.

Esta semana se preguntan si es Pablo Hasél un instrumento de disidencia controlada para impedir la independencia de Cataluña. Una independencia que está al caer —como siempre desde hace años— dado que el independentismo ha obtenido bastante más del 51% de votos, que es lo que todo el mundo piensa.

Los datos son que «sumando los votantes de ERC, JxCat, CUP, PDECat, Primàries, PNC y FNC (los cuatro últimos no han conseguido representación en el Parlamento) la opción independentista ha obtenido el 51,28% de los sufragios», así lo resume BTV, que añade: «Ahora bien, si sólo contamos los votos de los partidos que han entrado en el Parlamento (ERC, JxCat y CUP) el porcentaje baja hasta el 48,04%, medio punto más respecto a los resultados del 2017.»

En cambio, a Catdavant le sale una cifra más alta, que no concreta, porque habría que tener en cuenta «los “ni sí ni no”, los blancos y los nulos». Nadie conoce a los del partido “ni sí ni no”; los que han votado en blanco, si realmente quieren la independencia, han perdido una buena ocasión de demostrarlo, y ya puestos a especular, también cabe añadir a los hipotéticos votantes de Vox que, en un hipotético referéndum, cambiarían de opinión y apostarían por la independencia. Esas son las cuentas de la lechera.

Ante tan contundente avance, las fuerzas de la reacción habrían realizado una maniobra de distracción para impedir que la alternativa independentista se concrete. Y así aparece el caso de Pablo Hasél, un caso que «presenta incoherencias en seis ámbitos: detención fuera de plazo, no cumplimiento de protocolos en el momento de la detención, ocultación del estalinismo de Hasél, manipulación de los motivos para el encarcelamiento, mentiras de Hasél en Twitter y apoyo de los medios de comunicación del sistema, que son opuestos al estalinismo».

Detalles sobre esas incoherencias aparte, es de agradecer que desde el mismo campo independentista surja alguna voz que reconozca que la cosa no va de libertad de expresión y que ha habido «una campaña de promoción en todos los medios de comunicación procesistas, incluida TV3, [que] ha dado lugar a cinco noches de reacciones por el encarcelamiento».

El anónimo analista concluye sentenciando que «es obligatorio cuestionarnos si no estamos ante un montaje español contra la independencia, con uno o varios de los objetivos que siguen: distraer el independentismo de los resultados del [14 de febrero] y de las negociaciones para formar Gobierno, generar tensión que justifique mediación internacional para poder negociar un referéndum de revocación del de independencia que ganamos en el 2017, en connivencia con los partidos procesistas, o bien ir a una reforma constitucional que maquille la monarquía en república para apaciguar las ansias independentistas del pueblo de Cataluña».

Uno, lo de distraer al independentismo de los resultados que obtuvo es muy gracioso, porque viene a significar que sus votantes no se fijan mucho en lo que votan o que les importa un pimiento; además, si como el mismo artículo afirma, los medios de comunicación procesistas han sido pieza clave en la campaña, o estos son cómplices de la confabulación o no se enteran de nada: suerte que aquí está Catdavant.

Dos, nadie aspira a revocar el referéndum del 2017 como no sean los mismos que la convocaron, sea para hacer tabla rasa del pasado reciente, sea para convocar otro referéndum más en serio; en cuanlquier caso, la mediación internacional ni estuvo, ni está, ni se la espera.

Tres, si se cambia la jefatura del Estado, de un sistema monárquico a otro republicano, no será únicamente debido al llamado problema catalán, hace falta mucha megalomanía para pensarlo, sino por muchas otras causas y mediante otros protagonistas.

Pero, con especulaciones gratuitas, conspiraciones indemostrables y un enemigo de maldad probada, ahí va otro cóctel para mantener encendida la ilusión de los seguidores por un proceso ya sin rumbo. Y quien hoy dice que España es una dictadura que encarcela artistas, mañana dirá que provoca disturbios en las calles de Cataluña para que los independentistas se distraigan y se olviden de armar sus propios disturbios.

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