La violencia del «procés» en plan golpe de estado blando

Los radicales prendieron fuego al vehículo de la Guardia Urbana a sabiendas de que en su interior había aún un agente (Europa Press).

El vértigo saturado este sábado con el incendio de la furgoneta policial, en este caso de la Guardia Urbana, ojalá señale el fin a la oleada violenta que, en un dato más que relevante, transcurre como telón de fondo en los tratos para formar gobierno, casi desde el día siguiente a las elecciones. Pero, aunque en momentos o escenarios quizá diferentes, tampoco se trata de nada nuevo en sí. Resulta recurrente en los avatares del «procés», por lo menos desde las vísperas de aquel 1 de Octubre

Los disturbios y la violencia no sólo callejera ligada al «procés», la que dicen «espontánea» y no por ello deja de ser partidista, facciosa, tendrá explicaciones diversas, contradictorias o coincidentes. Una a plantear, quizá sugerente aunque nada frecuentada, se remontaría a los orígenes de la democracia moderna en las dos primeras revoluciones liberales, la americana y la francesa, que siguieron a la Ilustración. La española fue la tercera, precisamente.

«El ‘procés’ se basa en vindicar un inexistente derecho universal a la autodeterminación y secesión de territorios«

Sería aquello del derecho a la rebelión, tan influyente en ideologías y hechos. La revolución americana lo consagró en su Declaración de independencia, y la francesa en la Declaración de derechos del hombre y el ciudadano. «Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes», señala el artículo 33 de esta última.

«Para el ‘procés’, ‘oli en un llum’. El ‘procés’ se basa en vindicar un inexistente derecho universal a la autodeterminación y secesión de territorios, aquí un «derecho» de su «pueblo catalán» en la idealidad e invención que tal cual se va construyendo igualmente. Pese a que ninguna constitución reconoce tal «derecho», ni la de Canadá (sí lo hizo la de la Yugoslavia del autócrata Tito, que así acabó), le sirve para impugnar a la Constitución española vigente.

«Para el ‘procés’, ‘oli en un llum’. El ‘procés’ se basa en vindicar un inexistente derecho universal a la autodeterminación y secesión de territorios«

Podemos está en lo mismo, al caso, y de ahí su alianza fundamental con Erc, pero ha llegado al camino por otro sendero: Tilda de viciada desde su génesis a la Constitución vigente, la de 1978, y propugna en su programa un «proceso constituyente«, no una mera reforma de la Constitución según las mayorías y procedimientos establecidos en la misma. Podemos pretende así, y no lo esconde, fundar un nuevo régimen, se supone que mediante las urnas.

La violencia de los disturbios callejeros entre demás coacciones y daños, viene por su propio paso. Para el «procés», lo ilegítimo es España como Estado antes que por el régimen, porque niega «derechos del pueblo». Esta violencia le sirve asimismo para deslegitimarlo. Ha seguido mientras tanto,y ojala que no prosiga, en la medida que ha rendido provechos, propiciado «diálogos», justificado «bilateralidades» y, a fin de cuentas, concesiones de Pedro Sánchez animadas por Podemos.

«La violencia de los disturbios callejeros entre demás coacciones y daños, viene por su propio paso. Para el «procés», lo ilegítimo es España como Estado antes que por el régimen, porque niega «derechos del pueblo». Esta violencia le sirve asimismo para deslegitimarlo»

En la de aquella batalla de Urquinaona, durante más de una semana plagada de disturbios, adujeron las sentencias del Supremo a raíz de los hechos de septiembre y octubre de 2017. Y esta vez, el encarcelamiento del tal Pablo Hasel, con Iglesias, Echenique, Colau o Asens de la mano con los Cdr de Puigdemont y su Cup, por lo menos en los primeros compases. Nada menos que otro «pres polític» como los del «procés», «víctimas» todas ellas del estado o régimen español que «niega derechos».

Al «procés», la batalla de Urquinaona no le resultó nada mal. De aquello le sacaron a Pedro Sánchez, y antes al Psc entonces de Miquel Iceta, pero también de Illa, la «Mesa de Diálogo y Negociación bilateral«, entre el gobierno autonómico de Cataluña y el aún de la Nación, a cargo de la alianza Psoe-Podemos. Se reuna o no, no se trata de ninguna entelequia. Viene a ser un instrumento de poder mediante el cual se saltan garantías, formas, y a saber si leyes.

«Al ‘procés’, la batalla de Urquinaona no le resultó nada mal. De aquello le sacaron a Pedro Sánchez, y antes al Psc entonces de Miquel Iceta, pero también de Illa, la ‘Mesa de Diálogo y Negociación bilateral’, entre el gobierno autonómico de Cataluña y el aún de la Nación«

Porque, y esto es clave, aquel histórico derecho a la rebelión persiste en el fondo ideológico o el imaginario onírico de quienes ahora propugnan, consienten o han consentido dichos tumultos u otras coacciones, pero ya en una versión degradada en extremo y, sobre todo, falsa de fin a principio. Si este escrito lo evoca es en el afán por saber de donde pueden venir los delirios ideológicos de quienes animan o amparan estas violencias, y los desmanes que causan.

«La rebelión es un delito contra la democracia, aquí y en Berlín«

Aquel derecho a la rebelión está fuera de lugar por al menos dos razones. Primero porque en España en general, y en Cataluña casi como acto de resistencia, las libertades y derechos tienen por garantía las leyes emanadas de la Constitución. La rebelión es un delito contra la democracia, aquí y en Berlín. Y segundo porque las violencias de estos días no son ajenas a poderes políticos, de partidos y despachos donde, tal como se ve, se han amparado, se amparan y, sobre todo, modulan.

Los Mossos d’Esquadra y su cometido para mantener el orden público se han convertido en el centro del debate entre partidos del «procés», al punto de «condicionar la formación del nuevo gobierno», en un titular que ha asomado por todas las portadas. La Cup, al calor de las barricadas, se postula asimismo para la presidencia del Parlament. Y a Salvador Illa, tajante más que conciliador, aún tardan en tomarle la palabra para condenar los actos violentos, más que hechos.

«Los Mossos d’Esquadra y su cometido para mantener el orden público se han convertido en el centro del debate entre partidos del ‘procés’, al punto de condicionar la formación del nuevo gobierno«

Societat Civil Catalana y Ciutadans son los únicos que de buen principio han ido donde se debe, en un régimen de derechos y libertades. Esto es, se han personado ante la fiscalía, en los juzgados, para denunciar a cargos y responsables políticos de la Generalitat por negligencia y prevaricación, respectivamente. Y mientras, en las antípodas, el célebre tuit de Echenique: «Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles».

En todo esto, y aquí Podemos debería guardar más que las formas, hay un reverso oscuro, cargado de peligros. Si, desde instancias de poder, se alientan actos fuera del derecho, no tiene porque tratarse de los fascismos donde las leyes, a fin de cuentas, se las hacían a gusto y conveniencia los líderes carismáticos de aquellos regímenes. Tampoco de leninismos con el stalinismo o el maoismo en lo peor, que asimismo crearon sus mecanismos al respecto.

«De la ‘política’ a la violencia callejeada, el maoismo, en su Revolución Cultural, convirtió disturbios y linchamientos ‘espontáneos’ en extensión del poder del partido comunista y su estado criminal, claro»

Quizá resulte sugerente, a propósito, aquel dicho de Chou En-Lai según el cual «toda guerra es continuación de la diplomacia por otros medios». De la «política» a la violencia callejeada, el maoismo, en su Revolución Cultural, convirtió disturbios y linchamientos «espontáneos» en extensión del poder del partido comunista y su estado criminal, claro. Pero incluso entre estadistas liberales se dio la tentación tal vez «revolucionaria», populista en el decir de hoy.

Por ejemplo Manuel Azaña cuando en mayo de 1931 y siendo ministro de la Guerra, ahora Defensa, estalló la quema de conventos, que de Madrid se extendió a ciudades del Levante y el Sur Peninsular. Gabriel Maura, a la sazón ministro de Gobernación, le sorprendió en los despachos gubernamentales de la Puerta del Sol junto a «jóvenes ateneístas» que planeaban e iniciaron tamaña efusión revolucionaria contra «la lenidad del gobierno en materia clerical».

A Azaña no se le ocurrió otra que salir con aquello de la «justicia inmanente«. Por suerte para él, que tanto lo lamentó a partir de los sucesos de Casas Viejas, e infinitamente en la tragedia de la Guerra Civil, su tan frívolo juicio quedó en el secreto del Consejo de ministros, donde Largo Caballero, socialista, le puso en su lugar: «O esos golfos van inmediatamente a la cárcel, o vienen a sentarse aquí, y los que estamos de más somos nosotros», le remachó.

«O esos golfos van inmediatamente a la cárcel, o vienen a sentarse aquí, y los que estamos de más somos nosotros» Largo Caballero

La quema sirvió todavía a Azaña para dar lustre «revolucionario» a su abusivo «España ha dejado de ser católica», peor que exagerado cuando se trataba simplemente de señalar en la Constitución, la de 1932, el principio fundamental de la separación entre Iglesia y Estado, asumida no obstante por el Vaticano. Quizá pretendió apenas la vanagloria de unos titulares llamativos, pero abrió heridas convertidas en llagas hasta el franquismo y más allá.

Y aquella voz de Largo Caballero, que aún no se creía el «Lenín español»,  no es extraña a la que en su bloc explaya otro ilustre e histórico sindicalista, Gregorio López Bulla. A modo de crónica, refería hace días: «Erc sigue comportándose como si hubiera perdido las elecciones autonómicas, sin tomar decisiones firmes para atajar el quilombo barcelonés; Waterloo, sin embargo, actúa como si las hubiese ganado, dejar hacer para esparcir más desaguisados».

«Erc sigue comportándose como si hubiera perdido las elecciones autonómicas, sin tomar decisiones firmes para atajar el quilombo barcelonés; Waterloo, sin embargo, actúa como si las hubiese ganado, dejar hacer para esparcir más desaguisados».

«Aragonès García ha tardado en hablar de la violencia en las calles barcelonesas y, cuando lo ha hecho, parecía que regañaba paternalmente a los llamados «antifascistas». Laura Borràs, la sombra de Quim Torra es alargada -«apreteu, apreteu»- miraba encantada, pensando tal vez que esto fue lo que les faltó aquel 1 de Octubre», anota. De perdurar, en efecto, estas violencias se convertirán en lo que Antonio Jimeno denomina ya «golpe de estado blando».

«De perdurar, en efecto, estas violencias se convertirán en lo que Antonio Jimeno denomina ya «golpe de estado blando».

La violencia insurgente, «espontánea» que dicen, viene actuando, en efecto, como vaselina del «procés» en sus momentos críticos, con vandalismos sea contra partidos democráticos o instituciones del estado cuando median actos judiciales o elecciones, o callejeada y a la vista en ocasión de «movilizaciones«. Y de aquí a los despachos, en la viceversa. Si se trata o no de «golpe de estado blando«, habrá que ir viéndolo en sucesivos efectos sobre los gobiernos.

Sea el que sea, y en terrible si están la Cup y lo de Puigdemont, el nuevo gobierno de la Generalitat tiene precisamente, y como primer punto en la agenda, la reunión de la «Mesa de Diálogo y Negociación bilateral«. Mediante moción presentada por Erc, así se aprobó en el Congreso a fecha de 17 de diciembre, imponiéndolo al resultado de las autonómicas, y con los votos a favor del gobierno Psoe-Podemos, junto a Bildu y demás. Y dirán del mandar desde Madrid.

«Difícil no evocar las sirenas por Vía Layetana y el Ensanche, con los contenedores en llamas y los escaparates reventados. Lo de estos días ha venido a ser otro «dèja vu». La «política» por otros medios: Chou En-Lai, Mao Tse-Tung o don Manuel Azaña Díaz y aquellas llamas en los conventos que en la historia han quedado como presagio de otras peores. Para evitarlo se redactó la Constitución«

Va todo: Lo de «avanzar de manera decidida en la resolución del conflicto político existente entre Catalunya y el Estado español», en el lenguaje que tanto recuerda el de los tiempos de Eta, y en lo consabido que «para resolver el conflicto del Estado con Catalunya», el trágala o receta es, como en literal señala, «sobradamente conocida: Amnistía y ejercicio del Derecho de Autodeterminación. Reivindicación coincidente con la mayoría de la población catalana».

Difícil no evocar las sirenas por Vía Layetana y el Ensanche, con los contenedores en llamas y los escaparates reventados. Lo de estos días ha venido a ser otro «dèja vu». La «política» por otros medios: Chou En-Lai, Mao Tse-Tung o don Manuel Azaña Díaz y aquellas llamas en los conventos que en la historia han quedado como presagio de otras peores. Para evitarlo se redactó la Constitución. López Bulla votó a favor, como tantos más. Y a ver si Illa… Su voz constitucional es ahora la de mayor autoridad.

Josep Ache
Josep Ache
Josep Ache (Sabadell, 1962). Periodista desde 1979, a diario en medios sabadellenses. Tras Radio Sabadell-EAJ 20, trabajó de 1981 a 2016 en Diari de Sabadell. Llegó a ser corresponsal de Tele/eXpres o El Correo Catalán, y ha colaborado en medios más globales. Autor de libros, capítulos, artículos o ponencias en congresos o cursos universitarios, y encargos de museos o fundaciones, sobre arte, ciencias, arquitectura, historia del teatro o de la música, incluida la flamenca. A juicio del cantaor Chano Lobato, "es lo que hablamos con Romerito (de Jerez, otro grande): En Sabadell está ese señor catalán, tan buen aficionao y tan formal".

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