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Viendo pasar el tiempo en la plaza Sant Jaume

Pere Aragonès conversa con Laura Borràs Foto: Efe

No hay prisa para formar gobierno en la Generalitat de Cataluña. El bloque independentista, donde tanto se habla de procurar el bienestar y la felicidad de las personas, parece haber llegado a la conclusión que el mejor gobierno autonómico es el que no gobierna.

Mientras tanto, mientras los políticos dejan pasar el tiempo hasta llegar a un acuerdo en el último minuto, los comentaristas no tienen más remedio que practicar el juego lento. En el Nacional, David González expone que el verdadero obstáculo para un Govern ERC – Junts es ¡la represión!

«El bloque independentista, donde tanto se habla de procurar el bienestar y la felicidad de las personas, parece haber llegado a la conclusión que el mejor gobierno autonómico es el que no gobierna»

«En Catalunya continuamos sin presidente (…) porque la represión del movimiento independentista no se acabó con la sentencia del 1-O» y porque vivimos en un «estado de excepción no declarado (…) desde el discurso de Felipe VI del 3 de octubre del 2017». Y ése es «el verdadero obstáculo para el pacto y para formar gobierno por las diferencias sobre cómo hacerle frente».

«En Catalunya continuamos sin presidente (…) porque la represión del movimiento independentista no se acabó con la sentencia del 1-O» y porque vivimos en un «estado de excepción no declarado»

Pero él mismo no puede evitar reconocer que «Catalunya debería tener Govern pronto» y «construir nuevos relatos de futuro, en positivo». En qué consistirán los nuevos relatos, no nos lo dice, pero puesto que «sólo incorporando el factor dignidad en la respuesta [a las inhabilitaciones habidas y por haber], mediante la desobediencia, se puede aspirar a denunciar la injusticia e incluso restablecer el normal funcionamiento de las leyes», está claro que se parecerán mucho a los anteriores.

«Sólo incorporando el factor dignidad en la respuesta [a las inhabilitaciones habidas y por haber], mediante la desobediencia, se puede aspirar a denunciar la injusticia e incluso restablecer el normal funcionamiento de las leyes»

Coalición sin liderazgo fuerte

También en el Nacional, Agustí ColominesPolítica y prosa de una coalición— descubre que «las coaliciones funcionan cuando al frente hay un liderazgo fuerte. Éste fue el problema de la pasada legislatura, porque el president Torra jamás fue un líder reconocido internamente, ni siquiera cuando hizo algo bien».

Pues el problema de ésta va a ser no sólo que Aragonès tampoco no goza de un liderazgo suficiente, sino que no hay nadie en la reserva con el ascendiente necesario para imponerse, porque si lo hubiese ya se sabría: ha tenido tiempo desde enero de 2020 para surgir de la sombra.

Como para animar a los negociadores, Colomines recuerda qué fue lo que se acordó en marzo de 2018 antes de investir a Quim Torra:

«El acuerdo entre Junts y ERC preveía, entre otras cosas, que la legislatura culminara con una “multi-consulta” que sirviera para validar el proceso constituyente, que era lo que exigía la CUP. El acuerdo también contemplaba que la actividad política tendría tres patas: las instituciones (Parlament y Govern de la Generalitat); el Espacio Libre del exilio (Asamblea de Representantes, Consell de la República y presidencia del Consell), y la movilización de la ciudadanía catalana “empoderada con la autoorganización colectiva y el proceso constituyente”.»

«El acuerdo entre Junts y ERC preveía, entre otras cosas, que la legislatura culminara con una “multi-consulta” que sirviera para validar el proceso constituyente, que era lo que exigía la CUP»

Viene a decir que se puede firmar cualquier cosa, formar gobierno y luego ya se verá. Lo importante es seguir adelante.Toda aquella retórica se la llevó el viento, y también se llevará la que venga con el próximo acuerdo, si realmente deciden llegar a alguno.

El farol de 1931

Toni Soler, en el Ara, quiere extraer lecciones de 1931 ante «la absurda situación en que se encuentra el soberanismo catalán —incapaç de convertir una mayoría popular en una mayoría de gobierno—». Critica a los que, «en la periferia del independentismo», creen que todo el proceso ha sido un «engaño premeditado» y un «inmenso farol».

«La absurda situación en que se encuentra el soberanismo catalán —incapaç de convertir una mayoría popular en una mayoría de gobierno».

Se olvida de mencionar a Clara Ponsatí, que fue quien primero habló de farol: Jugábamos a póquer e íbamos de farol. Fue hace tres años y no es alguien situado en la periferia del independentismo sino figura importante y eurodiputada.

Según Toni Soler, la proclamación de la República el 14 de abril de 1931, dos días después de las elecciones municipales, también fue un farol, pero salió bien. Leyendo su resumen de lo sucedido parece como si Lluís Companys, al salir al balcón del Ayuntamiento de Barcelona con la bandera republicana, hubiese desencadenado el solito el cambio de régimen. Se olvida Soler del Pacto de San Sebastián, de la Sublevación de Jaca, de que en Madrid y en la mayoría de las capitales españolas también había mayoría de concejales republicanos, y de que hubo proclamaciones de la República en otros lugares antes que en Barcelona.

Todo eso contribuyó a la sensación de crisis generalizada y a la huida del Rey. No se debió al farol de Companys. Companys fue uno entre otros y no el primero. Cuando el presidente del gobierno habló de «un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano» se refería a España entera. Pero Soler se aferra a su héroe:

«Companys confió en la inercia ganadora y la abstinencia de los indiferentes. Fortuna audaces iuvat. Los líderes independentistas pensaron lo mismo en octubre de 2017.»

Está claro que se equivocaron: su pronunciamiento no tuvo el don de la oportunidad ni se produjo contra un Estado en descomposición. La mala imagen que proyectan de él tantos medios catalanes forma parte de la propaganda, no de un análisis objetivo.

«Está claro que se equivocaron: su pronunciamiento no tuvo el don de la oportunidad ni se produjo contra un Estado en descomposición. La mala imagen que proyectan de él tantos medios catalanes forma parte de la propaganda, no de un análisis objetivo»

Ante la próxima legislatura, no es el menor de los problemas que muchos mandamases del independentismo no hayan reconocido el fracaso públicamente y tal vez, peor todavía, ni siquiera íntimamente. La insistencia en decir que «lo volveremos a hacer», se supone que a hacer lo mismo pero mejor, sólo anuncia un fracaso peor.

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