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Cuando Messi se va queda un espacio vacío

El futbolista Lionel Messi, en una imagen de archivo. EP.

El traslado de Messi puede acabar siendo algo parecido a la pérdida de Cuba y las Filipinas, que propició los amargos lamentos de la generación del 98. Superado el momento lacrimógeno de la despedida del delantero argentino, ya surgen comentarios que relacionan el difícil momento del FC Barcelona con otros aspectos sociales y políticos del país. Dolorosamente, empezamos a descubrir que, si lo habíamos tenido, ya no tenemos el mejor club del mundo; como no tenemos la mejor sanidad del mundo, ni el mejor sector turístico del mundo, ni la mejor televisión pública del mundo; ni, puestos a decir, los mejores estrategas en procesos independentistas.

El traslado de Messi puede acabar siendo algo parecido a la pérdida de Cuba y las Filipinas, que propició los amargos lamentos de la generación del 98

Antonio Franco en El PeriódicoMessi y nuestro declive catalán—, el pasado día 11, empieza afirmando sin ironía que Cataluña vive «este adiós como una pequeña tragedia nacional», ya que «algunas cosas que rodean lo de Messi […] se suman a la sensación abstracta y los datos concretos de ciertas enfermedades degenerativas de nuestra sociedad catalana en lo político, económico, social y ético, como el abuso persistente de la mentira formulada por los de arriba, la inoperancia de los controles democráticos dibujados para ser ejercidos por abajo y la espectacular proliferación de personales poco convincentes en la primera línea de nuestra representación».

Es particularmente crítico con el presidente Laporta, que «ha representado tres papeles contradictorios en la obra teatral de la salida de Messi: el de dadme la presidencia y yo os lo retengo, el de la ausencia del menor plan para conseguirlo, y el de lo dejamos ir para salvar al club (¡que es lo primero!) y mi presidencia». Y establece un paralelismo entre el momento político y la situación en que se encuentra la gente del Barça: «Así, bajando el listón, al igual que en el procés la sociedad catalana se dejó arrastrar por las ficciones verbales, las promesas sin base, una ausencia total de reconocimiento de errores, y cerrando los ojos ante la insistencia por conservar cargos, sueldos, influencias para colocar amigos, el Barça se puso a juego.»

Esto no es normal

Antoni Bassas en el AraLlorando con Messi—, el dia 9, sentencia: «Que el final haya sido rápido no lo ha hecho menos doloroso. Al contrario. Y no tan sólo porque el luto necesita su tiempo, sino porque tanta prisa cuando es Messi el que se marcha no es normal. Y porque tan penoso fue verlo sollozar como oírle decir ante un presidente que lo ovacionaba: «El Barça no lo sé, pero yo sí hice todo lo posible para seguir» y «Por mi parte, yo nunca he engañado a nadie». Y aquí se quedó, dominando los límites del discurso igual que siempre ha dominado el espacio en el campo.»

Y Bassas no va más allá de hacerse unas preguntas que deja sin responder: «¿Alguien de los despachos o del vestuario ha acabado convenciendo al presidente de que la marcha de Messi tenía externalidades positivas para el club y para el equipo? ¿Ha acabado Messi siendo una víctima en la batalla de Laporta con la Liga y por la Superliga? ¿Y todo este proceso deliberativo era compatible con alimentar entre los aficionados y en el propio Messi la ilusión de que su firma en un nuevo contrato era cosa de días?»

Vuelta al victimismo

Agustí Colomines va más allá en El NacionalMentiras, con Messi al fondo—, el día 12, y denuncia que «en el asunto Messi hay cartas que no ligan. La sombra de la mentira sobrevuela todas las explicaciones». Y también carga contra Laporta: «Si al final se acaba sabiendo (…) que Laporta mintió, que Dios se apiade de él, porque la afición lo linchará. Nadie le perdonará la mentira. Repetir en campaña que querías que Leo se quedara en el Barça y después no tomar ni una de las medidas que tú mismo exponías en campaña para conseguirlo, abre la puerta para que se sospeche de que no se estaba diciendo toda la verdad. Laporta habría sido más honesto si hubiera confesado que él no podía garantizar, dada la situación económica del club, la continuidad del jugador más valioso y excepcional del club. Pero si hubiera actuado así, habría puesto en peligro su victoria.»

También en El Nacional, el día 13, Tian Riba afirma que ganan los ricos. Se recrea en la descripción de la suite del hotel (14.500 € diarios) donde residirá Messi en París hasta que encuentre casa, para hacernos ver que «estamos hablando de millonarios que tienen un ritmo y un estilo de vida que no es apto para románticos del fútbol». No era necesario recordarlo: las cifras astronómicas que se manejan en las cumbres del deporte rey nunca han sido ningún secreto. Los románticos del fútbol las dan por bien invertidas mientras haya días felices de goles y copas.

Las cifras astronómicas que se manejan en las cumbres del deporte rey nunca han sido ningún secreto. Los románticos del fútbol las dan por bien invertidas mientras haya días felices de goles y copas

Ironiza con que «los socios y aficionados del Barça se pueden sentir finalmente como los del Espanyol cuando se comparan económicamente con el Barça» y que «el adiós de Messi, aparte de volver al Barça al victimismo, sacrificando al mesías en la cruz, es el gran símbolo de la victoria definitiva del dinero, que todo lo puede». El victimismo forma parte del sentimiento futbolístico, porque el equipo de uno, aunque haya culminado una larga serie de victorias, siempre se merecía una falta menos y un trofeo más.

Tian Riba resume así lo que significa este asunto: «A medio plazo es el final del fútbol como lo hemos conocido, del Barça como lo hemos conocido, de la Liga española como la hemos conocido, de los ascensos y descensos, de la meritocracia del fútbol, de los aficionados, de la Champions los miércoles. Lo que viene será otro fútbol, más cercano a la NBA, un espectáculo más que un deporte.» Espectáculo lo ha sido siempre, pero cada vez tiene menos ganas de disimularlo.

El fútbol ha sido siempre espectáculo, pero cada vez tiene menos ganas de disimularlo

Decadencia económica

Francesc Granell en La VanguardiaCulpabilizando a Madrid—, el día 13, invita a la autocrítica: «Es evidente que las sucesivas juntas directivas del Barça han cometido errores que, con la ayuda de los efectos de la covid, han desembocado en una situación económica insostenible que se veía venir hace tiempo. Pero nadie se atrevía a criticar las equivocaciones que han desembocado en la pérdida del supuestamente mejor jugador del mundo, con la reducción del teórico valor comercial del equipo y la pérdida de lo que Messi representaba no sólo para el propio Barça y su merchandising, sino para la proyección turística y deportiva de Barcelona.»

Y enseguida trasciende la anécdota: «La decadencia económica que está experimentando Catalunya es, a estas alturas, innegable, y para ocultar el declive del espíritu de empresa que se está produciendo, citar las maldades de Madrid en relación con Barcelona se ha convertido en el tópico más corriente.» Ni Cataluña, ni Barcelona, ni el Barça podrán seguir mucho tiempo sin reconocer la parte de culpa que de ninguna manera es atribuible al enemigo exterior.

«Al independentismo le cuesta reconocer que el procés ha generado deseconomías y pánico entre los inversores, lo que ha sido malo para Catalunya y no ha propiciado la llegada de empresas e iniciativas que los independentistas anunciaban, sino todo lo contrario.» El independentismo no puede reconocerlo sin rectificar el discurso de al menos los últimos diez años, sin deslegitimarse por consiguiente ante sus seguidores. Puede que al final prefiera «volverlo a hacer» por pura incapacidad de hacer algo mejor.

Ni Cataluña, ni Barcelona, ni el Barça podrán seguir mucho tiempo sin reconocer la parte de culpa que de ninguna manera es atribuible al enemigo exterior

Sin planes de futuro

Ya todo el mundo ha visto que el FC Barcelona es, como dice Joan Serra Carné el día 12 en Nació DigitalMessi i el deliri de Bartomeu—, «una entidad incapaz de retener al mejor futbolista de la historia porque no se lo puede permitir».

«Bartolomé condujo el Barça a la quiebra, que se maquilló hasta que al cadáver sólo le quedaban los huesos. Se hace difícil intuir hasta cuándo se pagarán las consecuencias. El club ha dejado de pensar en el futuro porque el momento sólo permite calcular esfuerzos para la supervivencia. Del batacazo deportivo no se puede saber tampoco el alcance. El equipo entra en terreno desconocido —ha de aprender a competir sin Messi— y no hay solución más inteligente que mirar hacia la Masía y entregarse a la nueva hornada con paciencia si lo que se quiere y se puede es consolidar el relevo generacional con talento y poco dinero.»

Aunque apunta más a la responsabilidad del presidente anterior, no disculpa al actual: «Laporta ganó las elecciones con promesas que no sabía si podría cumplir —siempre ha confiado en su optimismo— y ahora sufre la erosión de no tener un plan trazado, para ordenar las finanzas y rehacer la estructura deportiva, de la secretaría técnica al banquillo.»

Sería insólito que alguien en Nació Digital estableciera el paralelismo, pero salta a la vista: ganar las elecciones con promesas que no se pueden cumplir y tener que seguir con «la erosión de no tener un plan trazado» es el resumen perfecto de lo que significa el acceso al gobierno autonómico del bloque independentista.

En la ruina

Joan Vall Clara en El Punt-AvuiPuja a 20.000 €/soci<—, el día 11, compara la situación del Barça con la de la televisión pública catalana:

«El mejor club del mundo acabará con un agujero de 2.000 millones de euros y TV3 nos chupará 300 cada año. En tres temporadas (2019-2022) se habrán generado en el Barça unas pérdidas de casi 1.000 millones (97 de reconocidos, 487 de anunciados y 300 que se prevén en la próxima temporada). Sumados a los 1.200 que ya había de deuda, quiere decir que estamos hablando de un agujero de 2.000 millones en una sociedad que bastante le costará cuadrar los números a partir de 2023 si se pone a hacer la cuenta de la vieja y olvida los sueños de grandeza. Si este agujero lo han de tapar los socios, ya pueden preparar 20.000 euros cada uno, si continúan siendo cien mil.»

En un artículo anterior, el día 7 —Menys i menys i menys—, ya dejó bien claro que «no sé si Bartolomé y Tebas han hecho más que nadie o no, pero no son los únicos culpables, no jodamos. La irresponsabilidad de todos los impulsores de un modelo basado en la pura especulación y el enloquecimiento económico es la clave del lío en el que estamos».

En conclusión: «Que se vaya o no se vaya Messi no es el tema, aunque lo amplificaremos como si se tratara de la caída de Egipto o del fin del imperio romano. El caso es que el fútbol, y concretamente el Barça, está en la ruina. En la miseria. A cero. A nada.»

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