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ECOS INDEPENDENTISTAS | Cuarto aniversario de la matanza de las Rambla

Ofrendas florales en La Rambla por el primer aniversario de los atentados del 17A Foto: Europa Press

La prensa usa y abusa de las efemérides para actualizar el interés por algo o por alguien, o simplemente para rellenar espacio; pero el cuarto aniversario del ataque a los viandantes que estaban en las Ramblas el 17 de agosto de 2017 no ha merecido demasiados comentarios.

«El cuarto aniversario del ataque a los viandantes que estaban en las Ramblas el 17 de agosto de 2017 no ha merecido demasiados comentarios»

Un editorial del Punt-Avui reclama apoyo a las víctimas del 17-A, ya que, «celebrado el juicio en la Audiencia Nacional y hecha pública, el pasado mes de mayo, la sentencia que identifica un total de 345 afectados, el ministerio sólo ha indemnizado a 77 personas y no consta que esté haciendo gestiones para contactar con las 248 víctimas restantes».

La sentencia que identifica un total de 345 afectados, el ministerio sólo ha indemnizado a 77 personas y no consta que esté haciendo gestiones para contactar con las 248 víctimas restantes

Además considera que hay una herida todavía abierta, por dos motivos. Uno «porque no se acaba de explicar cómo los miembros de la célula terrorista, todos ellos residentes en Cataluña, se pudieron radicalizar hasta el punto de cometer aquella atrocidad». Pues de la misma manera que se radicalizaron los terroristas que actuaron en Madrid en 2004 o en Londres en 2005, y tantos otros que ha habido y habrá en toda Europa: se radicalizaron alimentándose espiritualmente de una ideología de odio radical y haciendo cosas radicales. Hay que ser muy iluso para pensar que Cataluña será una excepción.

Dos, «porque tampoco tenemos la certeza de que se esté haciendo lo bastante para evitar que hechos como aquellos se repitan». Más bien tenemos la certeza de que se está haciendo muy poco y de que es inevitable que se repitan atentados de esa magnitud. Cabe recordar que estamos permamentemente, desde 2015, en el nivel de alerta antiterrorista 4 sobre 5. Por algo será.

El imán, eterno sospechoso

De un artículo de Nació Digital sobre cómo evitar que la historia se repita se puede deducir que la Generalitat no ha pasado de la fase de realización de estudios. El último que están elaborando, en la consejería de Igualdad y Feminismos, será «un documento en formato de marco de detección y prevención de los extremismos violentos», que «tiene en cuenta el joven como víctima y se elabora desde una perspectiva feminista». No servirá para nada, pero nos reiremos un poco.

La excepción es el cuerpo de Mossos d’Esquadra, cuya «investigación de los autores del 17-A concluye que el conjunto de factores estructurales y subjetivos crearon unas necesidades sin cobertura en los terroristas, que posteriormente las llenó el agente radicalitzador (imán) y la propaganda, [y] abrieron la ventana de oportunidad al inicio de un proceso de radicalización violenta». También «determinan el comienzo [del proceso de radicalización] en el último trimestre de 2014, antes de la llegada de Abdelbaki Es Satty a Ripoll». Vamos, que los encontró (o fue a buscarlos) cuando ya estaban a media cocción.

José Antich, en El Nacional, recuerda aquel 17 de agosto de 2017 como un choque con la realidad: «Catalunya, tierra de paz y de acogida, no ha conseguido pasar página a aquel atentado. Son varios los motivos de ello: en primer lugar, porque marcó a una generación que, pese a las noticias permanentes que situaban Barcelona en el foco del terrorismo islámico, no creían que llegara a producirse nunca. En segundo lugar, porque nunca nadie se hubiera imaginado que en una ciudad como Ripoll —de unos 10.000 habitantes— hubiera podido crecer en tan poco tiempo una célula terrorista tan mortífera comandada por un imán de la población, Abdelbaki Es Satty.»

«Catalunya, tierra de paz y de acogida, no ha conseguido pasar página a aquel atentado (…) porque marcó a una generación que, pese a las noticias permanentes que situaban Barcelona en el foco del terrorismo islámico, no creían que llegara a producirse nunca»

José Antich

Así pues, una generación de catalanes creyó que no se produciría nunca una acción terrorista islámica y también creyó que en los pueblos pequeños no germinan células asesinas. Antich debe referirse especialmente a los miembros de esa generación que estaban y siguen estando en puestos dirigentes, ya que en los estratos bajos de la sociedad se oían y se oyen otras opiniones. En todo caso, la ingenuidad no es una eximente de la culpa; más bien debería verse como una agravante.

Asimismo destaca como sospechosos «el papel del imán Es Satty como confidente de la policía española, la negativa permanente de los partidos del régimen a crear una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados y, finalmente, la oposición de la Audiencia Nacional para analizar si hubo negligencia, mala fe o, incluso, algo más en los cuerpos de seguridad del Estado».

No hay matanza causada por el terrorismo islámico que no venga acompañada por teorías de la conspiración

Un responsable intelectual por encima del imán

No hay matanza causada por el terrorismo islámico que no venga acompañada por teorías de la conspiración. Después de un primer momento de confusión, el relato impulsado por el gobierno de la Generalitat y los partidos que lo apoyan consistió, por una parte, en difuminar la responsabilidad de los asesinos —y por ende del aparato educador, integrador y asistencial de la administración catalana, que se manifestó incapaz de detectar nada—, y por otra parte, en focalizar la atención en el presunto líder, un imán que sería el único responsable de lavar el cerebro a unos muchachos —hasta entonces perfectamente educados y perfectamente integrados— y llevarlos a constituirse en brigada terrorista. Este imán, Abdelbaki Es Satty, habría sido confidente del CNI, y por indicación de éste habría estado preparando un gran atentado con el objetivo de paralizar el proceso independentista. Esto es lo que, más o menos explícitamente según quién lo diga y dónde lo diga, se supone, se comenta, se sostiene en medios independentistas.

Pero cada vez con menos convicción y más discretamente. El Periódico del día 16 El foco del 17-A, cerca de las víctimas, lejos de teorías conspirativas— resume así el panorama: «Grupos políticos como JxCat y ERC siguen reclamando que se investigue pero con tonos distintos. Desde ERC subrayan dos vías prioritarias: la formación, sensibilización y educación y, sí, la crítica al CNI por falta de transparencia. En todo caso, en Esquerra tampoco quieren «contribuir a teorías de la conspiración sino a resolver incógnitas». Aurora Madaula, diputada de JxCat, afirma: «La reciente sentencia [que condenó a los tres colaboradores que no perecieron en Alcanar ni fueron abatidos posteriormente] no se ha hecho bien.» Madaula está convencida de que quedan cosas por saber y sugiere que Es Satty era un agente doble. Y quien va todavía más allá es el abogado de una de las víctimas, Jaume Alonso-Cuevillas, quien sigue poniendo en duda que el imán muriera en la explosión previa en Alcanar. «Tenemos serias dudas de que esté verdaderamente muerto», sostiene, pese a que los Mossos y la fiscalía no albergan duda alguna y disponen de pruebas de ADN.»

En este tipo de matanzas nunca hay una versión definitiva y unánimemente aceptada. El Periódico hace tres años sostenía que el cerebro del 17-A sigue libre y se mueve por Europa El imán habría  jugado un papel fundamental pero sólo como intermediario: «El imán era el enlace con el autor intelectual del golpe, que en aquel momento estaba en una ciudad del centro de Europa. No se sabe todavía en qué momento Es Satty se convirtió al yihadismo y pasó a estar dispuesto a inmolarse. Estuvo encarcelado entre el 2010 y el 2014 por tráfico de drogas y en ese periodo fue confidente del Centro Nacional de Inteligencia y de otros cuerpos de seguridad.»

En este tipo de matanzas nunca hay una versión definitiva y unánimemente aceptada

En el Ara, Sebastià Alzamora —17-A, amb sense sentència— comenta la sentencia, dada a conocer el mayo pasado, del juicio a tres supervivientes de la célula e intenta mantener viva la sospecha: «Ha quedado sin aclarar hasta dónde llegaba la relación del imán de Ripoll con los servicios de inteligencia españoles, el CNI.» Y también la polémica: «Durante las semanas siguientes se repitieron los artículos y las opiniones que insistían en especular con la idea de que habría muertos en Cataluña, además de los del 17-A, naturalmente por culpa del referéndum independentista.» No hubo, pero se había creado la tormenta perfecta para que los hubiera.

En el Ara, Sebastià Alzamora comenta la sentencia, dada a conocer el mayo pasado, del juicio a tres supervivientes de la célula e intenta mantener viva la sospecha: «Ha quedado sin aclarar hasta dónde llegaba la relación del imán de Ripoll con los servicios de inteligencia españoles, el CNI.»

En Vilaweb, Vicent Partal17-A, els dies que van canviar la història— opina que aquel momento ayuda a «entender la reacción violenta del estado español al referéndum de autodeterminación» porque «durante unos días Cataluña ejerció de facto como estado independiente».

Como mínimo, es algo exagerada esta afirmación. Para sostenerla no basta con mencionar «la coordinación y capacidad extremas del mecanismo de reacción al atentado» —con un extraño pero: «todavía es lícito preguntarnos si era necesario matarlos a todos»— ni el poco lucido papel del gobierno español, habría que demostrar que el gobierno catalán o la policía autonómica se extramilitaron. Si actuaron en todo momento de jure, no se puede decir que se independizaron de facto.

Si a los ministros de asuntos exteriores francés y alemán, el día siguiente al atentado, los recibió Raül Romeva, tal vez sea un error protocolario atribuible al desorden del momento, pero nada más. Al fin y al cabo, «las relaciones de la Generalitat con el Estado se fundamentan en el principio de la lealtad institucional mutua y se rigen por el principio general según el cual la Generalitat es Estado…», dice el Estatuto.

Partal ve el «gran momento de alarma» en la manifestación  de condena de los atentados, el 26 de agosto, en el Paseo de Gracia. «Todas las maniobras de la Moncloa y la Zarzuela para intentar reconvertir aquella manifestación fracasaron y el acto fue una muestra del rechazo del país y de las instituciones catalanas al rey de España y al cinismo de España, al mismo tiempo que se convirtió en un homenaje popular a los Mossos, que vieron sus vehículos inundados de flores, en un ambiente que recordaba algunos episodios históricos, muy únicos, de complicidad entre fuerzas armadas y población.»

¿No fue al revés? ¿No fue el gobierno de la Generalitat que convirtió lo que tenía que ser una manifestación de rechazo al terrorismo en una de rechazo al jefe y al gobierno del EstadoPer la pau i contra les armes—, llegando a pasear pancartas hostiles a pocos palmos de sus rostros? 

Afirmar que «aquel ambiente y aquella realidad desencadenaron la violencia posterior contra el referéndum del Primero de Octubre» es una simplificación interesada. Lo que desencadenó la reacción al referéndum fue el referéndum. La reacción se hubiera producido aun sin atentados. La encerrona de la manifestación del 26 de agosto no hizó más que confirmar las peores previsiones sobre lo que tramaba el gobierno catalán, que quedarían ratificadas poco después con la aprobación de la ley del referéndum y de la ley de transitoriedad jurídica los días 6 y 7 de setiembre.

Aquel día 17 de agosto de 2017 no cambió la historia. Fue un capítulo más de una ofensiva contra Europa que venía de antes y sigue existiendo. Era previsible y difícilmente evitable, dada la política del avestruz que era y es común a toda la Unión Europea. Por lo que al proceso independentista respecta, fue irrelevante, porque nadie cambió de postura, ni los independentistas ni los antiindependentistas; ni se ha dado la importancia que merece a la evidencia que las disensiones sociales internas y el continuo desgaste político no hacen más que volvernos a todos más vulnerables todavía a ataques de este tipo.

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