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Más impuestos y menos policía

La de los socialistas fue la lista más votada en las últimas elecciones catalanas, obteniendo 33 escaños de 135, pero Eulàlia Reguant, hablando en nombre de la CUP, que obtuvo 9, manifiesta que el gobierno ha de decidir si el socio preferente es el PSC o la CUP. Los socialistas pueden garantizar, si no la estabilidad, al menos una legislatura sin demasiados sobresaltos; en cambio, la CUP es una garantía de inestabilidad, como ha demostrado sobradamente desde los tiempos de Àrtur Mas. Está claro a quién ha de preferir el gobierno Aragonès, si decide racionalmente; pero tal vez esto es pedir demasiado.

Dice Reguant: «Hicimos un acuerdo de investidura para cambiar las cosas, no para continuar gestionando la autonomía. Y ahora mismo son excesivamente continuistas y no se ven reflejadas las cuatro revoluciones que el presidente planteó en los debates de investidura.» ¿Cuatro revoluciones? ¿Quién se acuerda? Pues sí, Pere Aragonès, en su discurso de investidura, el pasado mayo, anunció cuatro revoluciones, a falta de una, la de la secesión, que fue planteada, sin éxito, en 2017, a saber: «la feminista, la ecologista, la social y la democràtica». Son «cuatro grandes transformaciones inaplazables», «las cuatro banderas de la nueva Generalitat republicana», todas por supuesto «para avanzar hacia la independencia». Nadie entendió que el nuevo presidente fuera demasiado en serio.

Los de la CUP piden, para aprobar los presupuestos de la Generalitat, más subidas de impuestos

Siguiendo en su línea habitual de empobrecer el país, los de la CUP piden, para aprobar los presupuestos de la Generalitat, más subidas de impuestos. Para los ricos y poderosos, por supuesto; para esos que «declaran ingresos superiores a 60.000 euros», entre un 4 y un 5 % de la población. Aunque ya se sabe que al final, de una manera o de otra, quienes acabamos pagando somos siempre los mismos.

Por cierto que Vox se quedó solo, el pasado día 13, en la Comisión de Economía y Hacienda del Parlamento, con su Propuesta de resolución sobre la bonificación del impuesto de sucesiones y donaciones, en la que argumenta que este impuesto genera desigualdades entre regiones, perjudica a la mayoría de los ciudadanos, desincentiva el ahorro, provoca éxodo fiscal, fuerza a renunciar a herencias, y grava rentas y bienes que ya tributaron. «Es un hecho que la inmensa mayoría de españoles no posee la capacidad de efectuar una planificación fiscal que derive en la posibilidad de configurar patrimonios no gravados por este u otros impuestos, a diferencia de aquel sector de la población con rentas más elevadas.» De estas cosas, ni se habla.

Los independentistas han denunciado siempre el expolio a que nos somete el Estado español, pero una vez conseguido el gobierno autonómico, en lugar de mitigarlo, lo incrementan tanto como pueden. Sus votantes —aquel pueblo antaño hacendoso y emprendedor, según el tópico en tiempos de Franco—, con la vana ilusión de librarse del expolio, acaban votando a quienes más dispuestos están a subirles toda clase de impuestos. Cataluña es un infierno tributario, decía Lorenzo Bernaldo de Quirós en El Economista el pasado febrero. Y puede empeorar.

Para poner en contexto la demanda de la CUP de ser «socio preferente», y tantas exigencias que se plantean cuanto se trata de negociar presupuestos, viene bien este artículo de Joan Burdeus en el Núvol, digital de cultura: L’independentisme com a parasitisme:

«En el Congreso español ERC actúa como parásito del PSOE y en el Parlamento catalán JxCat actúa como parásito de ERC. ¿Cómo es que ERC amenaza con no aprobar las cuentas de la izquierda española si finalmente nunca cumple su advertencia y no obtiene ninguna de sus supuestas líneas rojas? ¿Cómo es que JxCat trolea constantemente a su socio con un unilateralismo fake si al final siempre acaba pactando? Porque ambos partidos se sienten demasiado pequeños para sobrevivir por ellos mismos y prefieren convertirse en tenias.» 

Saben, y sabemos, que no nos van a llevar al mundo feliz republicano que anuncian pero sí se pueden cargar esta autonomía

Saben, y sabemos, que no van a derribar el «régimen del 78», como proclaman en fechas señaladas; saben, y sabemos, que no nos van a llevar al mundo feliz republicano que anuncian; pero sí se pueden cargar a esta autonomía a base de desincentivar la inversión, provocar la huída de las grandes empresas —las pequeñas no, porque no pueden— y hostilizar la iniciativa privada. A falta de saber gobernar, se aplica la lógica parasitaria. El plan es «poderse alimentar de los restos del naufragio».

Resume Burdeus lo que nos espera: «Los próximos grandes debates políticos que nos torturarán son los presupuestos españoles y los catalanes. Los dos estarán marcados por las amenazas vacías de ERC, que no tiene ninguna alternativa a apoyar al PSOE y a Podemos, y las amenazas igualmente vacías de JxCat y la CUP, que no tienen ninguna alternativa a pactar con ERC.» Todo ello amenizado con muchas palabras vacías que encubren el vaciado de nuestro patrimonio. Y siempre en nombre de una Cataluña justa, próspera, verde, feminista y plenamente libre, como dice Aragonès. 

Otro avance decidido en dirección al desastre se puede advertir en la creación de una comisión parlamentaria de estudio del modelo policial

Otro avance decidido en dirección al desastre se puede advertir en la creación de una comisión parlamentaria de estudio del modelo policial que presidirá la CUP. Con la ligereza habitual, Dolors Sabater avisa que «será una comisión contra la impunidad y en favor de la defensa de los derechos» —como si estuviéramos sometidos a una dictadura y vinieran ellos a derribarla— y que se quiere crear «un mecanismo de control de las actuaciones policiales externo e independiente del Departamento del Interior (…) con capacidad de fiscalización y sanción ante la mala praxis». 

Razón tiene al decir que las políticas de orden público en Cataluña han de dar «un giro de 180 grados», pero eso significa rectificar, no lanzarse al precipicio. El consejero Elena ha reconocido que existe una cierta crisis de autoridad, y el  mayor Trapero lo ha expuesto claramente en su discurso del Dia de les Esquadres, el viernes 22, llegando a preguntarse qué tiene de revolucionario tirar piedras a la policía. Pues todo, así suelen empezar las revoluciones. La cuestión es que la mayoría de la población está en contra de la revolución, en contra del desorden y a favor de los derechos y libertades de que gozamos, pero en este país se nos ha hecho creer otra cosa, incluso algunos lo han interiorizado.

La cuestión es que la mayoría de la población está en contra de la revolución, en contra del desorden y a favor de los derechos y libertades

Cuenta el diario Ara: «Trapero ha avisado que ve con preocupación que en algunos debates públicos se tilde de activista a quien tira una piedra a la policía.» Ahí está el problema. Los saqueadores y los incendiarios, si hay suerte y el código lo permite, podrían acabar en la cárcel, pero el problema persistirá mientras algunas fuerzas políticas y consiguientemente los medios afines sostengan la bondad de los disturbios y divulguen una imagen idílica de quienes los organizan. 

Un ejemplo entre cientos, Juliana Canet, locutora de Catalunya Ràdio y TV3, quien en enero de 2020, en una entrevista en El Nacional —medio nada sospechoso de ponerle una trampa para hacerla quedar mal—, respondía así a la pregunta «¿Fuego? ¿Contenedores?»: «Sí sí sí sí. Fuego, contenedores y más si hace falta. Ay, esto no lo pongas. No, sí, sí. Ponlo, ponlo. El otro día lo dije en Tot es mou y mi madre, aterrada, me dijo que nos tendríamos que exiliar. Se ha demostrado que el puto pacifismo no sirve para nada, y no hablo de ir poniendo bombas por ahí porque no quiero que muera nadie, pero sí que pienso que debemos cambiar de estrategia urgentemente y hacer algo puto diferente.»

Ahí está por ejemplo Marcel Vivet, que se ha ganado un puesto de tertuliano en las mañanas de Catalunya Radio gracias a una condena

El paso siguiente, desde esa comisión parlamentaria dirigida por la CUP, será desarmar un poco más a la policía y dar más derechos a los profesionales del caos en horas convenidas. Esos que son presentados por los medios públicos como beneméritos activistas y luchadores por un mundo mejor, incluso invitados a contar sus andanzas en horas de máxima audiencia, a veces con sollozante madre apoyando la versión de su vástago. Ahí está por ejemplo Marcel Vivet, que se ha ganado un puesto de tertuliano en las mañanas de Catalunya Ràdio gracias a una condena «por desórdenes públicos, atentado contra la autoridad y lesiones leves». 

Los mismos medios públicos catalanes informaron que protagonizó una contramanifestación mediante polvo de colores y pintura contra la policía, «con la triple finalidad de dificultar la visión de los agentes, entorpecer su respiración y que quedaran con la cara destapada cuando se quitaran la visera».

Informa Crònica Global que Marcel Vivet «formó parte de Guanyem Badalona en Comú, la lista de la candidata de la CUP Dolors Sabater a la alcaldía de la metrópolis. Además, también ha estado vinculado a La Forja, una organización satélite de los anticapitalistas». La comisión sobre el modelo policial que presidirá la misma Dolors Sabater podría invitarle como experto. 

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