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El republicano Aragonés se afianza en la presidencia

Pere Aragonés a las puertas del Palau de la Generalitat (Europa Press).

La autonomía catalana es un sistema presidencialista, por los poderes que otorga el Estatuto al presidente de la Generalitat y por el hábito de situar esta presidencia relativamente por encima de las controversias partidistas. Luego los partidos todos se jactarán de su democracia interna, de sus reuniones asamblearias e incluso de sus elecciones primarias, pero todos aspiran a poner en el Palau Sant Jordi a una figura de rasgos fuertes, con opiniones propias y capacidad de negociación. El cuarto de siglo vivido con Jordi Pujol y Pasqual Maragall sigue condicionando a sus sucesores y a nuestra manera de juzgar su conducta. 

Pere Aragonès no llegó a presidencia con buenos augurios. Desde su mismo partido, Joan Tardà manifestaba el temor a que otro gobierno de coalición entre ERC y JxCat fuese un fracaso y un Vietnam diario. No contribuyó precisamente a engrandecer su figura el reportaje que TV3 le dedicó, Pere Aragonès, el president més jove —a quién se le ocurre decir que «también es el retrato generacional del primer presidente de la Generalitat que ha sido miembro del Club Super3»—, donde aparece como un político formado en el aparato del partido, amable, algo inseguro y bastante superficial. 

A partir de las recientes diferencias en el seno de la mayoría independentista en torno a los presupuestos autonómicos, parece que su talla de gobernante ha crecido un poco

Era, y es, legítimo preguntarse si estaría a la altura del desafío, si tendría la autoridad suficiente para imponerse a las más que previsibles diferencias entre ambos partidos, si sabría poner orden en su propio gobierno. A partir de las recientes diferencias en el seno de la mayoría independentista en torno a los presupuestos autonómicos, parece que su talla de gobernante ha crecido un poco.

Así lo ha visto Salvador Sostres, desde el Diari de Girona —Més president del que sembla—: «Pere Aragonès ha ejercido su poder pasando por encima de todos. Ha dado un tiempo a sus subalternos para hacer el trabajo, y cuando ya ha tenido suficiente, se ha dejado de historias y ha hecho lo que hacía falta para obtener lo que quería. JxCat ha quedado en ridículo, y la CUP, como auténticos estúpidos (…) Ha demostrado quién manda y que la única agenda que le importa, y que hará prevalecer, es minuciosamente la suya.»

«Es más presidente de los que parece. Entiende mejor el poder que sus predecesores en el cargo desde el presidente Pujol»

Salvador Sostres

A diferencia del personaje que aceptó interpretar para TV3, Aragonès «es vengativo y letal. No es sanguíneo como Puigdemont ni estridente como Torra. No es un cínico como Mas ni tiene el magnetismo del presidente Pujol». La conclusión de Sostres es que «es más presidente de lo que parece. Entiende mejor el poder que sus predecesores en el cargo desde el presidente Pujol. Por eso Mas se arrastra entre la irrelevancia y el embargo, Puigdemont vaga por Waterloo como un náufrago de todas las derrotas y Torra es la vergüenza más incontestable de la política catalana, sobre todo para los independentistas que todavía tienen dos dedos de frente».

La aprobación de los presupuestos y su manera de conseguirla «es una victoria pero también un aviso. Los que creían que era un títere se han dado cuenta de que, al menos, es el dueño del guiñol. Y la comedia de la falsa mayoría independentista, creo que ha sentido incluso más placer que yo haciéndola saltar por los aires.»

La misión histórica de la presidencia Aragonès es, o debería ser, la normalización de la política catalana, es decir la renuncia a aspiraciones imposibles y acabar con la desobediencia como táctica de gobierno. Esa es la clave, y no el reiterado anhelo de «volverlo a hacer». 

A Aragonés le toca minimizar el desencanto de la gente independentista y maniobrar un aterrizaje suave a la realidad

Aunque no se puede pedir que abandone de un día para otro la retórica con que se lució en su toma de posesión, todo aquello de «avanzar hacia la Cataluña próspera, justa, verde, feminista y plenamente libre que queremos ser» —toda esa retórica que, según Sostres, «se nota la extrema pereza que llega a darle»—, a Aragonès le toca minimizar el desencanto de la gente independentista y maniobrar un aterrizaje suave a la realidad.

Josep López de Lerma, también en el Diari de Girona —Aragonès premé el botó vermell—, aporta este dato: «Me consta que el presidente Jordi Pujol, intelectualmente potente y preclaro, tiene puesta su confianza en el presidente Aragonès. “Este chico pondrá orden en el país, que buena falta le hace”, o algo parecido, hace llegar a quien quiere escucharle.» 

Se echa de menos la opinión de Pujol en estos tiempos: su opinión sobre el proceso; sobre el liderazgo de Mas, y su renuncia; sobre el populismo auspiciado desde el gobierno; sobre cómo se llega a proclamar la independencia. Es verdad que tiene otros asuntos que explicar sobre su pasado y ciertos negocios familiares, pero sería de gran utilidad al país oir sus conclusiones sobre lo que ha sucedido en la política catalana durante esta última década larga.

Mientras ERC apoye al PSOE en Madrid, el PSC no será demasiado hostil con el gobierno de Pere Aragonés en Barcelona

En cuanto al acuerdo presupuestario, que asegura una aprobación «en tiempo y forma, cosa que no sucedía desde el 2010, López de Lerma emite su veredicto: «La conjura de los necios (CUP + JxCat) trataba de doblegar la autoridad del presidente Aragonès. Éste, socrático y, consecuentemente, más partidario de moderar que estimular la parte animal de los humanos, parece haber leído a Max Weber, dado que ha optado por convertir una situación mala en una ventaja para su persona. Entre la convicción (la independencia de Cataluña) y la responsabilidad (dar respuesta a las necesidades del país) ha elegido esta última sin renunciar a sus postulados políticos. Ante el estropicio de la lideresa del selecto club llamado Barcelona la nuit, Elsa Artadi, y el discurso del repelente niño Vicente del independentismo sinvergüenza, Joan Canadell, ambos de JxCat, los republicanos les han enviado un mensaje nítido: o estáis con nosotros o estáis contra nosotros. Se quedarán en el Gobierno, pues fuera hace mucho frío; pero haciendo payasadas, que es lo que les pone.»

Es pronto para decir si se consolidará el incipiente liderazgo de Pere Aragonès. Por el momento tiene en su haber el intercambio de favores con los Comunes en el Ayuntamiento y en el Parlamento; la tranquilidad que da saber que JxCat preferirá seguir en el gobierno autonómico que fuera de él —ya que la república no existe ni paga sueldos—, y la seguridad que mientras ERC apoye a PSOE en Madrid, el PSC no será demasiado hostil con su gobierno en Barcelona.

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