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ANÁLISIS / Control de la pandemia y aniversario del estado de alarma

Las prisas por dar por terminada la pandemia pueden ralentizar y retrasar la vacilante recuperación económica

Miembros del Ejército de Tierra desinfectando una residencia durante la primera ola de la pandemia.

En contra de la impresión de seguridad que los gobiernos de la mayoría de los países occidentales están transmitiendo a la población, al suprimir el uso obligatorio de mascarillas en espacios cerrados, lo cierto es que a pesar de que una fracción sustancial de la población ha recibido ya dos o tres dosis de las vacunas disponibles, la pandemia sigue muy viva y produciendo estragos en todo el planeta. Las cifras de contagios al inicio de 2022 han sido las más altas registradas hasta ahora, si bien hay que tener en cuenta que el número de pruebas realizadas para detectar el virus ha sido también incomparablemente mayor que en anteriores oleadas. Pocos ciudadanos hay en las economías avanzadas que no se hayan hecho una o más pruebas en su propia casa, o se las hayan hecho al recibir por otros motivos atención médica. Aunque las cifras de muertos en esta última oleada han sido felizmente algo menores que en las anteriores, no hay razones de peso para levantar la guardia sino más bien para mantener las medidas preventivas a nivel individual y continuar investigando para mejorar la eficacia de las vacunas.

Entre el 31 de diciembre de 2021 y el 15 de marzo se han registrado 171 millones de nuevos casos y han fallecido casi 600.000 personas en el mundo. Ahora bien, el elevado peso de contagios y fallecidos en los países más avanzados sugiere que estas cifras infravaloran groseramente la extensión de la pandemia. No resulta creíble, por ejemplo, que Estados Unidos con 4,2% de la población concentre 14,5% de los contagios y 24,1% de los fallecidos en los últimos dos meses y medio. Si las estadísticas de la pandemia presentan notables deficiencias en las economías más avanzadas, qué podemos decir de las cifras recopiladas en países donde escasean los recursos humanos y materiales y, por qué no decirlo, sus gobiernos tienen escaso interés en dar a conocer el alcance de la tragedia, aunque este desinterés no sea patrimonio exclusivo de los países menos avanzados.  Una buena prueba de que la pandemia sigue viva es que, en China, donde las cifras de contagiados diarios ascendían a unas pocas docenas, desde que se dio por controlado el brote inicial a finales de mayo de 2020, empezaron a contarse por centenas en la segunda quincena de febrero y por millares en algunos días de marzo cuando se llegó incluso a superar los 3.000 casos en un día. 

El estado de la pandemia

Los Gráficos 1 y 2 muestran el total de casos diarios y el total de muertos causados por SARS-CoV-2 (Covid-19) desde el inicio de la pandemia. Pese a la reducción de la letalidad que cabe atribuir a las medidas de prevención adoptadas por los ciudadanos para reducir los contactos sociales y a la eficacia de las vacunas para amortiguar la letalidad del virus, lo cierto es que las cifras registradas desde el inicio de 2022 no permiten ni mucho menos dar por controlada la pandemia. En el mundo se han contabilizado 171 millones de casos nuevos entre el 31 de diciembre de 2021 y el 15 de marzo de 2022 y 597.860 muertos en ese mismo período. Las correspondientes cifras en Estados Unidos ascienden a 25 millones de casos y cerca de 145.000 fallecidos.

Gráfico 1. Casos diarios enero de 2020 a 17 de marzo de 2022

(En millones)

Fuente: Worldometer.

Gráfico 2. Muertos diarios enero de 2020 a 17 de marzo de 2022

(En miles)

Fuente: Worldometer.

Como los Gráficos 3 y 4 muestran claramente, la situación en Europa no difiere sustancialmente de la de Estados Unidos, al haberse registrado 78 millones de nuevos casos y 214.654 fallecidos desde el 31 de diciembre de 2021 al 15 de marzo de 2022.  La única conclusión posible es que seguimos, tanto en el nuevo como en el viejo mundo, expuestos al virus: el riesgo de contraer la enfermedad continúa siendo todavía alto y la probabilidad de fallecer no es en absoluto despreciable. Resulta inexplicable la frivolidad de algunos gobiernos europeos que han decidido levantar restricciones elementales pero muy efectivas, como el uso de mascarillas en lugares cerrados, para frenar los contagios. 

Gráfico 3. Casos totales desde el inicio de la pandemia en Europa y Estados Unidos

(En millones)

Nota: el eje de abscisa indica el número de días transcurridos desde que se contabilizaron 10.000 casos.

Fuente: Worldometer.

Gráfico 4. Muertos totales desde el inicio de la pandemia en Europa y Estados Unidos

(En miles)

Nota: el eje de abscisa indica el número de días transcurridos desde que se contabilizaron 100 fallecidos.

Fuente: Worldometer.

Segundo aniversario del estado de alarma

El pasado 14 de enero se cumplieron dos años desde que el gobierno presidido por Sánchez decretó el estado de alarma en España y fue también el aniversario del primer artículo que publiqué sobre el tema (“Coronavirus: un convidado de piedra que mata”) y al que siguieron varias decenas de artículos más dedicados a analizar la evolución y la gestión de la pandemia en España, otros países occidentales y China. Como puede constatarse en el Gráfico 5, las cifras de contagios diarios en las primeras semanas de 2022 han sido las más elevadas desde el inicio de la pandemia, en línea con lo ocurrido en el conjunto del mundo. 

Gráfico 5. Casos diarios en España desde enero de 2020 a 17 de marzo de 2022

(En miles)

Fuente: Worldometer.

Gráfico 6. Muertes diarias en España desde febrero de 2020 a 17 de marzo de 2022

Fuente: Worldometer.

Como el Gráfico 6 muestra, las cifras de muertes diarias han registrado también un repunte significativo en las primeras semanas de 2022, aunque los valores han sido muy inferiores a los registrados en las anteriores oleadas, especialmente durante la primera y más dramática oleada de todas, la padecida entre el 9 de marzo y el 10 de mayo de 2022 cuando el virus irrumpió en España, sin que el gobierno presidido por Sánchez hubiera adoptado medidas de salud pública de carácter preventivo para detectar y prevenir la expansión de los contagios, ni preparado el sistema hospitalario para atender la previsible avalancha de enfermos como había recomendado Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe de 31 de enero de 2020 y en el informe conjunto realizado con del gobierno de China entre el 16 de febrero y el 24 de febrero de 2020.

Ahora que el gobierno central y los gobiernos autonómicos están planteándose seguir los pasos de aquellos países europeos que han levantado las restricciones impuestas, conviene tener presente que el último repunte de contagios y mortalidad se ha producido cuando algunas restricciones estaban todavía en vigor, la mayoría de la población había completado el protocolo completo de vacunación, y hasta una fracción significativa había recibido la tercera dosis de refuerzo. Estas consideraciones sugieren actuar con prudencia porque no hay ninguna razón sólida para pensar que el último episodio de contagios y fallecimientos no pueda volver a repetirse en los próximos meses. Como señalaba, la doctora Smallwood, responsable para Europa de incidencias por Covid-19 en la OMS, “en los países donde se han levantado las medidas, el virus se aprovechará, naturalmente, de la ventaja. Se producirá un incremento de la incidencia. Se producirá un aumento en la mortalidad”. Hay pocas dudas de que el riesgo para las personas más vulnerables aumentará considerablemente. El reciente aumento de contagios en otros países, como Australia, Corea del Sur y China, apunta en la misma dirección.

Exceso de mortalidad en España

En varios artículos durante los dos últimos años, he analizado las estimaciones de exceso de mortalidad en España durante la pandemia. El Cuadro 1 presenta las estimaciones recogidas en el informe MoMo publicado el 15 de marzo de 2022 por el Servicio de Vigilancia de la Mortalidad Diaria del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) un organismo dependiente del Ministerio de Sanidad. Como puede comprobarse los mayores excesos de mortalidad en términos absolutos y porcentuales se produjeron en 2020, resultando con diferencia el episodio más intenso de todos ellos las nueve semanas trágicas comprendidas entre el 9 de marzo y el 10 de mayo: la cifra de muertes observadas, 118.137, superó en 46.446 (exceso de mortalidad) la cifra de muertes estimadas, 71.691, esto es, el número de muertes que cabía esperar de no haberse producido la pandemia. 

Como muestra el Cuadro 1, se produjeron varios episodios de exceso de mortalidad significativos tanto en el segundo semestre de 2020 como en el primer, tercer y cuarto trimestres de 2021, incluso cuando ya se había avanzado considerablemente en el proceso de vacunación. Resulta, además, extraordinariamente sorprendente que la comparación de muertes observadas y estimadas por el ISCIII no detecte ningún episodio de exceso de mortalidad a partir del 5 de enero de 2022, pese a haberse registrado un repunte considerable de casos y muertes por Covid-19 durante todo el mes de enero y la primera quincena de febrero como puede apreciarse claramente en los Gráficos 5 y 6. Esta circunstancia y el hecho de que la diferencia entre las cifras de muertes observadas y estimadas en todos los episodios de exceso de mortalidad, 102.853 hasta el 7 de marzo de 2022, casi coincida con la cifra oficial de fallecidos por Covid-19, 100.574, hasta esa fecha, arroja serias dudas sobre la fiabilidad de las estimaciones de mortalidad causada por la Covid-19 en España en 2021 y 2022.

Cuadro 1. Muertes observadas, estimadas y exceso de mortalidad en España 2020-2022

Períodos exceso mortalidadMuertesMuertes estimadasExceso deExceso de mortalidad en %
observadasmortalidad
10/03/ 2020 – 09/05/2020 118.13771.69146.44664,79
20/07/ 2020 – 29/08/2020 47.99743.5344.46310,25
01/09/ 2020 – 20/12/2020 145.241123.81921.42217,30
04/01/ 2021 – 13/02/2021 69.66557.39512.27021,38
09/06/ 2021 – 18/06/2021 11.55610.7807767,20
16/07/ 2021 – 18/09/2021 78.02968.3049.72514,24
19/10/ 2021 – 23/10/2021 5.8215.4353867,10
23/10/ 2021 – 31/10/2021 7.2156.6895267,86
08/11/ 2021 – 05/01/2022 79.38872.5496.8399,43
Total563.049460.196102.85322,35

Fuente: elaboración propia a partir del informe MoMo de 15 de marzo d 2022.

La explicación de esta insólita coincidencia podría deberse a que las estimaciones de muertes en el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) se obtienen “mediante modelos restrictivos de medias históricas basados en la mortalidad de los diez últimos años”. Aunque los informes MoMo no ofrecen más explicaciones al respecto, todo indica que las estimaciones de mortalidad de 2021 se han obtenido incluyendo las cifras de mortalidad observada en 2020, y las de 2022 las cifras de mortalidad observada tanto en 2021 como 2020, dos años en que el número fallecidos fue anormalmente elevado a causa precisamente de la pandemia. De ser así, las estimaciones de exceso de mortalidad del ISCIII para 2021 y 2022 estarían sesgadas a la baja. 

Para despejar esta duda cabe recurrir a la Estadística de defunciones semanales publicada por el INE para obtener estimaciones alternativas del exceso de mortalidad comparando las defunciones semanales observadas desde el inicio de la pandemia con las defunciones observadas en las mismas semanas de 2019 y con la media de defunciones semanales en las mismas semanas desde 2016 a 2019, años todos ellos en los que el Covid-19 no causó ninguna víctima. Los resultados se presentan en los Gráficos 7 y 8. La línea morada corresponde a los excesos de mortalidad registrados en 2020, la línea roja a los excesos de mortalidad en 2021 y la línea verde a los excesos de mortalidad en 2022. 

Gráfico 7. Excesos de mortalidad en 2020-2022 sobre 2019

Fuente: elaboración propia a partir de la Estimación del número de defunciones semanales (EDeS) durante el brote de covid-19, INE.

Gráfico 8. Excesos de mortalidad en 2020-2022 sobre la media del período 2016-2019

Fuente: elaboración propia a partir de la Estimación del número de defunciones semanales (EDeS) durante el brote de covid-19, INE.

Como puede comprobarse, ambos gráficos detectan excesos de mortalidad en las primeras semanas de 2022 confirmando el repunte de casos y muertes por Covid-19 observado en los Gráficos 5 y 6. Los datos del INE permiten también calcular los excesos de mortalidad acumulados desde el inicio de la pandemia en España hasta la octava semana de 2022. Éstas son las cifras de exceso de defunciones que he obtenido: 123.550 respecto a 2019 y 120.083 respecto a la media 2016-2019. La media de ambas cifras es 121.817 y nos permite concluir que la cifra de muertos por Covid 19 en España hasta la octava semana de 2022 supera en al menos 20.000 la cifra oficial de fallecidos (99.646 el 28 de febrero de 2022) y la cifra de exceso de mortalidad (102.853 en el Cuadro 1) estimada por el ISCIII desde el inicio de la pandemia, Un reciente estudio publicado en The Lancet, cifra el exceso de mortalidad en España en 186.700 personas, número que, en mi opinión, sobrevalora groseramente los fallecidos por Covid-19 desde el inicio de la pandemia.

Para terminar

Las prisas de tantos gobiernos europeos por dar por terminada la pandemia no sólo resultan prematuras desde el punto de vista de sanitario, sino que pueden acabar ralentizando y retrasando la vacilante recuperación económica, amenazada ahora por las graves consecuencias que está teniendo la injustificable invasión de Ucrania, agravadas por las deficientes políticas energéticas auspiciadas por las instituciones europeas y los gobiernos de los estados miembros durante los últimos años. No me sorprenden esas prisas porque la gestión de la pandemia realizada por la mayoría de los gobiernos occidentales ha puesto de manifiesto su incapacidad para gestionar con eficacia crisis de envergadura que, no olvidemos, podrían repetirse en el futuro. Frente a esas urgencias para correr un tupido velo sobre lo sucedido, conviene tener presente lo que todos los organismos económicos internacionales desde el inicio de la pandemia han coincidido en señalar, a saber, que controlar los contagios resulta prioritario para poder normalizar la vida social y evitar las disrupciones en la producción y los cuellos de botellas ocasionados por las restricciones más severas. 

No cabe ninguna duda de que las medidas de protección individual, la vacunación de gran parte de la población y la adopción de protocolos sanitarios y asistenciales apropiados para hacer frente al virus han hecho posible amortiguar los picos de exceso de mortalidad en 2021 y 2022, pero ignorar la presencia del virus porque las cifras de mortalidad sean ahora más bajas constituye una temeridad innecesaria. Como la última ola de contagios vivida en el cuarto trimestre de 2021 y el primer trimestre de 2022 han puesto de manifiesto, vamos a tener que seguir conviviendo con el Covid-19 en el futuro inmediato, y mantener restricciones poco gravosas, poner en marcha protocolos de actuación para atajar con eficacia los brotes que pueden afectar a los grupos más vulnerables de la población, y destinar recursos a la investigación para desarrollar vacunas cuyos efectos de protección sean más duraderos que los de las actuales, deberían ocupar un lugar prioritario en la agenda de nuestros frívolos gobernantes.

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