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Escuela y TV3 no consiguen salvar la lengua

La recogida de firmas de la Plataforma per la Llengua se lleva a cabo en internet.

Esto va de democracia, decían hace años cuando se agudizaba el conflicto y lo importante era conseguir hacer un referéndum para «contarnos». Ahora esto va de lengua catalana y de contar las horas que se le dedican en la escuela. 

Irene Rigau, que fue consejera de Enseñanza, reconoce en una entrevista al Món el 2 de abril que se confió demasiado en que la lengua se salvaría a través de la escuela básicamente

La escuela es importante, imprescindible, pero no es función de la escuela salvar nada. La escuela —entiéndase, una escuela que realmente sirva para transmitir conocimientos— puede enseñar catalán, pero no imponer en el alumno la obligació de hablar en catalán en todo momento. Si el alumno tiene una familia, un trabajo y momentos de ocio donde el catalán está ausente, podrá entenderlo, incluso usarlo ocasionalmente, pero prescindirá de él la mayor parte del tiempo. Esta es la situación actual en Cataluña, donde la escolarización obligatoria desde hace muchos años incluye el conocimiento del catalán; sin embargo, el uso social del catalán está en retroceso. Las estadísticas triunfales de la Generalitat durante décadas lo han ocultado; ahora la tendencia parece ser destacarlo.

La lengua «propia» de Cataluña

«Hubo un tiempo que dijimos: escuela y TV3, pero los cambios sociolingüísticos que se han producido a nivel demográfico han puesto en cuestión que la escuela sola pueda hacer frente a la normalización lingüística. Por tanto, se necesitan muchas más acciones. Porque incluso el niño de entorno catalán que habla bien la lengua y conoce el castellano, cuando sale de casa y entra en internet encuentra 25.000 cosas en castellano; cuando quiere hacer algo para agradar —como quiere likes— lo hace en castellano. Llegan a casa y encuentran que está puesta Tele5. Esto ha cambiado mucho. Por tanto, la escuela por sí sola lo tiene muy difícil.»

En tiempos anteriores a la globalización, con escuela única y televisión única, algo se podía hacer, pero en estos momentos para invertir la tendencia haría falta una política decidida que a algunos se les puede pasar por la cabeza pero que es implanteable en esta Europa democrática, y no sólo porque choca contra el marco jurídico vigente en España. Se trataría de entrometerse en la vida privada de las persona y castigar el uso de otras lenguas —ya ha habido intentos de controlar en qué idioma juegan los niños en el recreo—; censurar los contenidos audiovisuales que la gente consume en su casa, o rechazar por defecto de forma todo documento que no estuviera escrito exclusivamente en catalán. Difícilmente se podría llevar a cabo, ni siquiera en una hipotética república independiente.

Rigau mantiene una actitud posibilista y apoya la modificación de la Ley de Política Lingüística para cumplir la sentencia del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya que obliga a impartir en castellano al menos el 25% de las clases. Asimismo, se muestra en contra del modelo vasco: «Es un peligro desde el punto de vista de quienes en los años 70 y 80 defendimos siempre que no separaríamos a los niños por razón de lengua. Siempre dijimos que Cataluña era un solo pueblo y que la escuela tenía que dar los medios y el sentido de pertenencia para que todo el mundo se sintiera del mismo pueblo, compartiendo una lengua propia del país, con la libertad después de que cada uno utilice las dos. El objetivo final siempre ha sido estar todos mezclados sin que prevalga la lengua de los padres sino la propia de Cataluña y garantizando el doble conocimiento al terminar la escolaridad obligatoria. Éste era el esquema. Y esto para mí es lo que debemos ver: qué solución debemos dar ante esta injerencia judicial para preservar el modelo. Esto es lo que intenta hacer el acuerdo y ésta es mi reflexión. Ahora son los grupos parlamentarios quienes deben redactar los textos que hagan posible la conciliación de este objetivo importante de modelo de sociedad en Cataluña con el cumplimiento judicial, para que los centros tengan seguridad jurídica.»

A nadie le escapa que lo que está en cuestión es si el catalán puede seguir siendo la única lengua propia del país y en último término hasta qué punto se puede sostener la idea de un solo pueblo si el «sentido de pertenencia» no nace en la familia sino que ha de ser impuesto por la escuela.

La gota que colma el vaso

La política independentista abomina el pactismo, rehúye el consenso, rechaza dar satisfacción a todas las partes, y acusa de traición a quien priorice la paz social. Podría ser de otra manera, pero es lo que es por el momento. El sábado pasado hubo una manifestación de escasa entidad convocada por un montón de entidades, pero básicamente CUP, ANC y el sindicato USTEC-STEs, rechazar el acuerdo logrado por ERC, PSC, En Comú Podem y JxCat —con reparos, este último partido— para modificar la Ley de Política Lingüística. 

Vicent Partal en Vilaweb —Són moltes les coses que canvien després d’un cap de setmana com aquest— le dio gran importancia por ser la primera manifestación independentista que protesta contra el actual gobierno independentista. Ciertamente, la estabilidad y el sosiego nunca han sido su prioridad.

Otro elemento que destaca y celebra Partal es que el mismo sábado se supo que JxCat hará un congreso antes del verano y que Jordi Sànchez anunció que no se presentaría a la reeleción como secretario general de este partido: «Sànchez es quien negoció mano a mano con el presidente Pere Aragonès y ha sido el gran valedor de un acuerdo de gobierno que buena parte de su partido ve francamente con recelo. Es evidente que, sin él al frente de Junts, el pacto y el gobierno, automáticamente, son mucho más débiles.»

Y como no hay dos sin tres, «la ANC, además, aprobó una hoja de ruta en la que se decanta por ayudar a impulsar una candidatura independentista y, si eso no puede ser, ¡atención!, por votar en blanco o hacer voto nulo, antes que votar a los partidos actuales. En sólo cuarenta y ocho horas, pues, el panorama político del país parece que ha empezado a cambiar de forma consistente.» Pero ¿no es eso lo que insinúa la ANC cada vez que se acercan elecciones?

Partal recurre una vez más al comodín de la inminencia de cambios revolucionarios: «Hace tiempo que es muy fácil constatar un malestar importante dentro del independentismo, que probablemente ahora empieza a cristalizar. En política las explosiones, los giros, las catarsis aparecen con frecuencia allí donde no se espera. Y da toda la impresión de que el infame pacto de ERC y Junts con el PSC y los comunes para hacer entrar legalmente el castellano en la inmersión lingüística ha sido la gota que, para mucha gente, ha colmado el vaso.»

La lengua en la escuela como gran pretexto movilizador, no para conseguir la independencia, eso queda lejos, sino para hacer caer el gobierno de la Generalitat y tener elecciones una vez más a media legislatura. Mientras tanto, de lo que se aprende en la escuela, en la lengua que sea, ni se habla. 

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