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El comodín del retorno de Puigdemont

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, saluda a los asistentes a su mitin en Perpiñán.

El último Baròmetre d’Opinió Política del Centre d’Estudis d’Opinió de Catalunya (CEO) detecta una tendencia al alza del PSC, ligeramente al alza de ERC y netamente a la baja de JxCat, que de 32 escaños que tiene ahora, desciende a un rango de 23 a 28. Y Jordi Sànchez no se presentará a la reelección como secretario general del partido. 

Como dice Salvador Sostres en el Diari de Girona el 7 de abril —Un Jaume ben fet—, «JxCat se ha quedado entre una señora [Laura Borras] que va camino de la inhabilitación por corrupción, y de las indiscutibles, y un pobre [Jordi] Turull, que para hacer de contable está bien pero que para liderar las cosas es más bien justito». Y recordemos que aún le quedan años de inhabilitación para cargo público.

¿Qué hacer entonces? Volver a poner en el escaparate la vuelta del eurodiputado y al mismo tiempo exiliado presidente Puigdemont. El último sermón de Pilar Rahola indica que «estamos en el inicio del final del retorno del presidente Puigdemont a Cataluña». No sin reconocer que de momento «todo es especulativo», anuncia que habrá una resolución del Tribunal de Justicia de la Unión Europea «a finales de agosto o muy presumiblemente en setiembre, y entre unas cosas y otras nos podríamos estar acercando al 1º de octubre». Y entonces ¿qué? 

La posición de los catalanes, presumiblemente, será variada: desde los que se alegrarán sinceramente del desenlace hasta los que pedirán que lo vuelvan a procesar por viejos o nuevos delitos

«Si ganamos esta batalla [jurídica], que parece clara y altamente posible, si la ganamos, estamos ante un momento de enorme importancia, el momento seguramente más transcendente desde el 2017.» Y en el momento de oírle decir eso uno vuelve a mirar la fecha del video porque le parece haber oído antes las mismas expresiones, con las mismas palabras y el mismo énfasis, incluso más de una vez. Sí, el video es del 6 de abril.

La cuestión es que «la larga batalla que está llevando el exilio» ha dado «frutos muy importantes»: «España ha quedado tocada, la marca España ha quedado evidenciada, pero es necesario remachar el clavo». ¿Cómo se hace? Pues como siempre: «Empecemos a prepararnos porque si alrededor de octubre, del 1 de octubre o de la diada [11 de setiembre] puede regresar el presidente Puigdemont, Cataluña tendrá que plantearse cuál es su posición.»

¿La posición de Cataluña? Tal vez es pedir demasiado una posición nítida y unánime. La posición de los catalanes, presumiblemente, será variada: desde los que se alegrarán sinceramente del desenlace hasta los que pedirán que lo vuelvan a procesar por viejos o por nuevos delitos. 

La condicional es importante: quien no asista a los actos convocados ante, con, por, para, sobre Puigdemont será despojado de la condición de independentista

Rahola apuesta por que hay que darle la bienvenida y «que no será una bienvenida más». Ese aún hipotético retorno será «un hecho político que debe sacudir los cimientos de la política catalana si realmente creemos en la independencia política de Cataluña». La condicional es importante: quien no asista a los actos convocados ante, con, por, para, sobre Puigemont será despojado de la condición de independentista. 

«Sería hora de que las entidades civiles empezaran a trabajar en esta concepción… y también los partidos independentistas», o sea trabajar en la concepción de Rahola, es decir en la concepción de Puigdemont y del núcleo de JxCat que la comparte —es de suponer que es el núcleo mayoritario—. Y pregunta directamente a la Assemblea Nacional de Catalunya, a Òmnium Cultural, a ERC, a JxCat, a la CUP si «tienen pensada una estrategia de bienvenida», ya que «el paradigma cambia completamente y debemos empezar a estar preparados».

Napoleón se escapó de su destierro en Elba y volvió a Francia. Allí por donde pasaba, camino de París, era vitoreado, y las tropas enviadas a detenerle se le unían. Y bien pronto recuperó el poder. Hace años que la facción puigdemontista del independentismo alimenta la idea de un retorno parecido, con el exiliado entrando en el país y sumando adeptos en cada pueblo que le llevarían en volandas al Palacio de la Generalitat.

También en mayo de 2023 el gobierno de Aragonés ha de someterse a una cuestión de confianza porque a eso se comprometió en las negociaciones

Pero la realidad es que Puigdemont difícilmente dejará de ser eurodiputado hasta las próximas elecciones al Parlamento europeo que han de hacerse en mayo o junio de 2024. Mientras tanto, el año que viene habrá elecciones municipales en mayo, y las próximas elecciones generales serán en diciembre, si no antes. También en mayo de 2023 el gobierno Aragonès ha de someterse a una cuestión de confianza porque a eso se comprometió en las negociaciones para su investidura. 

He aquí la anomalía de un presidente débil en un sistema presidencialista como es el de la autonomía catalana, el presidente de un gobierno que ha de pasar una reválida a media legislatura. No es extraño que, en la encuesta del CEO al principio mencionada, sólo «el 41% acierta el nombre del presidente de la Generalitat». (Es Pere Aragonès, lo hemos comprobado.)

Ante este panorama, ¿qué puede hacer el partido de Waterloo? Seguir alimentando la ficción de un retorno triunfal pero sin preparar otra asonada, porque sus alcaldes y concejales están más necesitados de inaugurar obras públicas, por inútiles que sean, que de encabezar manifestaciones, que aún lo serán más. 

Puigdemont está muy lejos del genio estratégico de Napoleón pero es consciente de lo que pueden dar de sí sus apoyos

Puigdemont está muy lejos del genio estratégico de Napoleón, pero es consciente de lo que pueden dar de sí sus apoyos. La entrada en la Cataluña española no se va a producir —tal vez sí algún festival en la Cataluña francesa—; el recibimiento a Puigdemont con palmas y ramos, tampoco —a parte de que no va con su carácter—, y menos la incursión tumultuaria hasta Barcelona.

Alimentar la ilusión de que se va a producir, y hablar de cambio de paradigma, en definitiva tiene un objetivo más limitado: por una parte, dar la culpa a los socios de gobierno de ERC de no estar por la labor y de ser los responsables de que no se haya producido —la CUP sí se apuntaría; ya se sabe que se apuntan a un bombardeo, siempre que no sean ellos quienes sufran las consecuencias—, y por otra parte, fidelizar al máximo lo que llaman «sociedad civil», es decir esas organizaciones que son correas de transmisión de los partidos independentistas fingiendo que son los partidos independentistas quienes actúan a sus órdenes. «El poble mana, el govern obeeix», era el lema.

Ahora toca ir insistiendo en la idea de que el gobierno autonómico, del que aún forma parte JxCat, es cómplice, incluso agente de la represión

En la denostación del gobierno de la Generalitat por no desobedecer como debería, siempre está a punto Vicent Partal —Sistèmic: és que no ens ho poden dir més clar—, ahora con este ejemplo: «Todos sabemos que el conseller de Educación, y quién sabe si el presidente de la Generalitat también, acabarían yendo a prisión si defendieran el sistema escolar catalán contra la injerencia judicial española. Y todos sabemos también que esto causaría un enorme problema a España porque ningún estado europeo entendería que un político fuera encarcelado por una decisión política como esta (…) Pero en vez de hacer eso el gobierno catalán no sólo nos dice que hemos de obedecer sino que además hemos de hacer ver que obedecemos voluntariamente y sin presión externa (…) Y con esto lo único que se consigue es blanquear la violencia institucionalizada y sistémica que cae sobre nosotros: tiene el efecto represivo que ellos querían que tuviera contra nosotros, pero en cambio no les penaliza porque parece que no hay represión.» 

Ahora toca ir insistiendo en la idea de que el gobierno autonómico —del que aún forma parte JxCat— es cómplice, incluso agente de la represión. El artículo de Salvador Sostres aclara algo sobre el carácter de estos personajes: «El JxCat auténtico continúa embobado con Borràs y Torra, que nunca han corrido ningún riesgo a cambio de tantos riesgos que exigen a los demás. El diputado Juvillà y las pancartas de Palau son la misma estafa. Jordi Sànchez dijo que le ofreció a Quim Torra la presidencia de la ANC y que debería explicar por qué no la aceptó. Ya lo cuento yo: primero, por miedo. Tenía miedo a tener que hacer algo que le llevara a la cárcel, y ese miedo marcó su presidencia, mientras falsamente se hacía el milhombres. Segundo, porque Junqueras lo “compró” para que estuviera en la lista de Junts pel Sí (2015). El soldado Torra, el patriota Torra, dijo que sí hasta que se dio cuenta de que en el puesto en la lista que le había dado Junqueras era muy difícil que saliera elegido diputado. Entonces se aproximó a Puigdemont, que por robarle a Junqueras algo, le dio un sitio de elección segura. Tan segura que terminó siendo presidente, odiado por su mentor. Es inacabable el cinismo, la arrogancia, la mezquindad de los soldaditos.»

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