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Artadi se va, Puigdemont se queda

Carles Puigdemont y Elsa Artadi durante la clausura del congreso de JxCat (Europa Press).

Aún no nos habíamos repuesto de la noticia de que Carles Puigdemont ha decidido dejar de presidir JxCat, el partido que formó a su medida —aunque no lo creó de la nada, fue un bote salvavidas para náufragos de la Convergència que Àrtur Mas hundió—, que ya Elsa Artadi salta por la borda y dice que deja la política.

Sobre la maniobra de Puigdemont, el jueves 5 de mayo, en el Punt-Avui Fins ben aviat, Puigdi!—, Joan Vall Clara comenta: «Al leer su carta a la militancia (en la que deja claro que no aspirará al cargo en el congreso) y ver las elucubraciones, hipótesis y teorías que ha generado sobre el futuro de la formación y de la política catalana, no puedo sino dejar escrito que lo más relevante, conociéndolo, es el final», cuando dice «¡Hasta pronto!» Vamos, que seguirá moviendo los hilos. Al menos, mientras los suyos se dejen.

«Al leer su carta a la militancia (en la que deja claro que no aspirará al cargo en el congreso) y ver las elucubraciones, hipótesis y teorías que ha generado sobre el futuro de la formación y de la política catalana, no puedo sino dejar escrito que lo más relevante, conociéndolo, es el final»

Joan Vall Clara

Laura Borràs o Jordi Turull, o ambos

El mismo día, en el Nacional, Agustí Colomines Junts después de Puigdemont— ensalza al líder: «Es evidente que Puigdemont se ha dedicado en cuerpo y alma a organizar y expandir el Consell per la República. En este sentido, su decisión de abandonar el cargo de presidente de un partido en concreto, aunque mantenga la militancia, le refuerza como líder nacional. Como un referente de la lucha de liberación nacional, especialmente desde el Parlamento Europeo, que es un altavoz que debería conservar en un futuro.»

Pero también repasa los errores cometidos por ese partido en sus dos años de existencia, el último de los cuales es «formar parte de un Govern que no se sabe hacia dónde va y debilita la posición de Junts como referente inequívoco del independentismo». Es decir, de lo que se trata es de expulsar a ERC del bloque independentista y quedarse sólos como alternativa al «régimen del 78», a España, a todo.

Colomines apuesta decididamente por Laura Borràs, que «sigue siendo el activo electoral más apreciado por la militancia de Junts surgida de la lucha por la independencia». Y descubre cómo se crean los liderazgos en este sector social: «Tiene más enemigos externos que internos y esto la ha convertido en la líder natural de Junts. Es querida por los suyos y es combatida por los adversarios.» Y, «a diferencia de Turull, Borràs tiene un perfil electoralmente carismático».

«Tiene más enemigos externos que internos y esto la ha convertido en la líder natural de Junts. Es querida por los suyos y es combatida por los adversarios».

Agustí Colomines

Sucedió que inmediatamente después de la anunciada renuncia de Puigdemont, apareció un manifiesto, Junts, units i determinats, de unos 400 altos cargos del partido, seguramente preocupados por su continuidad —la del partido, claro—, en el que piden que Laura Borràs sea la presidenta del partido y Jordi Turull el secretario general, sin entrar en cuestiones ideológicas ni estratégicas.

Colomines lo denuncia: «El proceso de recolección de firmas se ha hecho al más puro estilo de los caciques de otros tiempos. Sé de personas que aparecen entre los abajo firmantes —a las cuales no se les dio la oportunidad de leer el texto— que han tenido la sensación de que las estaban acosando.»

«El proceso de recolección de firmas se ha hecho al más puro estilo de los caciques de otros tiempos. Sé de personas que aparecen entre los abajo firmantes —a las cuales no se les dio la oportunidad de leer el texto— que han tenido la sensación de que las estaban acosando.»

Agustí Colomines

Y concluye afirmando que JxCat «no puede ser un partido de notables que viven permanentemente del erario público. Necesita líderes honrados para dirigir el partido de masas, progresista y abierto que necesita el independentismo». Buenos deseos que se podrían aplicar a todos los partidos de todos los ámbitos.

Alta política independentista

Pilar Rahola nos cuenta a qué se va a dedicar el presidente cesante del partido —JxCat després de Puigdemont—: A «luchar en tres frentes: como presidente del Consell per la República, a luchar para todo el movimiento independentista; para implementar la República catalana, y para poner en evidencia internacionalmente y luchar y derrotar España en lo que se refiere a toda la represión y a toda la democracia herida, corrupta, putrefacta que España representa».

A eso le llama «dedicarse a la alta política independentista». Rahola pide al partido que supere los conflictos por el liderazgo, la indefinición ideológica —«a veces JxCat ha parecido la vieja Convergència y a veces ha parecido la CUP»— y la «estrategia de rendición» a la que se deja arrastrar a veces por ERC. Si ni siquiera Rahola sabe «cuál es el proyecto que JxCat presenta para implementar la República», los demás podemos abandonar toda esperanza.

Pero si resulta que no ha resuelto sus personalismos, no ha aclarado su ideología y su estrategia es confusa, entonces ese partido es como un cuchillo sin hoja que le falta el mango. Al menos, mientras Puigdemont lo tutele, tiene una marca de referencia electoral.

La prioridad: no ir al paro

Francesc-Marc Álvaro, en Nació Digital el día 5 —Es necessita líder (i més coses)— habla de los dos contendientes, Laura Borràs, cuyo futuro «está condicionado por su suerte judicial en el caso de la Institució de les Lletres Catalanes», y Jordi Turull, un «apparatchik criado en el pujolismo»; pero no llega a ninguna conclusión: «No sabemos cuál es el proyecto de Borràs ni tampoco el de Turull, sí sabemos —en cambio— que no piensan lo mismo ni piensan de la misma manera. Ambos quieren encabezar una opción que tiene perfiles ideológicos vaporosos, más allá de propugnar la independencia (…) Por ahora, todo está abierto.»

Y destaca un hecho que considera importante para entender por dónde van los tiros: «La metamorfosis de Convergència hasta llegar a Junts se ha hecho sin perder el poder institucional en ningún momento […] Cuando digo poder quiero decir muchos cargos en las administraciones (Generalitat, diputaciones, consejos comarcales, ayuntamientos), muchos sueldos, presencia notable en organismos públicos y mixtos, así como capacidad de influencia en sectores sociales diversos, especialmente en comarcas.» Bien, pero la presidencia de la Generalitat ya no es suya, y no la recuperarán en el futuro inmediato. Y eso, en un sistema presidencialista como éste, no es un detalle menor.

Una mirada hacia atrás: «El paso al lado de Mas —exigido por la CUP y aceptado por los suyos— fue, por encima de todo, una forma más o menos dramática de evitar que docenas de cuadros convergentes gubernamentales fueran al paro; el presidente que pasó del autonomismo al soberanismo se sacrificó porque el núcleo de su partido no quería arriesgarse a unas nuevas elecciones autonómicas, que probablemente habrían perdido en beneficio de ERC. En el gen convergente de Junts hay memoria de todo esto, aunque se juegue a proclamar desobediencias retóricas mientras se justifican los acuerdos locales con el PSC.»

«Paso al lado» fue el eufemismo con que se quiso disfrazar lo que la CUP llamó «enviar a Mas a la papelera de la historia»; parecía prematuro pero los hechos lo han confirmado. La CUP sigue, Mas no volverá. En cuanto a las desobediencias, todas son retóricas; cuando no lo son, ya se ha visto lo que viene después.

Coincide Álvaro en la triple petición de Rahola a los de JxCat: «Deben elegir líder, deben definir su proyecto (que ha vivido de las inercias emocionales) y deben pensar una estrategia (…) Pese a los esfuerzos de Jordi Sànchez por crear un hilo argumental de Junts (que no interesaba al resto de dirigentes), el hecho es que este partido lo basa todo, hoy en día, en recoger los frutos de un eventual fracaso de los republicanos como vendedores y abanderados de la vía negociada y posibilista.»

«Deben elegir líder, deben definir su proyecto (que ha vivido de las inercias emocionales) y deben pensar una estrategia».

Francesc-Marc Álvaro

En cuanto a la confrontación entre Borràs y Turull, prefiere a éste claramente: «Parece más claro y congruente: intenta acordar seny y rauxa, por decirlo con los tópicos de la tribu; pretende mantener encendida la llama de la confrontación (inteligente, tranquila y controlada) sin perder la capacidad de nombrar al director del Puerto de Barcelona, por poner un ejemplo…»

En cambio, desconfía del populismo de Borràs: «Un veterano político, que ahora milita en Junts, me contaba hace pocos días que había quedado sorprendido de la capacidad de Laura Borràs de conectar con las bases. “Me recuerda las mejores épocas de Jordi Pujol”, me decía este exconvergente, y añadía que “ella provoca auténtico entusiasmo entre un determinado tipo de votantes”.»

Conciliar resistencia y rupturismo

Y en esto que Elsa Artadi, diputada en el Parlamento catalán y concejal en el Ayuntamiento de Barcelona, decide retirarse de la política. Salvador Sostres, en Abc el día 7, la retrata sin piedad: Artadi: depresión, deslealtad, oportunismo y cobardía. «Su característica ha sido la renuncia, y siempre tras haber exigido a los demás una valentía de la que a la hora de la verdad ella nunca ha estado a la altura.» Esto último podría aplicarse a todos los líderes independentistas.

«Su característica ha sido la renuncia, y siempre tras haber exigido a los demás una valentía de la que a la hora de la verdad ella nunca ha estado a la altura».

Salvador Sostres

Le reprocha Sostres que no «tuvo el valor de decir la verdad», que «sufre una depresión por la que está siendo tratada». Sea cierto o no, nadie está obligado a comentar los lances de su salud en público, ni a adoptar una actitud ejemplar. Otra cuestión es la doblez, también muy extendida entre la clase política impulsora del proceso. En el caso de Artadi, actuó como «coordinadora interdepartamental» durante la aplicación del 155, «recibiendo por su eficacia el reconocimiento público por parte del Gobierno» central, mientras «cuando terminaba su jornada tantas soflamas de irredentismo pronunciaba en favor de Puigdemont y de la independencia de Catalunya».

En Vilaweb, Ot BouLa foguera del trauma i l’adéu d’Artadi— recuerda que «los sondeos en el Ayuntamiento de Barcelona [le] eran muy adversos, y que en tres años y pico ha sido incapaz de transmitir una sola idea imaginativa y clara de lo que quiere para la ciudad». Su retirada «da al partido otra oportunidad para encauzarse en el nuevo momento histórico del país», que consiste en «conciliar las formas de resistencia y rupturismo que han crecido durante estos cuatro años de transición (2018-2022) con la vieja política del “peix al cove” convergente».

«Los sondeos en el Ayuntamiento de Barcelona [le] eran muy adversos, y que en tres años y pico ha sido incapaz de transmitir una sola idea imaginativa y clara de lo que quiere para la ciudad».

Ot Bou

Pero los partidos no echan lastre cuando les viene bien a los afectados sino cuando aplican una táctica decidida de renovación de cargos. Cuando Artadi dice que no puede más y que no se siente con fuerzas, es legítimo preguntarse si este estado es la causa de su cese, o bien es la consecuencia.

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