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Análisis/ El pacto de rentas, ¿tan necesario como imposible?

La inflación es el problema

La inflación está desbocada. El IPC español interanual a 30 de junio alcanzó el 10,2%. Es un dato brutal. Hay que remontarse al año 1983 para encontrar algo parecido. Los países europeos comparables también sufren este cáncer, aunque en menor medida: Italia con el 8%, Alemania con el 7,6%, Francia con el 5,8% (envidiable). Algo estamos haciendo peor aquí. El Banco de España prevé que el 2022 termine con una inflación del 7,2%. Muy fuerte.

El Banco de España prevé que el 2022 termine con una inflación del 7,2%.

Lo malo de esta inflación es que no está provocada por un sobre-calentamiento de la economía y un incremento de la demanda. Lo que hay es una inflación de oferta, derivada, entre otras cosas, de la guerra de Ucrania, con gravísimo impacto en los precios del gas, de la electricidad, del petróleo, de las materias primas y de alimentos básicos. Contra este tipo de inflación es difícil luchar con las típicas medidas de política monetaria de los Banco Centrales (es decir, subiendo los tipos de interés). Pero no hay otras herramientas a mano, y es lo que van a hacer. En Europa y en Estados Unidos. No es seguro que esto contenga la inflación. Lo que sí es seguro es que va a deprimir la economía: dinero más caro significa menos inversión, cierre de empresas y más paro. Por eso, mucha gente dice que se nos viene encima una recesión de cuidado. Quizá en ese contexto la inflación se modere. Siendo más pobres. Veremos. Lo que sería una gran ayuda es que Bruselas cambie pronto el absurdo sistema marginalista para fijar el precio de la luz.

Dinero más caro significa menos inversión, cierre de empresas y más paro.

¿Se nos viene encima una recesión?

Los últimos datos de empleo de España no permiten pronosticar una recesión. En el mes de junio la afiliación media a la Seguridad Social alcanzó una cifra récord: 20.348.000, con un incremento de 115.000 respecto al mes de mayo. Es la mitad del incremento que hubo en junio de 2021 (muy marcado por la recuperación post-pandemia), pero supera la de cualquier otro junio. Está muy bien. En toda la historia nunca habíamos llegado a una afiliación de 20 millones y llevamos 3 meses por encima de esta cifra. Esperemos que esto siga creciendo porque este país necesita 23 millones de afiliados. Y a ver cómo sale el dato del PIB del segundo trimestre.

Y la recaudación de impuestos va como un tiro: en los cinco primeros meses de 2022 Hacienda ha recaudado un 19% más que en el mismo período de 2021. Aunque parte de esto se debe a la inflación, el dato es muy bueno.

En los cinco primeros meses de 2022 Hacienda ha recaudado un 19% más que en el mismo período de 2021.

Contener la inflación a costa del crecimiento

En todo caso, la prioridad está ahora en la lucha contra la inflación, aunque sea a costa del crecimiento. Lo peor de la inflación es su espiral viciosa: la subida de precios lleva a los sindicatos a presionar para conseguir subida de salarios. Una vez conseguida la subida salarial, los empresarios tienen que subir los precios y vuelta a empezar. Es el cuento de nunca acabar. Si esto no se para a tiempo, la catástrofe está asegurada.

El pacto de rentas

Por eso, hace meses que el Banco de España reclama un Pacto de Rentas entre sindicatos, empresarios y Gobierno. Y este miércoles la vicepresidenta Calviño ha puesto el tema sobre la mesa. Ya era hora. El Pacto de Rentas va de lo siguiente:

1.Sería un Pacto a tres años: 2023-2024-2025. Es razonable.

2.Durante ese trienio los trabajadores aceptan un crecimiento moderado de los salarios. Bastante inferior al IPC. Incluso inferior a la inflación subyacente (sin energía y alimentos), que está en el 5,5%. La CEOE propone un 3,5% para este año. Un 8% en 3 años. Sin cláusulas de indexación al IPC. Los sindicatos no están conformes con esto.

Calviño ha ofrecido a los sindicatos, como compensación al sacrificio que se les pide, la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), que hoy está en 14.000 euros anuales (14 pagas de 1.000 euros cada una). Se trata de que en 2025 el SMI alcance el prometido 60% del salario español medio.

¿Cuánto es el salario español medio? Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2020 era 25.166 euros anuales. El 60% de esa cantidad es 15.100 euros, o sea, 14 pagas de 1.079 euros.

Así pues, lo que Calviño ofrece son 80 euros más en cada una de las 14 pagas. Para conseguirlo en 2025. En 2023 la subida podría ser de 25 euros.

3.Durante ese trienio los empresarios aceptan una contención de los márgenes empresariales, es decir, una contención de sus beneficios, no trasladando a precios todo el incremento de los costes. El Banco de España pide introducir mecanismos para que esa contención de márgenes sea verificable. Los sindicatos prefieren atacar directamente los beneficios a través de un mayor gravamen en el Impuesto sobre Sociedades y una limitación en el reparto de dividendos. También se podría hablar de nuevas inversiones y del mantenimiento y creación de empleo.

En este punto, el Gobierno ratifica su propósito de introducir un impuesto extraordinario sobre los beneficios de las empresas energéticas.

4.Según el Banco de España y los empresarios, en el Pacto de Rentas es imprescindible incluir las pensiones y los salarios de los funcionarios. El incremento de ambas magnitudes debería ser parejo al incremento que se pacte para los salarios privados. Tiene sentido. Lo que no parece viable es aplicarles todo el IPC de 2022. Suponiendo un IPC del 7,2%, el incremento del gasto en pensiones (161.000 millones en 2021) es 11.600 millones. Y el incremento del gasto en salarios públicos (147.000 millones en 2021) es 10.600 millones. No sé cómo vamos a asumir eso.

En este escenario, el Banco de España propone excluir de la moderación a las pensiones más bajas del sistema, a las cuales sí se les aplicaría todo el IPC.

En este escenario, el Banco de España propone excluir de la moderación a las pensiones más bajas del sistema, a las cuales sí se les aplicaría todo el IPC.

Por dónde va el gobierno

No parece que el Gobierno vaya a poner toda la carne en el asador para propiciar este Pacto de Rentas. Y no quiere meter aquí al PP. Tampoco hay suficientes puntos de encuentro entre sindicatos y empresarios. De entrada, las discusiones quedan aplazadas hasta septiembre. Aplazamiento increíble tratándose de una cuestión absolutamente vital. Parece que lo que importa ahora es disfrutar las vacaciones. El Pacto está muy verde.

Además, el Gobierno no quiere ni oír hablar de subir las pensiones por debajo del IPC. Es una promesa básica y está en una ley. Con los salarios públicos sí está dispuesto a imponer sacrificios a los funcionarios. Pero no a los pensionistas. Se juega su futuro electoral. A ver qué dice Bruselas.

En esa línea, el Gobierno tampoco quiere oír hablar de reducir el gasto público, tema en el que tiene mucho que hacer. Está en todo lo contrario. Sigue aprobando gastos nuevos de cariz electoralista: 1) Mantener hasta el 31 de diciembre la subvención de 15 céntimos por litro de combustible para todo el mundo. Sin ir más lejos, Francia ha dicho que no se puede permitir un gasto así. 2) Subir un 15% (el doble del IPC previsto) las pensiones mínimas. 3) Subir un 15% (el doble del IPC previsto) el ingreso mínimo vital. 4) Pagar una subvención de 200 euros a los más vulnerables (dicen que 2,7 millones). Y todo esto lo hace el Gobierno endeudándose cada vez más.

Y, para rematar el tema, el Presidente del Gobierno nos ha asombrado con unas extrañas declaraciones según las cuales la derecha está al servicio de unos poderes económicos ocultos, de intereses oscuros, con terminales mediáticas potentes, que conspiran para derrocar al Gobierno progresista. Quizá estén ahí las empresas energéticas.

Según lo que dice el Presidente, España se divide entre buenos y malos. En el lado de los buenos está el Gobierno de coalición progresista que defiende a las clases medias y trabajadoras. En el lado de los malos está la derecha que está al servicio de la minoría de privilegiados.

Estas declaraciones destilan un populismo infantil y no son propias de un líder político de una gran democracia europea. Parecen de otras latitudes. No se las cree nadie que tenga dos dedos de frente. Y no contribuyen en absoluto a mejorar el clima político ni a propiciar ningún pacto. Es una pena.

Jesús Santidrian
Jesús Santidrian
Inspector de hacienda jubilado

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