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ECOS INDEPENDENTISTAS / Las amistades comprometedoras de Laura Borràs

La presidenta del Parlament, Laura Borràs. EFE.

Laura Borràs debería tener presente este refrán: De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo. Últimamente le dan más quebraderos de cabeza los amigos que los enemigos. Isaías Herrero (Isaías H., en algunos medios), el presunto beneficiado por un fraccionamiento de contratos con la Institució de les Lletres Catalanes mientras Borràs la dirigía, ha conseguido, sin duda involuntariamente, que la segunda autoridad del autogobierno catalán sea acusada de prevaricación, malversación, fraude y falsedad y vea peligrar su cargo de presidenta del Parlamento. Aunque ella no tenga nada que ver con el asunto, tampoco la beneficia en nada que Herrero fuese condenado a cinco años de cárcel por tráfico de drogas y falsificación de moneda

Jordi Llovet, si no amigo, fue compañero de trabajo y superior jerárquico de Borràs en la Universitat de Barcelona. Ya jubilado, se despachó a gusto sobre su trayectoria universitaria en una nota que publicó en Facebook hace unos días y retiró seguidamente a petición, es un decir, de la protagonista del relato: Borràs amenazó con llevarlo a los tribunales por calumnias e injurias. En dicho relato, en palabras de Ramón de España —¡A por el profesor Llovet!—,  «quedaba constancia de su incompetencia como docente y de su arribismo rampante, que la llevaba a tirar de contactos en las alturas para hacerse con plazas que no le correspondían y traerse al tribunal a su base de fans (incluidos miembros de la familia) para liarla parda en público cuando las cosas no se resolvían a su favor». Llovet se excusó y retiró el texto, pero el daño ya estaba hecho y puede leerse en múltiples lugares, como en este tweet

Borràs, por cierto, se presenta como una gran defensora de la libertad de expresión, pero exhibe un criterio muy subjetivo. Llegó hasta el punto de visitar a un delincuente convicto, Pablo Hasel, en la cárcel de Vic; en plena campaña electoral, eso sí. En el caso de Jordi Llovet, la oportunidad de desmentir punto por punto sus afirmaciones ni se le ha pasado por la cabeza; ha amenazado directamente con recurrir a la, en otras ocasiones tan denostada, justicia española para empapelarle.

Gran bronca en TV3

El último amigo que ha puesto a Laura Borràs en un compromiso ha sido Francesc de Dalmases. El sábado 9 de julio ella compareció en el programa Faqs, de TV3, para hablar de sus cosas. No al día siguiente sino nueve días después, Nació Digital informaba que el diputado Francesc de Dalmases intimidó a una periodista del Faqs. Paralelamente lo hizo elDiario.es: Un diputado de Junts abroncó a una periodista de TV3

«La escena que se vivió el pasado sábado 9 de julio en los estudios de TV3 no se les olvidará fácilmente a los trabajadores de la cadena pública que la presenciaron. Tras una entrevista del programa Preguntes Freqüents (Faqs) a Laura Borràs, y una vez ella abandonó el plató, el diputado de Junts Francesc de Dalmases agarró de la muñeca a una periodista del programa, la encerró en una habitación y la abroncó por el contenido de la entrevista, que consideró incómoda y que había incumplido el pacto previo de “no hacer un juicio público” a Borràs, según testigos de los hechos.»

Laura Borràs junto con su jefe de gabinete, su responsable de prensa y Francesc de Dalmases, diputado y vicepresidente de JxCat, se encerraron en una habitación con «la periodista con la que había concertado la entrevista». Se habla de «una bronca a gritos» que duró unos diez o quince minutos, y de «fuertes golpes contra objetos, sin poder identificar si pegaba contra los muebles o a las paredes». Dalmases «increpó a la periodista acusándola de ser una “mala profesional” por haber permitido ciertas preguntas a los colaboradores del programa» y profirió insultos como que «éste programa es una mierda» y «eres una mala periodista».

Por el lado de los políticos, se quita hierro al asunto —«una discusión civilizada», «no puede decirse que fuera una discusión violenta ni agresiva en absoluto»— y por el lado de los profesionales de la televisión pública se dibuja un escenario terrorífico: «Yo pasé mucho miedo, me temblaban las piernas»; «el grado de agresividad fue muy alto»; «los gritos llegaron a ser tan fuertes que un regidor del programa acudió para pedir que bajaran la voz porque el ruido estaba entrando a los micrófonos»; «la dirección del programa (…) pidió a los presentes que se quedasen cerca y que interviniesen si volvían a escuchar gritos o golpes». ¿No se le ocurrió a nadie avisar a seguridad?

Un detalle que menciona la crónica de Nació Digital, se non è vero, è ben trovato: Dalmases «recriminaba, en concreto, las preguntas que habían hecho los periodistas». «La periodista del Faqs defendió que lo que no podía hacer el programa era controlar qué preguntaban los periodistas colaboradores, un argumento ante el que el dirigente de Junts respondió que lo tendrían que hacer». Si los periodistas colaboradores han de ajustarse a un guión preestablecido, dejarían de ser periodistas para convertirse en simples actores que recitan un papel a gusto del gobierno.

Un choque indefendible

Puede que haya algo de trama en la denuncia tardía y enfática de una discusión improvisada en sede televisiva. Salvador Sostres escribía el día 21 en el Diari de Girona —Víctimes—: «Un amigo mío que trabaja, o trabajaba, en el Faqs me ha explicado que la discusión se produjo en los términos de tensión habituales en estos casos, y que Francesc de Dalmases estuvo algo exagerado, cabreado por cómo había ido la entrevista, pero que de ninguna manera se puede desprender de su comportamiento un ataque violento o machista ni nada de lo que esta chica ha denunciado, siempre sin dar la cara y siempre exagerando en un relato que en cualquier otro país caería por su propio peso y se entendería como una anécdota más.»

Puede que haya intención política de perjudicar a la presidenta del Parlamento, ahora que el Pisuerga pasa por el juzgado y después de que el presidente Aragonès dejase claro que en ERC daríamos prioridad a la institución y sería apartada. Isabel Garcia Pagan en la Vanguardia el día 23 afirma que el círculo se estrecha sobre Borràs (y Dalmases): «Golpean a Borràs en la cara de su escudero.»  

Pero la cuestión es que el escudero, llamémosle así, ha dado motivo suficiente para que los enemigos de Borràs carguen con ímpetu para apartarla de la primera línea de la política; otro frente abierto que se podía haber ahorrado con un poco más de elegancia y buenas maneras.   JxCat, con la lentitud de reflejos habitual, por ahora se limitado a cesar a Dalmases como portavoz de la comisión parlamentaria de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) y a abrir un expediente informativo interno.

Pilar Rahola en el Nacional, el 24 de julio —¿Quién teme al periodista?—, finalmente, da el nombre de la víctima del rapapolvo: «No pertenezco al persistente ejército de opinadores y políticos que querrían aniquilarla [a Laura Borràs] del panorama político» —nadie lo pensaba—; «sino al contrario, estoy convencida de que Borràs es una líder de enorme carisma político, cuyo futuro parecería no tener techo» —notable exageración que ni la calor disculpa—. «Desde esta posición inequívoca, también estoy convencida de que el indeseable choque que se produjo entre Francesc de Dalmases y la subdirectora del Faqs Mònica Hernàndez, a raíz de la entrevista que le hicieron [a Borràs], es indefendible desde cualquier posición.» 

Luego se extiende en unas generalidades sobre las relaciones entre el periodismo y el poder político, pero lo más importante es esto: «Cuando Dalmases se excita sobremanera y carga contra la subdirectora del programa, está enviando dos mensajes muy lesivos para el equilibrio democrático de poderes: una, que tiene derecho a dictar cómo tienen que ser las preguntas, y dos, que cree que la dirección de un programa debe decir a los periodistas cómo tienen que preguntar. Con un añadido igualmente indeseable: si echa una bronca de estas dimensiones a una profesional, es porque cree que puede hacerlo.»

Aquí puede estar la clave: toda una generación de políticos ha crecido con la idea de que los medios de comunicación en general —en primer lugar los públicos; después todos los demás, siempre pendientes y dependientes de las subvenciones públicas— les deben su existencia y por consiguiente han de devolverles el favor exponiendo los méritos, exaltando la entrega y acomodándose a las exigencias de los gobernantes. Si Dalmases en TV3 hubiera bajado el tono de voz hasta la dulzura, tal vez nos habríamos ahorrado esta serpiente de verano, pero el problema de fondo persistiría, y persistirá aunque el partido y Borràs corten con él.

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