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ECOS INDEPENDENTISTAS |El presidente Aragonès no quiere manifestarse con la ANC

Banderas 'esteladas' durante una Diada.

La presidencia de la Generalitat pierde prestigio año tras año. Quedan para la historia las figuras de Tarradellas, Pujol y Maragall, discutibles y discutidas pero mayormente respetadas. Los últimos tiempos nos han deparado una declinación a la que cuesta ver el final: Mas, Puigdemont, Torra, Aragonès.

Han ido en aumento: la retórica vacía destinada a obnubilar una cantidad suficiente de ciudadanos para ir tirando, las aspiraciones heroicas que se convierten en ridículas al día siguiente, la incapacidad de comprender que su acción de gobierno es uno de los muchos problemas de este país y no contribuye a la solución de ninguno.

Es difícil decir dónde empieza el deseo de ofender y dónde acaba la habilidad de hacerse respetar. Ahora la asociación profesional de manifestantes, es decir la ANC, reprocha al presidente Aragonès que no quiera asistir a la manifestación convocada el 11 de septiembre, como si estuviera obligado, como si la presencia de quien «ostenta la representación ordinaria del Estado en Cataluña» tuviera que ser la norma y no algo muy excepcional.

Pero como todo es susceptible de empeorar en esta corte de los milagros republicana que se ha adueñado del país, Aragonès se ha rebajado a argumentar su ausencia. Informa Vilaweb: Aragonés no irá a la manifestación de la ANC aduciendo que tiene un tono contra el gobierno y los partidos. «Dice que la unidad entre los partidos y las instituciones es necesaria para alcanzar la independencia y pide que se evite mirar mal a los compañeros de viaje.» Básicamente, Aragonès no quiere ir a un sitio donde sabe, y sabemos todos, que le van a silbar, le van a insultar y va a tener que oír consignas en contra de su gobierno, de su partido y de su persona, porque así se está preparando la manifestación.

Precedentes hay muchos: el concurso de silbidos en que se convirtió durante años la ofrenda floral a Rafael de Casanova, hasta lograr excluír a los partidos indeseables; la manifestación convocada en 2010 por el gobierno Montilla contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatuto, que se convirtió en la primera gran exhibición independentista de masas; la manifestación de repulsa a las acciones terroristas de agosto de 2017, que se transformó en una de rechazo al gobierno central y al Estado, incluída una pancarta esgrimida a pocos metros del Rey. Aragonès conoce bien aquellos polvos y sabe en qué lodos podría encontrarse.

Independentistas sin suficiente coraje

Las manifestaciones en general suelen ser contra el gobierno —si son a favor, lo más probable es que se trate de un régimen con un cierto déficit democrático—, por lo que esta polémica no deja de significar el retorno a una cierta normalidad. La normalidad sería completa si la ANC aprovechase la «fiesta nacional de Cataluña» para resaltar lo que une y no lo que separa a los catalanes; aunque este barcó zarpó hace tiempo.

«Las manifestaciones en general suelen ser contra el gobierno —si son a favor, lo más probable es que se trate de un régimen con un cierto déficit democrático—, por lo que esta polémica no deja de significar el retorno a una cierta normalidad»

La ANC empieza una nueva etapa, en que irrumple en la lucha partidista y se muestra extremadamente beligerante contra ERC. Entrevistada en La Vanguardia el 2 de septiembre, la presidenta de la ANC, Dolors Feliu, afirma: <a target=_blank href=»»>Si Aragonès no va a la manifestación consideraría que no está implicado con la independencia</a>:

«Si se sienten incómodos con la gente de su país, que se miren al espejo y piensen qué están haciendo. Que revisen sus políticas. Si se sienten incómodos con estas reivindicaciones de independencia que ellos llevaban en el programa, que miren si se tiene que revisar o si ellos continúan implicados con este discurso y con esta meta. Es un espejo que tienen enfrente. Un político que no quiere ir a un lugar en el que se sabe que habrá centenares de miles de personas tiene un problema.»

En tiempos de Artur Mas el papel de criada respondona, al frente de la ANC, lo desempeñaba muy bien Carme Forcadell. Aquel «Presidente, ponga las urnas», en el sentido de: convoque un referéndum aunque sea fuera de la ley, en 2014, fue un momento inaugural del descrédito de las instituciones, del desprecio al Estado de derecho y del debilitamiento de la presidencia de la Generalitat. Ahora, con Dolors Feliu, se intenta otra vuelta de tuerca, y erigirse en tribunos de la plebe que aspiran a orientar la política del gobierno y sin derecho a réplica.

En la mencionada entrevista, la presidenta de la ANC advierte que «en estos momentos las fuerzas independentistas no tienen suficiente coraje», y quiere que «los partidos reciban el mensaje que si no la hacen [la independencia] la hará la gente». La ANC al parecer aspira a recoger el descontento: «La idea es que hasta ahora los partidos llamados independentistas han tenido un voto para hacer la independencia, pero han pasado cinco años desde el 1-O y se ve que realmente no hay un proyecto.» Pero sin reconocer que antes tampoco había ningún proyecto racional y que algo tienen que ver en el asunto. La ANC no acaba de nacer: si alguien se siente engañado por los políticos procesistas, también ha de sentirse engañado por la ANC.

«La ANC no acaba de nacer: si alguien se siente engañado por los políticos procesistas, también ha de sentirse engañado por la ANC»

La cuarta lista independentista

Sostiene Dolors Feliu que «necesitamos un proyecto que ponga en el centro querer la independencia», dando por sentado que hay quien no quiere realmente la independencia, y ante las próximas movilizaciones, a propósito del 11 de septiembre y del 1 de octubre, reincide en la suplantación de la sociedad, característica innata de la ANC: «El grito grande que se oirá en Catalunya, en España y el Mundo será el de todos juntos, el de toda la ciudadanía a la vez». La ciudadanía catalana ya quedó reducida a los que aspiran a la independencia, y ahora, otra vuelta de tuerca, los independentistas quedan reducidos a los que la quieren como y cuando determine la ANC.

En otra entrevista, en el Punt-Avui el día 3, afirma la conclusión lógica de todo lo anterior, que en 2025 habrá lista cívica, es decir que en las próximas elecciones autonómicas la ANC presentará sus propias candidaturas. El título es taxativo pero el texto de la noticia no lo es tanto: Feliu fijó el 2025, cuando acaba la actual legislatura, «como límite para que los partidos independentistas hagan un proyecto claro para conseguir la independencia»; si no lo hacen, «se va a crear una lista cívica con una opción muy clara en este sentido». O hacen lo que decimos, o les haremos la competencia.

El mismo juego con la subordinada condicional en el Ara: Se impulsarán listas cívicas «si estos partidos que hay ahora no se atienen al mandato del 1 de Octubre». Pero ¿de dónde saldrían los apoyos a esa por ahora hipotética cuarta lista independentista si en la ANC se reúnen y se organizan militantes, simpatizantes y votantes de los partidos con los que tendría que competir?

En cuanto al presidente de la Generalitat, reacio a presentarse en una manifestación donde le van a llamar de todo menos guapo, afirma: «Es un gobernante que no resiste ir con su gente. Se va a Madrid a hacerse la foto con los gobernantes de allí y no es capaz de hacérsela con miles de personas del país que salen a pedir la libertad.»

Aunque no deja de ser verdad que la del día 11 «es una manifestación para que los partidos hagan aquello por lo que fueron votados, que es la independencia», la manera de posicionarse de la ANC en la lucha partidista roza el chantaje: «La forma lógica de reivindicar la independencia para todos los políticos que la tienen en su hoja de ruta es venir a la manifestación.» Y la amenaza: «Si los partidos no hacen la independencia, que tengan claro que no nos quedaremos sin alternativa y que la gente les pasará por encima.» O conmigo o contra mí.

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