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La incógnita Sánchez: Valar Valar Dohaeris o Valar Morghulis

El presidente Pedro Sánchez.

Miren ustedes que el que firma se tiene como uno de los mejores perdedores en juegos de mesa, incluido el parchís, que existe en los alrededores de Barcelona. Lo de acertar resultados deportivos ya ni les cuento. Un desastre. Quinielas, primitivas, ciegos y compañía mejor nunca me hagan partícipe.  Pero se da la extraña circunstancia que últimamente acierto en los diagnósticos políticos, contándolos por cafés gratis, y llevo unos cuantos ya. Para ello no hago otra cosa que utilizar la estrategia de Sánchez. Pensar al revés que todos y crear hipótesis imposibles para una mente normal. Dicho en otras palabras, elegir la opción más absurda y llevarla al extremo hasta conseguir despistar a todo el mundo. Es mi particular forma de cambiar de opinión, no de mentir por supuesto… Como dicen, todo vale en el amor y en la guerra. Y por un café siempre vale la pena arriesgar.

Este tipo de acertijos me han salido estupendamente con los nacionalistas, sobre todo con Puigdemont. He conseguido crear un traductor infalible entre lo que cuenta el huido a lo que realmente va a hacer. De tal forma que (ya sé que muy listo no soy, pero mis horas de análisis me cuesta) entiendo que en lugar de indicarnos que si no gana las elecciones “abandona la política”, lo que nos está explicando el amado ex-president es que si no gana, ganará. Les guste o no a los socialistas. Que él va a volver a casa, como el Almendro, sólo para “restituirse” en el cargo y en la pasta que significa la oficina de colocación para sus paniaguados, quienes ya hacen cola en su peregrinación a la nueva “choza” del sur de Francia. Ah y que a Puigdemont le importa un pimiento si Illa le triplica en escaños, pues acabará hincando la rodilla y dándole el voto y la Generalitat, tal cual hacen los suyos en Madrid, sin rodillazo incluido. Eso piensa el ex. 

Eso ya lo saben Ábalos y otros muchos que han caído por el camino desde que se postuló com el gurú del socialismo woke español

Y ahora, que estoy metido en “momento análisis de Pedro Sánchez” e intentando ponerme su careta, ¡narices qué difícil es!, empiezo a elucubrar alocadamente, sin ton ni son. De hecho, me he convertido en una especie de “hombre sin rostro”, como si fuera Jaqen H’ghar de Juego de Tronos. Unos de los que dijeron la famosa frase en valyrio: Valar Valar Dohaeris (todos los hombres deben servir). En respuesta a la más conocida Valar Morghulis (todos los hombres deben morir). Y he conseguido entender todo. Tanto que he realizado un intensivo nocturno de Juego de Tronos para extraer las claves del caso Begoña, señora de Sánchez. 

Ahora me cuadra la argucia del divino Sánchez. Todos los hombres deben “servir-le”. Valar Valar Dohaeris. Pase lo que pase y de forma incondicional pues, en caso contrario, Valar Morghulis. Políticamente hablando, claro. Eso ya lo saben Ábalos y otros muchos que han caído por el camino desde que se postuló como el gurú del socialismo woke español. Tanta epístola plañidera del pasado miércoles tarde en “X” (no confundir películas X con la red X, porfa) confesando su amor incondicional a su amada Begoña (les juro que aquí me entran ganas de continuar con el verso de los amantes de Teruel, pero no lo voy a hacer…) y la auto-exoneración laboral durante cinco días (lógicamente como hacemos todos los españoles cada vez que nos da la gana) para tomarse un descanso con el fin de meditar su futuro y el de su familia. 

En clave catalana, el primer objetivo ya se ha conseguido: centrar la campaña electoral en ÉL

El efecto inmediato en sus acólitos ha pasado de la estupefacción al lloro y, de ahí, a la manifestación unánime de ¡oh diosillo nuestro socialista, no nos abandones! que se escenifica el sábado en Madrid. ¡Todos con Sánchez! es el grito de guerra. En clave catalana el primer objetivo ya se ha conseguido: centrar la campaña electoral catalana en ÉL. O gana el socialismo de Sánchez (Illa es un tipo que pasaba por allí y mejor que se calle pues molesta al hablar, piensa su dios) o gana el socialismo de Sánchez. El Segundo objetivo también conseguido es colocar a los separatistas en la encrucijada de seguir manteniendo a Sánchez o perder la oportunidad tras el “me voy todo indignado tras lo que dicen de mi enamorada” por lo que perdería el nacionalismo catalán (y vasco) la posibilidad de extorsionar al PSOE con un nuevo concierto económico, el referéndum y lo que se les ocurra, que esta gente sí tiene imaginación para todo lo malo.  Aragonés y Puigdemont han tomado buena nota. Y si entraran en campaña con el tema Sánchez como estrella no hacen más que demostrar que Cataluña se queda en segundo lugar y sólo importa el “trono” de España. Aunque dadas las escasas ofertas electorales que ofrecen mejor será que se hable de España que de Cataluña. Al menos nos aburriremos menos los catalanes.

En versión madrileña, la jugada de Sánchez es la de convocar a sus amansadas masas para intentar evitar un “Julio César”, es decir, el apuñalamiento masivo por amigos y enemigos. De esa forma se insufla del amor de sus acólitos para coger aliento en su particular lucha contra las fuerzas del mal personificadas por la fachosfera. Dijo el personaje de Juego de Tronos Petyr Baelish que “el caos no es un pozo… es una escalera”. Para Sánchez, montar el caos puede ser su escalera a metas superiores no aptas para simples mortales. Su escalera de justificación ante “su mundo” de cualquier caso que pueda salpicarle a él (amigos como Koldo son impagables) o a su amada Begoña. Tanta manifestación pública de adhesión y tan enfervorizada defensa del personaje que realiza la izquierda en general y particularmente los de Sumar, Podemos, los sindicatos (no sé de qué me extraño) y los medios de comunicación bien remunerados, hace pensar que Sánchez ha conseguido su Tercer objetivo: o el caos o Sánchez. 

Comprenderán que su carrera meteórica hacia un cargo en la CEE o el Nobel de la Paz ha sido dada por clausurada

Y ahora me dirán que el tema Pegasus va a hacer “pupa” al presidente. De acuerdo. O que a Begoña Gómez le van a llover demandas por tráfico de influencias sin parar. Es obvio. O que el hermanísimo es un jeta “portuñol” con enchufe en Badajoz. Eso lo sabemos todos, empezando por él. Y que el suegro tiene no se cuántas casas de… Pues sí, que pasa. De algo tiene que vivir el hombre. Y, por último, que Koldo, Ábalos, Illa y otros ahora ministros hayan tenido las manos muy laxas en tiempos de pandemia y regalasen lisonjas y contratos inapropiadamente son cosas que ocurren. Sin importancia apenas. Que eso nos puede suceder a cualquiera de nosotros… Y si a todo esto le sumamos la poca gracia que le ha hecho a la prensa mundial y a sus compañeros del socialismo europeo el abandono repentino de las funciones, comprenderán que su carrera meteórica hacia un cargo en la CEE o el Nobel de la Paz (me tapo la boca que se me va la risa) ha sido dada por clausurada y le obliga a seguir pensando en clave española, pues todo el mundo ha puesto en duda su valía como estadista. 

Por eso Sánchez se ha pillado unos días de vacaciones ante el televisor. Sentado y calladito ha conseguido buenos réditos publicitarios, tras ser refrendado masivamente por los suyos, además de conseguir ser “intocable” ante los nacionalistas, si es que esos no quieren hacerse el “harakiri”. Mi quiniela es que seguirá, a pesar de haberse cerrado la puerta de “gran estadista europeo y mundial” que creía tenía abierta. Existen tres futuros posibles: el que significa estar en los juzgados día y noche, tanto él como su familia, el que se refugia en Marruecos porque en Waterloo ni le quieren ver o el que se mantiene en la presidencia del Gobierno zapeando series como Juego de Tronos y rememorando a Brynden Tully cuando filosofó con aquello de “los árboles más fuertes crecen en los lugares más oscuros”. Sin duda que todo él, el personaje de Sánchez, es absoluta oscuridad. Un resiliente le llaman ahora. Me juego el café. 

Ramón Mora
Ramón Mora
Ramón Mora. Consultor de Empresas y Periodista.

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