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La deuda pública sigue disparada

Dinero.

Hace unos días nos han dicho a cuánto asciende la Deuda Pública española al 31 de marzo de 2024. Son 1,613 billones de euros. Estos billones son con 12 ceros.

A 31 de diciembre de 2023 la Deuda ascendía a 1,575 billones.

Así pues, en los 3 primeros meses de 2024 hemos aumentado nuestra Deuda en 38.000 millones de euros, o sea, 12.700 millones al mes.

El dato es escalofriante. Para comparar recordemos que, a lo largo de los 12 meses del pasado año 2023, la Deuda Pública aumentó en 72.000 millones, es decir, 6.000 millones al mes. Ahora, en este primer trimestre del 2024, estamos hablando de más del doble: 12.700 millones.

No sabemos todavía lo que ha pasado en los meses de abril y mayo. Ojalá se corrija la tendencia, pero nada invita a pensar eso.

Esto pasa con unas buenas cifras de recaudación fiscal

Este dato del primer trimestre es todavía más preocupante si tenemos en cuenta que la recaudación por impuestos y cotizaciones a la SS no se ha portado mal en el 2023, o sea, que había bastante dinero en caja. 

Los ingresos tributarios del 2023 han aumentado un 7% respecto a los del 2022. Y las cotizaciones a la SS han aumentado un 9,3%. Esos índices casan con el incremento nominal (real + inflación) del PIB en 2023 que ha sido un 8,6% (desde 1,346 billones en 2022 a 1,462 billones en 2023).

El crecimiento de la recaudación ha sido especialmente intenso en el IRPF, debido al aumento del empleo, a la mejora de las pensiones y, sobre todo, a la tremenda injusticia que supone no deflactar las tarifas del IRPF para eliminar el efecto de la inflación sobre la progresividad. A este respecto, el dato del Banco de España es brutal: del total aumento de la recaudación tributaria por IRPF, 11.000 millones proceden de no haber deflactado la tarifa. Tremendo dato.

El gasto público sigue disparado

Que la Deuda esté creciendo a un ritmo de 12.700 millones al mes, en un contexto de buena recaudación fiscal, sólo quiere decir una cosa: el Gobierno está gastando disparatadamente. 

Obviamente, el tremendo crecimiento de la Deuda Pública va en paralelo con la debilidad en la lucha contra el déficit. En 2023 el déficit fue de un 3,66% del PIB, es decir, 54.000 millones. Para digerir esta cifra, digamos que casi equivale al gasto público en Educación (en 2022 ese gasto fue 63.000 millones).

El Gobierno aspira a terminar este año 2024 con un déficit del 3%. Veremos. 

¿Cuánto nos va a costar esta deuda en intereses?

El primer inconveniente que plantea una Deuda tan descomunal como la española es la de asumir el pago de los intereses. Este coste puede llegar a ser un gravísimo problema. Y más teniendo en cuenta que el pago de los intereses tiene total prioridad frente a cualquier otro gasto (como pensiones o sueldos de funcionarios).

En 2022 tuvimos que pagar 31.600 millones (un 2,3% del PIB) por intereses de la Deuda Pública. En 2023 esa cifra ha sido 35.000 millones (un 2,4%). Pero esta partida seguirá subiendo a medida que se amorticen emisiones antiguas, que están a tipos de interés inferiores a los actuales.

Actualmente, el tipo de interés que se paga por las Letras del Tesoro (a 3, 6, 12, ó 18 meses) está entre el 3,58% y el 3,40%. El tipo de interés de los Bonos a 3 ó 5 años está entre el 2,96% y el 2,88%. Y el de las Obligaciones a 10, 15, 30 ó 50 años está entre el 3,10% y el 3,86%.

Podemos computar un tipo medio del 3,25%. Supongamos que a medio plazo estos tipos se mantienen (lo cual es probable). Supongamos que la Deuda crece a un ritmo moderado como un 1% (lo cual es mucho suponer). Bajo esos supuestos, en 2026, una vez que venzan las emisiones antiguas, el coste por intereses ascendería a 53.000 millones. La AIReF ha calculado 48.000 millones para ese año 2026. En todo caso es una cantidad desorbitada que puede obligar a recortar otras partidas.

Esto se agrava en una situación de gran incertidumbre geopolítica como la actual que obliga, entre otras cosas, a aumentar sustancialmente el presupuesto de Defensa.

¿Bajarán los tipos de interés?

Es posible que, en su reunión del 6 de junio, el Banco Central Europeo decida bajar los tipos de interés. En todo caso, será una reducción poco significativa (quizá pasen del 4,50 al 4,25%) pues las tensiones inflacionistas no han desaparecido. Todo lo contrario: en España hemos pasado de un IPC interanual del 3,3% en abril al 3,6% en mayo. Mal dato. En la Eurozona han pasado del 2,4% al 2,6%.

¿Cuándo vamos a devolver todo lo que debemos?

Es prácticamente imposible rebajar los 1,613 billones de Deuda. Iremos devolviendo las emisiones a medida que venzan, a base de realizar nuevas emisiones. A lo más que podemos aspirar es a rebajar el porcentaje de Deuda sobre PIB. Ésta es la forma en que el Gobierno mide la Deuda; huye  de las cifras absolutas. Actualmente ese porcentaje es el 107,7% del PIB. Bruselas nos impone dejarlo en el 60%.

¿Cómo se consigue eso? Veamos una simulación. Supongamos un crecimiento anual nominal (real + inflación) del PIB del 4%. Supongamos un déficit anual constante del 1% (no lo verán nuestros ojos). En ese escenario, nuestra Deuda sería el 60% del PIB en el año 2046. Sin comentarios.

Pero la realidad será mucho peor.

¿Qué se puede hacer?

El altísimo volumen de nuestra Deuda Pública y el creciente coste por intereses a pagar constituyen un peligro mayúsculo. Es imprescindible reducir ese peligro. Y la única manera de conseguirlo es creciendo más y reduciendo el déficit. Crecer significa crear mucho empleo (a ser posible mejor remunerado que el que se está creando actualmente). Y ello exige que el Gobierno ofrezca un clima de estabilidad, confianza y seguridad para empresarios e inversores. Reducir el déficit significa gastar menos y gastar mejor. Y apretarse el cinturón de vez en cuando.

Parece obvio que a nuestro Gobierno de coalición progresista le cuesta cumplir estos requisitos.

Jesús Santidrian
Jesús Santidrian
Inspector de hacienda jubilado

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