Barcelona amanece con un nuevo tiroteo. Un empleado de un bar fue herido por una pistola el viernes por la noche tras enzarzarse en una discusión con un cliente. Su vida no corre peligro. El incidente, sin embargo, se suma a la vasta lista de incidentes violentos que, entre armas de fuego y armas blancas acumula solo en la ciudad una decena de sucesos.
El primer episodio se produjo el 15 de julio, en la calle Consell de Cent, cuando un hombre fue asesinado a tiros en plena vía pública. Apenas unos días después, el 12 de julio, otro individuo resultó herido en la pierna en un bar del Eixample. El mes se cerró con un nuevo incidente: el 28 de julio se escucharon disparos en la calle Sicília, también en el Eixample, aunque en esta ocasión no hubo víctimas.
El 2 de agosto, un tiroteo en un bar de la calle Comte d’Urgell dejó a un hombre herido de gravedad, en un caso que fuentes policiales relacionan con grupos criminales del Este de Europa. Esa misma noche, otro ataque con arma de fuego volvió a sembrar el pánico en la zona. Al día siguiente, el 3 de agosto, un nuevo herido de bala en la calle Urgell confirmaba la tendencia: tres tiroteos en apenas 48 horas en el mismo distrito.
La espiral de violencia no terminó ahí. El 11 de agosto, en la Zona Franca, se produjo un enfrentamiento entre dos grupos que terminó con un herido y cinco detenidos tras una persecución policial. Finalmente, el último episodio registrado tuvo lugar ayer en Sant Martí.
En total, siete tiroteos en seis semanas. Las autoridades insisten en que se trata de episodios aislados, a menudo vinculados a disputas personales o a conflictos entre grupos criminales, pero la reiteración muestra un patrón de violencia. Catalunya vive sumida en un preocupante repunte de la criminalidad, que ha tomado especial fuerza a lo largo de 2025.