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Pobrecita UE

Pobrecita UE
Donald Trump celebrando sus primeros 100 días de mandato en Warren, Michigan.

Hace un par de semanas expuse en un artículo publicado en este diario (“¿Quién es el rey del juego sucio?”) el execrable comportamiento del actual presidente de Estados Unidos cuya sola presencia al frente del poder ejecutivo hace perder la escasa fe que nos quedaba a los defensores de la democracia, entendida como un conjunto de instituciones donde prevalece la división de poderes y todas ellas están sometidas al imperio de la ley, un sueño alumbrado tras la II Guerra Mundial que parece haber ido perdiendo vigor con el paso de los años al tiempo que las élites dirigentes retorcían torticeramente o incluso ignoraban abiertamente las reglas del juego. Buena prueba de ello es que a nadie parece ya importarle que el actual presidente de Estados Unidos Estados fuera encontrado culpable de 34 delitos relacionados con los pagos realizados por sus empresas a una prostituta para callarle la boca. Pero si grave resulta tener a un felón al frente de uno de los países más poderosos del mundo, mucho más grave resulta que el personaje animara a sus seguidores a asaltar el Capitolio para impedir la contabilización de los votos electorales el 6 de enero de 2021 y retener la presidencia por la fuerza tras haber perdido las elecciones presidenciales celebradas el 3 de noviembre de 2020.

Ándense con mucho cuidado

Algo está cada día más claro: el felón ha regresado a la Casa Blanca rodeado por un equipo compacto de aduladores profesionales y con la clara intención de hacérselo pagar muy caro a cualquier persona que osó hacerle frente durante su anterior etapa como presidente, investigó sus actuaciones delictivas, intentó descarrilar su última campaña electoral o tenga el atrevimiento de mostrar la más ligera discrepancia con sus ambiciones y propuestas, por disparatadas e incongruentes que éstas sean, en esta su nueva etapa al frente de la presidencia. No importa si se trata de senadores, congresistas, jueces, gobernadores, empresarios, periodistas, presidentes de otros países, altos representantes de las instituciones europeas, etc., la triste realidad es que cualquier persona que cuestione la constitucionalidad de algunas de sus órdenes ejecutivas u ose exponer las falsedades que pone en circulación cada día desde el recargado Despacho Oval, convertido en una suerte de camarote de los hermanos Marx, se expone a ser destituido inmediatamente o a ser objeto de sus groseras descalificaciones personales, medias verdades y patrañas completas. 

Algunos de los mejores ‘amigos’ del presidente han sufrido en carne propia su abandono en cuanto la gran amistad que los unía se convirtió en un lastre, bien porque como en el caso de Jeff Epstein, encontrado colgado en una celda en un correccional de Nueva York mientras esperaba juicio el 10 de agosto de 2019, era un hombre que sabía demasiado por haber compartido con él su turbio pasado durante 15 años, bien como en el caso de Elon Musk porque tras haber contribuido con 288 millones de dólares a su campaña electoral su liberalismo infantil no cuadraba con los planes de la mayoría de sus secretarios de Estado ni del propio Trump, empecinado en utilizar los aranceles ‘recíprocos’ como arma arrojadiza urbi et orbe, tanto contra sus socios como contra sus adversarios. Además de estos casos tan notorios y las decenas de miles de empleados públicos despedidos sin motivo justificado, la purga de altos funcionarios comenzó el mismo día en que juró en vano defender la Constitución en el Capitolio y no ha parado de engrosarse desde entonces, afectando incluso a la Agencia de Seguridad Nacional, al Pentágono y la OTAN

Como en los regímenes personalistas totalitarios, el patrón de comportamiento general podría resumirse en una frase muy cinematográfica, “sí, bwana”, porque sólo siguiéndole la corriente y evitando discrepar del líder, diga lo que diga, están sus colaboradores libres de sospecha y a salvo de sus iracundas descalificaciones. Con Trump, ni siquiera el presidente de la Reserva Federal, el director del Bureau of Labor Economics (BLE), o los representantes de instituciones universalmente respetadas, como el presidente de la Universidad de Harvard han escapado a la alargada mano del inquisidor general. A Powell no le perdona haberse resistido a bajar los tipos de interés. como viene exigiéndole incluso antes de tomar posesión del cargo, y le ha amenazado recientemente con ponerle una demanda judicial millonaria a cuenta de unos sobrecostes en las obras realizadas en la sede de la Fed. McEntarfer es rea de haber publicado un informe rutinario del BLE donde se aprecia cierto enfriamiento en el mercado laboral y Trump la ha acusado de amañar las cifras “para dejar en mal lugar a los republicanos y a ÉL” (“ME”, en el texto original). Por último, a Garber le acusa de prácticas antisemitas y ha congelado 2.000 millones de becas federales concedidas a la Universidad para intentar doblegar a la institución académica. Gracias, a todos ellos, por resistirse al chantaje del mayor tergiversador de la realidad y fabricante de noticias falsas que ha pisado la Casa Blanca.

Sumisión innecesaria

El principal error que la mayoría de los líderes Occidentales, comenzando por la desangelada presidenta de la Comisión Europea y siguiendo por el presidente de Japón y el primer ministro del Reino Unido, han cometido es tragarse todos los sapos que el jefe del nuevo desorden mundial les ha puesto en el plato, en lugar de plantarle cara y aprovechar la oportunidad que les brindaba su arbitraria exigencia de sumisión incondicional para instaurar un nuevo orden mundial, libre de la tutela del ‘amigo americano’. La frase atribuida a Kissinger de que “ser un enemigo de América puede ser peligroso, pero ser amigo resulta fatal” describe perfectamente la situación en la que se encuentra una UE inarticulada, acomplejada y sumisa que ha renunciado a jugar el papel que le corresponde por población y potencial económico en Europa y el mundo. Von der Leyen y su equipo de comisarios han aceptado la imposición de un arancel básico de 15 % a todos los productos europeos y tarifas bastante más elevadas en el caso de los automóviles (27,5 %) y aluminio y el acero (50 %), al tiempo que han acabado aceptando eliminar los aranceles de la UE a los productos industriales estadounidenses para rebajar ligeramente los aranceles a los automóviles europeos.

No contentos con ello, se comprometen a realizar compras millonarias de productos energéticos y armas para impulsar la extracción de productos fósiles y el complejo armamentístico en Estados Unidos y a realizar inversiones por valor de 600.000 millones, como si las empresas europeas no necesitarán esas inversiones para aumentar su competitividad. Mientras Estados Unidos se hace con los derechos para explotar conjuntamente minerales y tierras raras y otros recursos naturales en Ucrania, la UE está asumiendo la factura de prolongare la guerra unos meses más, y acabará por asumir los enormes costes de  reconstruir un país devastado por los desastres ocasionados por la guerra. No se espanten si Trump acaba por imponer a la UE un canon astronómico para cubrir los gastos de sus bases militares en Europa, con un margen de beneficio del 50 %, o retoma su plan de hacerse con Groenlandia, mediante compra o invasión, para explotar sus recursos. Da gusto hacer negocios con estos bobalicones, debe decirse un Trump muy satisfecho por los resultados obtenidos con su chantaje hasta ahora. Lo más grave de todo es que la Comisión presente lo que a todas luces constituye una rendición incondicional como un gran logro que ha evitado la guerra comercial, despejado la incertidumbre y “restablecido la estabilidad y la predictibilidad para los ciudadanos y las empresas a los dos lados del Atlántico”. 

Una oportunidad perdida

La UE, al igual que otros países como Japón, han perdido una excelente oportunidad para definir una política de seguridad y defensa propias y afianzar su papel en un nuevo orden mundial donde China, India y Rusia están llamados, por población, recursos y potencial económico, a desempeñar un papel principal. Rusia ya ha dejado claro que, pese al alto coste humano y económico, no negociará el final de la guerra en Ucrania a menos que se le ofrezcan garantías de seguridad más sólidas que las prometidas a finales de los años 80 y comienzos de los años 90 por los líderes Occidentales. La República Popular China respondió a los aranceles de Trump con más aranceles y estableciendo limitaciones a sus exportaciones de minerales y tierras raras que amenazaban con paralizar la industria estadounidense. Sufrirán porque estar en la lista de enemigos de Estados Unidos es peligroso, pero su papel en el nuevo orden mundial quedará reforzado mientras que el de la UE lleva camino de quedar desdibujado y empequeñecido por la tutela del ‘amigo americano’. 
P.D. Un Tribunal de Apelación de los Estados Unidos acaba de confirmar un auto previo que declaraba la mayoría de tarifas aprobadas por la Administración Trump no son legales por inconstitucionales. La decisión final la adoptará la Corte Suprema.

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