Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, han sido detenidos esta madrugada durante una operación militaren Venezuela. Explosiones en Caracas y otras zonas, junto con ataques a instalaciones militares, han precedido la captura, que ha culminado con su traslado fuera del país.
Este desenlace llega tras meses de escalada: sanciones, bloqueos navales y ataques contra objetivos vinculados al narcotráfico. Ayer mismo, Maduro expresó en una entrevista su disposición a dialogar «seriamente» con la administración Trump sobre narcotráfico, petróleo y migración, ofreciendo incluso cooperación en intercambio por alivio de presiones.
La coincidencia temporal alimenta especulaciones sobre un posible pacto subyacente. ¿Podría Maduro haber negociado garantías -como protección, un juicio favorable o información sobre su círculo- a cambio de una rendición que evitara un destino peor, dada su dependencia de aliados externos y las amenazas internas? Rumores en redes y cadenas virales amplifican esta idea, sugiriendo una «captura negociada» bajo presión extrema.
Los reportes oficiales enfatizan el carácter unilateral y militar de la operación: ataques aéreos, intervención de fuerzas especiales y ejecución de una orden de arresto por cargos de narcoterrorismo. No hay confirmaciones de acuerdos previos, y el gobierno venezolano denuncia una agresión imperialista, exigiendo «pruebas de vida» sobre Nicolás Maduro.
Trump ha programado una rueda de prensa en Mar-a-Lago para detallar la operación, que podría aclarar si hubo contactos indirectos -como los reportados en diciembre de 2025- o si fue ha sido una victoria puramente coercitiva.





