La caída de Nicolás Maduro no garantiza por sí sola la llegada de la democracia a Venezuela. El verdadero peligro es sustituir al dictador sin desmontar el régimen.
Las informaciones que señalan a Delcy Rodríguez como posible gestora del proceso son alarmantes. No es una figura de transición: es parte esencial del sistema represivo.
No se puede construir libertad pactando con quienes la han destruido. No es pragmatismo, es complicidad.
Una transición real exige un gobierno provisional sin figuras del régimen, con un mandato limitado y un único objetivo: elecciones libres, limpias y verificables.
Cualquier otra fórmula será un fraude político que condenará a Venezuela a repetir sus errores.





