El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha sorprendido este viernes al país al anunciar en su red social, Truth, su propuesta para que, a partir del próximo día 20 de enero, se fije «un límite anual del 10 % para las tasas de interés de las tarjetas de crédito«. «Ya no permitiremos que el público estadounidense sea estafado por compañías de tarjetas de crédito que cobran tasas de interés del 20 al 30 %, e incluso más», ha asegurado el presidente, «las cuales se agravaron sin obstáculos durante la administración de Sleepy Joe Biden».

En el mismo mensaje, Trump ha recordado que la fecha del 20 de enero no es casual pues «coincide con el primer aniversario de la histórica y exitosa administración» que él mismo preside.
Propuesta de Sanders
El anuncio ha sido recibido de manera desigual. El senador demócrata Bernie Sanders, que el pasado mes de febrero presentó un proyecto de ley con una propuesta similar y que estaría activa hasta 2031, ha recordado que Trump ya anunció esta medida tiempo atrás. Sin embargo, ha añadido, «desreguló a los grandes bancos que cobraban hasta un 30% de interés en las tarjetas de crédito» lo que tuvo como resultado que «el director ejecutivo de JPMorgan, Jamie Dimon, ganara 770 millones de dólares».
¿Un error?
Tampoco ha gustado al multimillonario Bill Ackman, CEO de Pershing Square, que ha calificado el anuncio de Trump como «un error». Ackman ha advertido que la medida puede tener como consecuencia que «los prestamistas de tarjetas de crédito cancelarán las tarjetas de millones de consumidores, quienes tendrán que recurrir a prestamistas usureros para obtener créditos con tasas más altas y en condiciones inferiores a las que pagaban antes».
Los bancos seguirían siendo rentables
Algunos estudios calculan que la deuda media de los norteamericanos con tarjetas de crédito ronda los 7.000 dólares. 1,21 millones en el total del país. La tasa de interés habitual es del 21%. Brian Shearer, ex subdirector de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, llevó a cabo un análisis de la propuesta que ya fue planteada por Trump durante la última campaña electoral y llegó a la conclusión de que era viable. Según este estudio, recogido en su día por diferentes medios norteamericanos, la medida propuesta por Trump podría suponer un ahorro para los estadounidenses de más de 100.000 millones de dólares anuales, sin que los bancos emisores de las tarjetas dejaran de ser rentables.




