Si el clima tiene sentido del humor, en Cataluña practica el sarcasmo. Tras tres años de titulares agónicos sobre la peor sequía del siglo, el guion ha dado un giro de 180 grados esta mañana. La Agència Catalana de l’Aigua (ACA) ha activado el protocolo de desembalse preventivo en los pantanos del sistema Ter-Llobregat, que han superado la barrera psicológica y técnica del 90% de su capacidad, una cifra que parecía ciencia ficción hace apenas doce meses, cuando las reservas languidecían por debajo del 16%.
A las 08:00 horas, las sirenas han sonado en la presa de Susqueda y en La Baells para anunciar la apertura parcial de compuertas. No es un simulacro, sino una necesidad física: hay que «hacer hueco». Los técnicos buscan liberar caudal de forma controlada para ganar un resguardo de seguridad ante la previsión de nuevas lluvias y el deshielo que promete la nieve acumulada en el Pirineo oriental.
Del desierto al ‘overbooking’ hídrico
Los datos ilustran una recuperación vertiginosa que desafía cualquier planificación a largo plazo. En enero de 2024, el embalse de Sau estaba al 4% de su capacidad, convertido en un símbolo visual de la catástrofe climática, con su icónica iglesia actuando casi como reloj de sol en tierra firme. Hoy, Sau marca un 88% y transfiere agua a toda velocidad hacia Susqueda para evitar que la lámina de agua supere la cota de seguridad.
La situación es idéntica en el pantano de Darnius Boadella, en el Alt Empordà. La misma comarca que vivió con restricciones severas al riego agrícola y al consumo doméstico hasta bien entrado 2025, ve hoy cómo su principal reserva roza el 93%. «Hemos pasado de mirar al cielo suplicando agua a mirar al río rezando para que no se salga», comentaba esta mañana un técnico de la comunidad de regantes, resumiendo el sentir general de un territorio que no parece encontrar el punto medio.
Gestión de la abundancia (y sus riesgos)
Protección Civil ha emitido un aviso de precaución para los municipios situados aguas abajo de las presas. El caudal del río Ter a su paso por Girona y Torroella de Montgrí aumentará significativamente en las próximas 48 horas. Se ha recomendado a los ayuntamientos cerrar los accesos a los puntos bajos y vados inundables, una medida habitual en episodios de DANA, pero paradójica en un día de sol radiante donde el «peligro» viene de la abundancia almacenada.
La Generalitat insiste en que la gestión de este episodio es «técnica y controlada», pero la realidad a pie de calle es que la «cultura del ahorro» impuesta a golpe de decreto choca ahora con la imagen de miles de litros vertidos al cauce para acabar en el mar. Las desalinizadoras del Prat y Tordera, que han estado funcionando al 100% de su rendimiento durante 36 meses ininterrumpidos como soporte vital del sistema, han recibido por fin la orden de reducir su producción al mínimo técnico.
Cataluña cierra así, al menos temporalmente, el capítulo de la sed para abrir el de la saturación. La naturaleza ha demostrado que, en el Mediterráneo, la única constante es el exceso: o nos falta todo, o nos sobra todo. Hoy, por suerte o por gestión, toca mojarse.





