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Trump en el Foro de Davos: la globalización cambia de rumbo

El regreso de Trump al Foro de Davos marca el fin del colonialismo ideológico de la Agenda 2030. Entre amenazas de aranceles y la ambición por Groenlandia, el 'America First' choca con una élite globalista mientras China consolida su dominio silencioso en el Ártico y el Mar del Sur

Donald Trump en su intervención en el Foro de Davos 2026.
Donald Trump en Davos 2026 ha dejado claro que el tablero de juego internacional ha cambiado.

La intervención del presidente Trump en el Foro de Davos ha logrado, como se esperaba, convertirse en el foco de atención mediática. Los líderes de esa reunión, calificados como «globalistas», llevan años diseñando cómo debe ser el mundo, sin ningún tipo de obstáculo, con una agenda ideológica que marca la orientación de la política, la economía y la sociedad. La Administración norteamericana era uno de sus principales impulsores. La paradoja es que, desde la pasada semana, se han encontrado con un nuevo rumbo que muestra que no todo en la globalización es como esa élite desea.

El interés prima y ahora ese proceso global se llama America First. El discurso de que la mayor amenaza de la humanidad es el cambio climático y que la solución a todos los males está en una política financiera acompañada de las siglas «ESG» o Agenda 2030, se encuentra hoy en una encrucijada. De todas formas, conviene ver la realidad geopolítica más profunda, yendo más allá del entretenimiento.

Conviene ver la realidad geopolítica más profunda, yendo más allá del entretenimiento

Las amenazas del presidente de Estados Unidos empiezan a encontrar entre sus aliados un tono de rechazo, especialmente por parte del primer ministro de Canadá, Mark Carney, actual líder del Partido Liberal y que gobierna en minoría. Afirmar que la OTAN es un obstáculo a las pretensiones expuestas por Trump es un absurdo. La Alianza Atlántica fue, es y será obra de Washington, y su jefe es un ejecutivo a su servicio que hoy se llama Mark Rutte y que hace lo que buenamente puede.

Francia tiene también su propia agenda y sabe que está muy limitada. Por eso Macron fue ridiculizado en un tono desagradable pero apropiado para que todos entiendan quién manda. Las medidas que pueda anunciar la Unión Europea quedaron patentes con la apresurada retirada de las Fuerzas Armadas alemanas enviadas a mejorar la seguridad de Groenlandia. La política económica del euro es Alemania y con la negociación de los aranceles en marcha, mejor no jugar.

La intervención de Carney fue apropiada porque advirtió de que evitar los problemas en nombre del apaciguamiento no sirve de nada, y menos en un mundo donde los más fuertes están tratando de imponerse según sus propios parámetros. ¿Pero no fue en Canadá donde se prohibió con penas de cárcel -y en nombre de la seguridad nacional- al movimiento Freedom Convoy que paralizó el país por una normativa que hoy se sabe fue autoritaria e injusta? Sigamos allí, porque el deshielo del Ártico está calentando la región en términos geoestratégicos. Canadá se centra en la extracción de petróleo y control de la ruta del Noroeste, Rusia en la extracción de recursos, militarización de la zona y control de la ruta del Norte, y China en intentar acceder al ártico a través de Rusia y enmascarando sus actividades como de investigación y económicas.

Emmanuel Macron fue ridiculizado en un tono desagradable pero apropiado para que todos entiendan quién manda

Una vez más, sobre el tablero de juego está la zona de influencia. De ahí que intente remilitarizar la zona e intentar que Rusia y Canadá no controlen exclusivamente las distintas rutas. El discurso de adquirir Groenlandia y que Canadá se integre como Estado no es tan disparatado, aunque el tono sea desagradable y rompa la dinámica del discurso diplomático. Son paradojas de las dinámicas de poder y de los Imperios.

Durante años se ha seguido el discurso de Davos sin ningún tipo de crítica, a pesar del cinismo de sus enfoques, que ha sido una pretensión de colonialismo ideológico. Mientras la élite empresarial mundial está reunida -y distraída-, no perdamos de vista a China. A su ritmo, va ocupando espacios que otros dejan. Groenlandia, objeto del debate hoy en día, es la isla más grande del mundo, ocupa una superficie de 2.166 millones de km² y la zona libre de hielo es de 410.000 km², unas cuatro veces Alemania. El Mar del Sur de China, epicentro de Asia-Pacífico, ocupa una superficie de 3,5 millones km², es zona estratégica, no está en los titulares y, de facto, ya se lo ha quedado Pekín.

Gabriel Cortina
Gabriel Cortina
Diplomado en Altos Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) y en Curso de Operaciones (Escuela de Guerra del Ejército). Colabora con publicaciones especializadas seguridad y relaciones internacionales, y participa en iniciativas y grupos de trabajo de la comunidad estratégica española. Es director de «Artículo 30», un think-tank orientado a la difusión de la cultura de defensa.

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