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El independentismo catalán en mínimos históricos

El independentismo catalán atraviesa su momento de menor apoyo en más de una década. El último sondeo del Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) dibuja un cambio de ciclo claro: la opción de que Catalunya se convierta en un Estado independiente ya no es mayoritaria ni hegemónica en el imaginario colectivo y queda superada con claridad por fórmulas intermedias o autonomistas.

Según la encuesta, solo un 32% de los catalanes defiende hoy la independencia como modelo político preferente. En cambio, la suma de quienes optan por seguir dentro de España —ya sea como comunidad autónoma, en un modelo federal o incluso como simple región— supera ampliamente la mitad del electorado. El bloque secesionista, que durante los años álgidos del ‘procés’ rozó o superó el 45-48% en distintos estudios, retrocede ahora a niveles que no se veían desde antes de 2012.

El desgaste también se refleja en la intención de voto. Las dos grandes formaciones históricas del independentismo, ERC y Junts per Catalunya, ya no dominan el tablero. ERC se mantiene competitiva, pero lejos de sus mejores registros, mientras Junts cae hasta cifras de un solo dígito en voto directo, empatando -a la baja- con Aliança Catalana. El liderazgo electoral, por contra, pasa a manos del PSC, que capitaliza el cansancio de una parte del electorado con el conflicto territorial permanente.

El factor generacional tampoco impulsa el soberanismo como en el pasado. Entre los votantes jóvenes crecen más las opciones de protesta o de corte identitario duro que las propuestas clásicas del ‘procés’. A ello se suma un clima general de desconfianza hacia la política institucional y una mayor preocupación por problemas cotidianos como la seguridad, el coste de la vida o la inmigración, cuestiones que desplazan la agenda nacional del centro del debate.

El resultado es un independentismo fragmentado y menos movilizador. Más que desaparecer, el movimiento se normaliza: deja de ser eje único de la política catalana y pasa a competir con otras prioridades. El ‘procés’, al menos en términos demoscópicos, ya no vertebra el país.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

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