La indignación se ha apoderado de las redes sociales ante el anuncio de Pedro Sánchez de que el Gobierno tiene previsto acabar con la libertad de expresión en estas plataformas. El presidente dio a conocer su pretensión este martes en Dubai, durante la celebración del World Government Summit. Las medidas preparadas por el Gobierno español se pondrán en marcha la próxima semana, según las palabras del presidente, y entre ellas ha levantado especial inquina la destinada a prohibir el acceso de los menores de 16 años a unas redes que Sánchez ha definido como el «salvaje oeste digital«.
Sánchez también ha explicado que el Gobierno «cambiará la legislación» para que los CEO de estas plataformas tengan responsabilidad penal por las infracciones que se cometan en las mismas. También se tipificará como delito penal la «manipulación algorítmica y la amplificación de contenidos ilegales». Y se creará un sistema para rastrear lo que el presidente ha definido como la «huella de odio y polarización«. Una herramienta que tendrá como finalidad «poder imponer sanciones».
Elon Musk se revuelve
La pretensión de censurar la libertad de expresión en redes ha generado gran indignación entre los usuarios. Pero también entre los CEO. El caso más destacado es del propietario de X, Elon Musk, que ha llamado «tirano» y «traidor» a Pedro Sánchez.
No se puede obviar que llamar «Dirty Sánchez» al socialista no tiene nada que ver con la famosa película Dirty Dancing.
¿Hacia la censura estatal de las redes?
El anuncio de Pedro Sánchez en Dubái no es solo una medida de protección a la infancia; representa un cambio de paradigma que podría transformar Internet tal como lo conocemos en España. Estas son las tres grandes grietas que abre este plan:
- El dilema de la libertad de expresión: Al tipificar como delito la «manipulación algorítmica» y crear un rastreador de la «huella de odio», el Gobierno entra en un terreno pantanoso. ¿Quién decidirá qué es «polarización» y qué es «crítica política»? El riesgo de que estas herramientas se utilicen para silenciar voces disidentes bajo el paraguas de la «convivencia» es la principal preocupación de expertos y usuarios.
- Inseguridad jurídica para las empresas: Exigir responsabilidad penal directa a los CEO (como Elon Musk o Mark Zuckerberg) por contenidos de terceros es un movimiento sin precedentes en la UE. Esto podría empujar a las plataformas a implementar filtros de censura previa extremadamente agresivos para evitar la cárcel, eliminando contenido legítimo por «exceso de celo».
- El fin del anonimato y la privacidad: La prohibición efectiva a menores de 16 años y el rastreo de la «huella de odio» implican, necesariamente, sistemas de identificación digital mucho más invasivos. Para que el Estado sepa quién tiene menos de 16 años o quién «polariza», todos los usuarios deberán estar perfectamente identificados, acabando con el último reducto de libertad anónima en la red.
Un pulso global
La respuesta de Elon Musk tildando a Sánchez de «tirano» no es solo un exabrupto en X. Es el inicio de un choque de trenes entre los Estados que buscan recuperar la soberanía sobre el discurso público y las grandes tecnológicas que defienden una red desregulada. España se convierte así en el laboratorio de una batalla legal y social cuyo resultado definirá si el futuro digital será un espacio de libertad o un entorno tutelado por el poder político.





