Lo que el Gobierno presentó como una medida de integración, ha provocado, de momento, un efecto inmediato: colas, confusión y presión sobre ventanillas que no son las que tramitarán la regularización. Varias administraciones locales y sedes consulares están registrando aglomeraciones de personas que buscan información o documentación previa ante la regularización extraordinaria anunciada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez. En muchos casos, el objetivo no es iniciar un expediente —todavía no puede hacerse— sino adelantarse en lo posible: preguntar por requisitos, ordenar papeles y conseguir certificados para no quedarse fuera cuando el proceso se abra oficialmente.
🔴 Continúan las largas colas en el consulado de Argelia, en Alicante, por el proceso de regularización
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Conviene subrayar el matiz clave que el Gobierno ha repetido estos días: aún no está abierto el plazo de solicitudes. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha pedido calma y recuerda que el texto está en fase de audiencia pública y que el periodo para presentar peticiones empezaría “en el plazo de alrededor de dos meses”. Esa distancia entre el anuncio político y la ventanilla real —sumada a la incertidumbre— explica por qué se están formando colas ahora: se activa la expectativa, pero la administración todavía no ofrece un circuito claro y centralizado para resolver dudas sin saturar oficinas.
Un consulado pakistaní en España tras el anuncio de que van a regalarle ciudadanía a medio millón.
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Esta gente va a votar, va a tener todos los beneficios del Estado de Bienestar y va a circular libremente por Europa.
¿Cómo se revierte esto? pic.twitter.com/k4LXwuhQqz
La presión se traslada a padrones y consulados
La presión también se ha desplazado a los consulados, por un motivo práctico: muchas personas intentan reunir documentación del país de origen (por ejemplo, certificados) antes de que se abra el plazo. En Alicante, el Consulado de Argelia ha registrado aglomeraciones de personas buscando citas y trámites, con presencia policial para ordenar la situación. Y en Barcelona se han descrito largas colas en el Consulado de Pakistán para obtener certificados de antecedentes penales. El patrón es el mismo: el proceso todavía no arranca, pero la demanda de papeles y orientación se dispara.
Largas colas en el consulado de Argelia para iniciar el proceso de regularización
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Riesgo de estafas y el reto de la gestión
Este escenario —expectativas altas, falta de detalles cerrados y ventanillas saturadas— abre la puerta al efecto colateral más peligroso: intermediarios y posibles estafas. En Valencia ya se han recogido testimonios sobre cobros y ofertas para “regularizar” a cambio de dinero, pese a que el procedimiento todavía no puede iniciarse formalmente. Cuando la administración no logra dar información clara y rápida por canales oficiales, el vacío lo ocupan quienes intentan hacer negocio con la incertidumbre.
El problema de fondo, por tanto, no es solo migratorio: es de gestión y coordinación. Si el Gobierno quiere que la regularización no se traduzca en meses de colas y desinformación, necesita un plan operativo claro: circuitos de atención, recursos extra donde haga falta, mensajes unificados y un calendario que evite que cada ayuntamiento o consulado se convierta en una ventanilla improvisada. De lo contrario, lo que pretendía ser una medida ordenada corre el riesgo de convertirse en un cuello de botella prolongado con impacto real sobre los servicios públicos y la convivencia cotidiana.




