Probablemente la figura más controvertida del panorama político español sea el eurodiputado Alvise Pérez. Mañana se la juega en Aragón. Se la juega porqué el gran reto del agitador Alvise es transformar su marca personal en un partido. La deserción de los dos eurodiputados elegidos en su lista europea lo demuestra.
No lo tiene fácil. El vacío de los medios ha sido absoluto. Hasta el extremo que en muchas encuestas ni aparecía su formación Se Acabo la Fiesta (SALF).
Por eso escribo este artículo. No le tengo especial simpatía, ni la menor intención de votarle. Nunca me han gustado los telepredicadores, además de discrepar de parte de sus propuestas. Pero me parece un fenómeno lo suficientemente relevante como para informar sobre él.
La fuerza de Alvise nace de su amplia comunidad de seguidores en redes. 1.350.000 en Instagram, más de 600.000 en Telegram, 350.000 en Facebook o 140.000 en X. Esto le permite dirigirse directamente a sus bases aunque los medios lo ignoren sistemáticamente. La presencia de ciudadanos en sus actos ha sido notable. Su estrategia de repartir papeletas personalmente, iniciada en las Europeas, se ha mostrado eficaz.
Alvise ha conseguido ser odiado y temido por sus competidores de la derecha, tanto Vox como el PP, lo cual es lógico porque es un rival que les quita votos. Pero también por el PSOE, que podría tener la tentación de alimentarlo para debilitar a sus rivales de la derecha. Dividir el voto es una táctica universal. De ahí su exclusión de los medios. Sólo este viernes veo una pieza informativa The Objective claramente favorable a Alvise que parece obedecer a la preocupación del PP por la fortaleza de VOX y su posible interés en que Alvise logre un escaño que permita a Azcón menos dependencia de VOX.
Cual es la razón de tanta unanimidad? A mi entender sus denuncias de los privilegios de la clase política y sus denuncias ad personam de los casos de presunta corrupción, que el mismo destapa con su red de informantes, las ardillas, que, muy probablemente, al menos en algunos casos sean miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. En este sentido ha tenido indudables éxitos, por ejemplo en tema Ábalos, y las querellas contra él han sido generalmente archivadas, con excepciones relevantes como la demanda pendiente en el Supremo por la difusión de una prueba, denunciada como falsa, de un PCR atribuido a Salvador Illa.
Los partidos, por muy rivales que sean, raramente son los que levantan los grandes casos de corrupción de sus rivales. Normalmente son peleas internas. Los rivales se atacan cuando el caso ya esta en los medios, pero, insisto, raramente son los que denuncian las tramas de corrupción, por acuerdo tácito y porque la labor de investigación es una labor que no realizan los partidos. Alvise rompe esta cierta omertà y por eso es especialmente peligroso.
Declarado admirador de Bukele su campaña se ha centrado en denunciar la inmigración, defender a agricultores y ganaderos, y pedir mano dura contra la delincuencia. Nada muy distinto a VOX. Además de su rasgo más propio: su crítica a la clase política y su activismo en las denuncias de presunta corrupción. Se declara animalista y no es beligerante en la confrontación cultural con el wokismo, salvo por el tema multiculturalismo.
Para Alvise conseguir un escaño depende en buena parte de una baja participación. En las Europeas consiguió entorno a un 5% en Zaragoza con un 52% de participación. Teniendo en cuenta que con un 3% se obtiene un escaño en estas autonómicas en Zaragoza, en Teruel y Huesca el umbral es más alto, no es descabellado pensar que lo puede lograr, aunque un sólo sondeo le da opciones.
De lograr este escaño afrontaría las elecciones de Castillas-León y Andalucía con renovadas energías. DE lo contrario es probable que el fenómeno Alvise se vaya apagando por cuanto su crecimiento en redes da señales de agotamiento y necesita un salto adelante con presencia en medios.





