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Escarnio masivo a Rufián por «oportunismo»

Escarnio masivo a Rufián por
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián.

El anuncio de Gabriel Rufián, diputado de ERC e indispensable «portavoz socialista», de iniciar una gira de actos públicos a partir del 18 de febrero para explorar una candidatura unitaria a la izquierda del PSOE ha desatado una oleada de críticas feroces en redes sociales y foros. Su «movimiento estratégico» para reunificar un espacio fragmentado se ha convertido en un blanco de escarnio masivo, donde el término «oportunista» resuena como el principal reproche. Este sentir generalizado no surge de la nada, sino de una percepción acumulada sobre la trayectoria del político; un camaleón ideológico «más interesado en su proyección personal que en la coherencia».

El núcleo del malestar radica en la imagen de Rufián como un «trepa» político. Críticos de todos los espectros lo acusan de haber mutado de independentista radical –recordando sus inicios– a un figura cada vez más cómoda -y acomodada- en el ecosistema madrileño. Esta evolución se interpreta como una «traición» al independentismo catalán, especialmente en un momento en que ERC enfrenta un declive electoral y Cataluña lidia con tensiones internas. Para los puristas del soberanismo, Rufián representa a alguien que «prefiere los focos de Madrid a las calles de Barcelona», priorizando alianzas estatales sobre la causa catalana. Esta narrativa se amplifica en entornos digitales, donde se le pinta como un oportunista que salta de barco en barco para no hundirse, aprovechando la debilidad de espacios como Sumar o Podemos para posicionarse como líder alternativo.

Desde la propia izquierda, las reacciones no son menos duras. Muchos ven en esta iniciativa no un gesto de unidad, sino un catalizador de división. Se argumenta que Rufián, con su estilo mediático y confrontacional –famoso por intervenciones virales en el Congreso–, carece de experiencia en gestión real y se limita a un «showman» sin propuestas concretas. Críticos internos lo señalan como parte del problema de egos que ha fragmentado la izquierda en los últimos años: «¿Cómo va a unir quien ha contribuido a dividir su propio partido?», se pregunta el sentir colectivo. La exclusiva en medios como La Sexta se percibe como una operación orquestada, alimentando sospechas de que es un movimiento cosmético para tapar el agotamiento de opciones como Yolanda Díaz o Ione Belarra, en lugar de una propuesta orgánica desde las bases.

La derecha aprovecha el revuelo para intensificar el escarnio, claro, retratando a Rufián como un «parásito» del sistema que intenta revivir un «frente popular» fallido, compuesto por elementos dispares que, según ellos, solo generarán más caos. Memes y comentarios satíricos proliferan, ridiculizando su aspecto y trayectoria como símbolos de una izquierda «desesperada» por no desaparecer.

María Riera
María Riera
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM.

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