La tregua ferroviaria en Catalunya ha durado lo que tarda en actualizarse una pantalla de salidas: poco y mal. El lunes por la tarde, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible anunció un acuerdo con los sindicatos mayoritarios —SEMAF, CCOO y UGT— que desactivaba la huelga prevista hasta el miércoles. Pero este martes 10 de febrero, Rodalies ha arrancado de nuevo con el mismo paisaje de siempre: incertidumbre, retrasos y supresiones.
La explicación no está en una conspiración: está en la fractura. Los sindicatos minoritarios —CGT, SF-Intersindical y ALFERRO— han mantenido los paros. Y cuando una red ya tensionada por obras, restricciones y cortes acumula además un conflicto laboral sin cierre total, el resultado es mecánico: solo el 80% del servicio programado y “afectaciones” desde primera hora.
📢 ATENCIÓ!
— Rodalies Catalunya (@rodalies) February 10, 2026
DESCONVOCATÒRIA DE VAGA AL SECTOR FERROVIARI
➡️Previsió de recuperació dels serveis habituals avui dia 10 de febrer. Derivat de la jornada de vaga d'ahir, es poden produir alteracions a l'inici del servei.
🕛Horaris i serveis alternatius: https://t.co/VNUCXgDRoR
El acuerdo que no llega al andén
El pacto con los mayoritarios se apoya en compromisos de inversión y refuerzo de plantilla: un plan para incrementar personal y un refuerzo de mantenimiento entre 2026 y 2030, en un contexto marcado por los accidentes recientes que han puesto la seguridad ferroviaria en el centro del debate.
El problema es que el acuerdo no cerró el conflicto con todas las centrales. Y lo que en el despacho se vende como “fin de la huelga”, en el andén se traduce como “fin parcial”: suficiente para el titular, insuficiente para el usuario.
La gent es desespera, s'indignen, estem esgotats.@govern estem a les últimes, això no es pot tolerar més.
— Afectats Rodalies (@AfectRodalies) February 10, 2026
O solucioneu alguna cosa o convoqueu eleccions.
Això és insuportable necessitem algú que defensi els ciutadans de Catalunya.
Pleguin si us plau.
Tindrem una desgràcia
Servicios mínimos, máxima frustración
La Generalitat había fijado servicios mínimos del 66% en horas punta (6:00–9:30 y 17:00–20:30) y del 33% el resto del día. La teoría es tranquilizadora. La práctica, no: ese porcentaje puede repartirse de forma irregular y, con paros activos y una red tocada por incidencias, la experiencia del viajero se vuelve a parecer a una carrera de obstáculos.
En paralelo, la afectación se nota más donde Rodalies ya va al límite: líneas con tramos cortados por obras, transbordos, lanzaderas o buses alternativos. Rodalies no necesita un “cierre” para colapsar: le basta con su normalidad defectuosa, hecha de retrasos y trenes suprimidos.
El discurso de los minoritarios: “parche” y seguridad
Los sindicatos que siguen en huelga sostienen que el acuerdo es un “parche” y que no aborda los elementos estructurales del modelo ferroviario ni las garantías de seguridad que exigen tras semanas de tensión y siniestros. En un comunicado, CGT insiste en que el pacto no implica un cambio real y denuncia que vuelve a dejar fuera a parte del sector.
Por su parte, ALFERRO ha defendido en sus comunicados que “la seguridad no se negocia” y que la degradación del servicio también golpea la salud laboral.
Desconvocada la vaga a Rodalies i Renfe a partir d'avui, dimarts 10 de febrer.
— Govern de Catalunya (@govern) February 10, 2026
➡ Mantenim els serveis alternatius de transport per facilitar la mobilitat mentre es recupera el servei de @rodalies: més freqüència d'@FGC i de busos interurbans.
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El coste lo paga siempre el mismo
La lección de este martes es tan vieja como el problema: en Rodalies no existe la “normalidad” por decreto ni la paz social por rueda de prensa. Si el conflicto se cierra a medias —y la red sigue condicionada por obras y limitaciones— el coste lo paga el mismo de siempre: el pasajero, que vuelve a llegar tarde a trabajar mientras otros se reparten la victoria en los comunicados.





