“Es momento de diálogo, de generosidad, de ponernos al servicio de las mayorías sociales para unirnos”. Con esa frase, Ada Colau se ha situado como una de las voces que más claramente empuja el marco de la “unidad” que lanzó Gabriel Rufián: un “frente democrático amplio” y una llamada explícita a “superar los egos del pasado”.
La exalcaldesa justifica el paso por un contexto que define de “excepcionalidad”, marcado —según su diagnóstico— por el crecimiento de la extrema derecha en España. Y, en esa lógica, coloca en la misma órbita a Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal con referentes internacionales como Donald Trump o Javier Milei.
Ada Colau celebra el mensaje de Rufián y llama a la unidad, incluida Podemos: "Hay que superar egos y rencillas del pasado"https://t.co/5gtTnCWzgs pic.twitter.com/Z6SNWIYUzZ
— Europa Press TV (@europapress_tv) February 13, 2026
“Lo que viene…”: la política convertida en tuit
Rufián empujó el debate con un mensaje en X diseñado para ser compartido: “Lo que viene no se para con siglas, se para con pueblos”. Y, como ocurre cada vez más, el tuit no acompañó a una propuesta concreta: el formato ya era el mensaje. Ese mismo hilo sumó cientos de miles de visualizaciones y miles de comentarios, mostrando que el tema prende… aunque no necesariamente por sus soluciones.
Varias cosas:
— Gabriel Rufián (@gabrielrufian) February 9, 2026
1) Quien no vea que hay que hacer algo o no ve bien o ya le va bien que no lo haya.
2) Lo que viene no se para con siglas, se para con pueblos.
3) Los tuits, artículos o especulaciones contra mí no van hacer que PP y VOX dejen de sumar 200 diputados.
4) Creer…
Qué hay detrás: la propuesta de Rufián y por qué aparece ahora
El origen del debate es la idea de Rufián de impulsar un frente electoral común a la izquierda del PSOE, con el objetivo de sumar fuerzas ante un posible ciclo favorable al bloque de derechas y a Vox.
El momento no es casual: la discusión se calienta tras las elecciones en Aragón, donde Vox duplica votos, el PSOE sufre una caída y la Chunta Aragonesista pasa de tres a seis escaños, un ejemplo que se usa como argumento de “concentrar” representación en el espacio de la izquierda.
Los primeros “no”: el frente nace con frenos internos
La clave política —más allá del eslogan— es que la propuesta no llega a una mesa con reglas, sino que irrumpe como relato. Y, en ese mismo arranque, aparecen portazos: EH Bildu responde que la idea “no es viable”, defendiendo que Euskadi tenga voz propia en el Congreso.
También figura el rechazo de Mónica García, que pese a valorar que se “agiten debates”, no avala la fórmula.
En resumen: la unidad se invoca antes de que exista el perímetro mínimo de la unidad.
Colau entra en escena: la “generosidad” como reproche preventivo
Colau compra el marco y lo refuerza con un lenguaje que suena conciliador (“diálogo”, “generosidad”, “mayorías sociales”), pero que también funciona como aviso: si no te sumas, eres parte del problema. “Es momento… de ponernos al servicio de las mayorías sociales para unirnos”, dijo, defendiendo un “frente democrático amplio”.
El choque, en clave liberal, es evidente: se pide una adhesión emocional antes de explicar el contrato. Porque un frente electoral no es una frase inspiradora: es una lista, un programa, una estrategia territorial, una política de alianzas, una posición sobre gasto, regulación, seguridad y libertades. Si eso no existe, la unidad es solo una pancarta.
Rufian en Cataluña tiene su carrera política acabada tras su sonoro fracaso en Santa Coloms de Gramanet. El independentismo nunca lo ha tenido por uno de los suyos, al fin y al cabo para ellos no es más que un charnego oportunista que esta bien para formar parte del servicio pero…
— Francesc Moreno (@FrancescMoreno) February 8, 2026
Colau ha puesto palabras grandes —“frente democrático”, “excepcionalidad”, “no volver a las cavernas”— y ha dado munición emocional al relato. El problema es que, por ahora, el relato va por delante de los hechos: no hay arquitectura pública del frente, ni programa común, ni reglas, ni un mínimo consenso entre quienes tendrían que hacerlo posible.
Y cuando la “unidad” se formula como reproche (“superemos egos”) en vez de como contrato (objetivos verificables, mecanismos y compromisos), lo que queda es lo de siempre: una consigna que agita redes… y una política que sigue fragmentada.




